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Club Bilderberg: el que siempre marca la cancha

Por Leonardo Gasseuy

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El poder, desde que el mundo es mundo, fascina en forma colectiva, como ninguna otra atracción abstracta. La sociología teórica dice que cuando una fascinación es obsesiva, invariablemente, genera el nacimiento de un mito. El Club Bilderberg y el poder son una misma cosa:  una cofradía concreta de cruel realidad. Entendiendo que el poder, es siempre quien crea la realidad.

David Rockefeller tuvo la idea. Se comunicó con el príncipe Bernardo de Holanda y le exigió que cerrara su exclusivo Hotel Bilderberg – propiedad de la monarquía holandesa –. Los banqueros estaban preocupados, la guerra fría desabroquelaba la relación del poder americano y las monarquías europeas. Rockefeller se encargó de las  invitaciones. En ese verano de 1954 nació el Club Bildelberg, una reunión anual de ricos y poderosos, que todos los años, se reúnen 3 días en un país diferente, para analizar al mundo. Como cofundador, el príncipe Bernardo, exigió algunas condiciones acerca de los invitados. “Quiero gente especial”, dijo. Él mismo, en 1943, le escribió a Adolf Hittler solicitándole ser Fuhrer Adjunto de los Países Bajos.


En el exclusivo Hotel Bilderberg, propiedad de la monarquía holandesa, comenzaron a juntarse los más poderosos.

Los 130 miembros del Club Bildelberg (banqueros, políticos, dueños de Medios y tecnología, pensadores y laboratorios) planifican desde las sombras los destinos de la humanidad. A diferencia del Foro de Davos, no vende membresías. El poder se elabora entre pocos y se comparte entre pares. Su objetivo concreto es acabar con los Estados – Nación. Los cerebros del Club fueron adueñándose de Instituciones supra nacionales para aplastar el poder de los gobiernos soberanos, tomando por asalto la OTAN, el Banco Mundial, el FMI, la OMS, la ONU y la Unión Europea. En 1993 le preguntaron a un miembro de la Familia Rothschilds, porque había pocos jefes de estados, sonriendo, dijo:“El verdadero poder nunca pasa por los presidentes”.

Comparten su visión y ejecutan las acciones bajo el relativismo moral, propio de quienes consideran al planeta una parcela a la que es necesario ordenar, sin importar que existen vidas humanas, intereses colectivos y medio ambiente. Ellos deciden cuando empiezan y terminan las guerras, que orientación tendrán los laboratorios y como se repartirán la conquista del espacio. Viajar a las entrañas del Club Bilderberg y saber de sus hazañas, es literalmente sumergirse en la ciencia ficción.  Consideran que la humanidad es un invento que al planeta se le ha ido de las manos y se ha convertido en una plaga, y ahora ellos, deberán reparar ese desperfecto, al precio que sea.

David Rockefeller (1915 – 2017) fue uno de los impulsores del Club Bilderberg.

Cuando en mayo de 2015 los efectivos del FBI irrumpieron en el Hotel Baur au Lac de Zurich y arrestaron a siete altos dirigentes de la FIFA para extraditarlos a Estados Unidos por fraude, chantaje y lavado de dinero, la discreta sociedad suiza pudo ver como la FIFA, copia y esencia del Club Bilderberg, comenzaba a resquebrajarse. Una implosión oportuna. Llegaba el momento de reorganizar y marcar las nuevas pautas de mercadotecnia en el fútbol, una industria binaria que combina un negocio creciente y el esparcimiento de la distracción.

La Empresa Team AG, de Lucerna, Suiza, llegó a la UEFA para cambiar de raíz el producto Champions League. Obligó a los clubes a cederle sus derechos de imagen a cambio de pagos fijos por su participación en la competición y por los resultados obtenidos en las distintas rondas y partidos. El objetivo es centralizar al máximo, explotar y repartir lo mínimo. Desde la economía, hasta los detalles de su escenografía, La FIFA es un familiar directo de Bilderberg, la consideran un estado y la controlan como tal.

La suntuosidad de la Champions League, torneo de la UEFA, es sin dudas una de las manifestación del poder que la rodea.

Los suizos desde 1991 manejan el Marketing de la UEFA e incorporaron el modelo de socios estratégicos. En 2019 la cofradía inexpugnable que forman Mastercard, Nissan, Play Station, Sony, Gazprom, Banco Santander, Lays y Heineken gestionan el negocio y permiten obtener los 1.900 millones de euros que se repartieron entre los clubes participantes. Ellos, direccionados por Bilderberg, no se conforman, quieren sentar a la mesa a losgigantes tecnológicos como Amazon, Apple o Google, su idea, es nomenclar las cifras del futbol con un PBI de un país industrializado. No aceptan que un espectáculo, rentable y globalizado, quede fuera de su manejo. Desde hace un tiempo están operando que la Final de la Champions de 2024 se juegue en el Metlife Stadium de Nueva York.

El himno de la UEFA Champions League es, probablemente, una de las canciones que más emociona al mundo del fútbol cada vez que se escucha antes de un partido. Fue creado en 1751 por el alemán Georg Friedrich Händel para la coronación de los reyes ingleses. Por pedido de Team AG, en 1992, se adaptó su formato y hermanó para siempre la Champions: su música y la realeza europea. La suntuosidad del torneo más importante de Europa tiene su sello. Bilderberg consideró siempre que el futbol es rico, pero sin clase.

El Club Bilderberg, por su halo de misterio, ha sido desde siempre emparentado a los Iluminati, la masonería, logias y distintas hermandades. Históricamente pugnaron por un nuevo orden mundial, donde todo el poder y la riqueza se concentren en su línea de control.

David Rockefeller, el 1 de febrero de 1999, le dijo a Newsweek International: “Algo debe reemplazar a los gobiernos y el poder privado me parece la entidad adecuada para hacerlo”.

Con semejante poder y organización, el club no pudo con el Covid 19. Este año la pandemia impidió el tradicional debate de tres días.  Lo mismo, detrás de cualquier manifestación, económica o social, están ellos agazapados, bregando para que el mundo sufra más desigualdades.

El Club Bilderberg se reúne todos los años en la misma fecha que se juega la final de la Champions League.

Bilderberg anhela alcanzar el poder absoluto que comprende lo económico y lo cultural, así lo han determinado las corporaciones y es solo cuestión de tiempo. En 2012 cuando estaba concentrado con la selección española, en Polonia, para disputa la Eurocopa, Xabi Alonso twitteo que el Club Bilderbergsuena a enigma y conspiración.

Henry Kissinger, uno de los cerebros intelectuales y operativos del Club, dijo en 1972 que la defensa de los derechos humanos es solo un sentimentalismo que debilita las acciones de desarrollo del Club“Nosotros hacemos política exterior, no regeneración moral”. Un año después, participó activamente en los golpes de estado de Chile y Uruguay. Cuando terminaba 1973 recibió el Premio Nobel de la Paz. Toda una síntesis de Club Bilderberg, un universo en el que es imposible diferenciar la verdad de la mentira y la realidad de la apariencia.

* Leonardo Gasseuy vive en San Francisco, Córdoba. Es empresario. Apasionado del deporte, la geopolítica y la historia.

Gráfico: Al Toque

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