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Fútbol, literatura y memoria

24-03-2020

A la final

A 44 años del último golpe cívico-militar, compartimos el cuento de fútbol del escritor Kike Bogni titulado “A la final”, el cual forma parte de los cuentos coleccionables “Fulbazo”.

Otra vez despertarme así, todo chivado, que lo tiró, como si fuera de vuelta esa vez que le metí la volea voladora a la redonda caída del cielo, y me fui piolacho al borde del campito y me bajé los pantalones mientras les mostraba el siete a los guasos; con el dedo apuntaba otra vez al cielo casi sin sol atardecido.

La verdad que los que se quedaron atardecidos y con el venón fueron ellos, qué joderse, me habían hartado a palo todo el día y yo ni mú, a la final les de el contenido doble engaño triple carácter, qué tanto.

Pero no puede ser que me despierte así soñando como un ortiva más vale ser sonámbulo para eso y me voy derecho a la casa del Kempi a contarle bien cómo es el fato y a dejarme de joder.

Decirle que yo soy el Julito, que tengo trece, que el instituto da ocote pero que si no echás moco ni te hacés odiar por nadie, casi todos los profes son pulenta.

Menos el ortiva de Ramírez, más vale, ese no se quiere ni a él mismo y yo no tengo la culpa que uno pueda ser tan malparido de nacimiento nomas porque te puede pasar mucha cosa mala en la vida pero ser mal llevado así, ya da lástima el guaso. Y no me voy a detener más en ese sujeto que no merece ni la más mínima atención.

Bueno, y le digo al Kempi que yo grité hasta desgargantarme todos los goles que hizo y los de la selección también, pero más los de él sobre todo porque es mi ídolo y yo también juego de diez. Lo único que no me dejo el pelo largo porque si no me sacan de raje del instituto.

También hablarle del tarrazo que tuve ayer, que me fueron a salir dos figuritas de él y eso sí que no lo podía creer porque me han pasado cosas raras en la vida hasta ahora pero que te salgan dos en un mismo paquetito. Era la más difícil y la única que me faltaba, no se puede creer, loco.

Eso sí fue ocote, porque ya tenía todas las del metropolitano, y las de la selección, y lo tenía hasta al flaco fiero ese del técnico, que yo no entiendo cómo puede haber jugado tanto y ahora fuma uno atrás de otro. No te digo pitar de vez en cuando, pero prende de a tres el vago.

Y bueno, no me voy más por las ramas y le digo de frente al Kempi que así es la cosa: el domingo es la final con los holandas, pero la verdad que ellos no entienden nada, y yo estoy dispuesto a regalar, o a sacrificar mejor dicho, las dos figuritas con su estampa con tal que él hable conmigo unos minutos y yo le pueda decir lo que me pasa.

Y digo lo que me pasa porque el Yoni es amigazo mío, como el viejo que no tuve, y el último maestro, el de quinto, cuando dejé, que era el ídolo de la juve el guaso, pero yo no tenía más ganas de ir al colegio y empecé a laburar para tener mi mango.

Pero hoy el Yoni no está.

Nadie sabe donde puede andar porque siempre fue de desaparecerse, pero la cocinera decía que ya iba a volver porque nadie lo había echado. Y era cierto. Vieja sabia doble engaño que te como la pata: volvía cambiado el malparido pero volvía.

Dormía un par de horas y después arrancábamos otra vez para la calle de vuelta.

Nunca me contaba en qué andaba porque yo porque no iba a entender, que era chico, me decía, pero yo le insistía y él nada. Igual yo creo que con el corazón del Yoni nada malo pudo hacer para que llegaran todos esos botones la otra noche y lo arrancaran de la cama, como si fuera una rata apestosa.

A mí me parece que no es así la cosa, si el Yoni y el Kempi juegan casi igual y son mis ídolos, no van a andar echando moco por ahí.

Si le digo eso al Kempi, más vale le pido que vaya y les diga que el domingo no juega nada contra los holandas sino aparece el Yoni vivo y sano. Porque no es para que se lleven a uno, así como así, y los otros veinticuatro millones novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve argentinos sigamos de fiesta,

...¿No, Kempi?

 

 

 

Sobre el autor: Enrique “Kike” Bogni es escritor y futbolero. Nació en Las Perdices y se radicó en la ciudad de Córdoba para realizar los estudios de Psicología. Ha publicado más de una decena de libros, con la particularidad de ser “libros-objetos”. Realizó trabajos barriales en el norte provincial, la ciudad de Córdoba y en su localidad de origen. En 2018 muchos de sus cuentos futboleros se compilaron con ilustraciones en Abrazo de gol (editorial Chirimbote).

 

 

Ilustración: Borro Marrero, (del libro-cuento A la Final)