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Opinión

01-12-2018

El circo vestido de Foro

Por Leonardo Gasseuy

Putín y Macri, actores protagónicos del G20 realizado en Buenos Aires.

(Especial para Al Toque Deportes).- Vladimir Putin es uno de los jefes del mundo. No le gusta el fútbol. Aunque fue un éxito, le pesó la organización de su mundial. Considera al deporte más popular y lindo, ridículo, aburrido y triste. Está en Buenos Aires por el G 20. Una de sus condiciones era (no hubiera podido)  ver  River – Boca en el Monumental. Irónica idea.

Al igual que uno de sus líderes, el juego que propone el foro es contradictorio e incoherente. Una constante de giros acomodaticios, manipulados por aquellos que portan el poder real.

El G-20 irrumpió en el tablero mundial poco después de la bancarrota del gigante financiero Lehman Brothers, hasta entonces el cuarto mayor banco de inversión de Estados Unidos, con 158 años de historia. Aquel 15 de septiembre de 2008 el mundo fue testigo de lo inconcebible. El foro adoptó rango presidencial ante un  sistema financiero internacional que se desmoronaba desde su propio centro y las herramientas tradicionales resultaban incapaces de frenar la caída. 

Los líderes realizaron entonces llamamientos en favor del crecimiento inclusivo y elaboraron los decálogos de políticas redistributivas, mayormente a instancias de las economías emergentes. Todas estas “ideas” fueron ignoradas por la mayoría de las naciones del G20, que, en cambio, reafirmaron la triada neoliberal y se entregaron a las falsas promesas de la teoría del derrame. Argentina lo recibe debilitado y fracturado: obra de Trump. Dueño de una manera de agresión compulsiva y gestión unilateral de división y conflicto, dividiendo  con sus leyes de mercado autocráticas y desintegradoras.

El judo es una disciplina individual que ejercita la autogestión de defensa y te centra en un yo integrado. Imposible encontrar un paralelismo  tan acorde y lineal entre la individualista mirada de un líder y la idea original del foro. El judo, considerado como la  más inteligente rama de artes las marciales, es el deporte favorito de Putin.

En Buenos Aires los reales temas de la sustentabilidad del mundo importan poco. Los protocolos como siempre los redactan las terceras líneas y las agendas puras están  centradas  en Putin – Trump,  Trump – Xi –Jing Pin,  y Merkel – Macron. Todo mano a mano. En el  Foro como en el Judo.

Seguramente bocas hacia afuera los acuerdo firmados serán “exitosos” y en la realidad será el mismo diletantismo de los últimos tiempos. Veinte voluntades heterodoxas alcanzando “unanimidades” cuando las discusiones solo se circunscribe a la bilateral y moderna guerra de EE.UU y China por sus voracidades comerciales y su férreo proteccionismo.

El año pasado el déficit comercial de Estados Unidos con China alcanzó 372.200 millones de dólares, una cifra que desata la ira de Trump.  Según Washington, los chinos se apropiaron de múltiples patentes de tecnología americanas y Donald respondió con 108 misiles arancelarios que preocupan al mundo entero. Las voluntades de negociación no existieron nunca, hasta ahora solo se atacaron. Cada  uno atiende su juego.

No habrá cooperación internacional para lograr una globalización justa y ganarle al cambio climático. No existen respuestas serias a la multiplicación de los desastres naturales que no son tomados seriamente por parte de la comunidad internacional. Así como  el traspaso de los protocolos energéticos de combustibles fósiles a renovables. Todo es laxo, tenue y pirotécnico. Los problemas que aquejan al mundo seguirán sin resolverse. Los líderes europeos prohibieron tratar el tema de la inmigración africana. La corriente nacionalista de derecha habla de integración pero cierra  sus  fronteras.

Por esos pasillos anda Macri, el escenógrafo. Presentando un país simulado. Como en 1978, la Argentina muestra solo un poco de su realidad. Tiene solo dos funciones: aportar la sonrisa de anfitrión y ofrecerle a las potencias energéticas participación en Vaca Muerta, único emblema comercial apetecible por volumen y calidad.   

Se pierden oportunidades históricas de alcanzar los consensos. Es un show en Costa Salguero, millonario en despliegue y seguridad, a cargo de la empresa PopArt, multinacional ligada al Cirque du Soleil. Paradójico pero real: todos bajo la misma carpa. Depredadores comerciales vestidos de jefes de estado haciéndonos creer que velan por un mundo mejor.

Para el jefe del Kremlin el Mundial de fútbol es un proyecto desarrollista con el que quiere sacar al país del atraso, especialmente en el terreno de las infraestructuras, y convertir a Rusia en una de las cinco primeras economías del mundo. “Presidente Putin, querido Vladímir, sabemos que a usted le encanta el judo y aprecia la flexibilidad, el carácter y el respeto al rival. Hagamos lo mismo en las relaciones internacionales. A mí me gusta el fútbol. Juguemos a un juego colectivo que se cimente en la confianza", le dijo el francés  Macrón, un nacionalista moderado y menos homofóbico que la media.

El Crack