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Una de piratas

*Por Agustín Hurtado

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Una nueva entrega de las historias y pensamientos de Mardones: En esta ocasión, lanzamiento de bala.

Una tarde de domingo en plena cuarentena, Mardones encontró en Netflix una película de piratas. La historia transcurría alrededor el siglo XVII. La trama era bastante trillada y tenía algo de “La Isla del Tesoro” de R.L. Stevenson. Un pirata malo que se redime, otro recontra malo con un parche en el ojo, un estirado comodoro de la marina inglesa y tripulaciones con personajes bastante estereotipados. El héroe era el típico chico humilde que persigue un sueño y se ve atrapado en las ambiciones ajenas. Obviamente, también hay una damisela en peligro que termina enamorada del muchacho.

En la batalla final -clásica de toda película de aventuras- les buenos se meten rápidamente en aprietos. Cuando están siendo abordados, uno de los integrantes de la tripulación tiene un arrebato de adrenalina. Al verse desarmado, levanta una bala de cañón y decide arrojársela a uno de los adversarios. La puntería del fulano es asombrosa. La metálica esfera viaja directamente hacia el parietal derecho de un marinero que venía volando, colgado de una soga y con la espada entre los dientes.

Mardones se quedó algo impactado con la tosca imagen de ese urso girando sobre sí mismo para arrojar el pesado proyectil. Recordó haber visto algo similar en un resumen de un noticiero durante unos Juegos Olímpicos.

Aquello que Manuel presenció fue la prueba de lanzamiento de bala. La misma, según pudo averiguar, es uno de los eventos clásicos dentro del atletismo olímpico. Su origen data de la Antigua Grecia y las primeras menciones a su existencia se leyeron en la obra de Homero.

Siglos después, les británicos le dieron continuidad. Era una competencia en la que se demostraba la fuerza de les competidores. Sus reglas eran muy similares a las que se adoptaron en la era moderna.

Les lanzadores compiten para ver quien logra arrojar más lejos una bala que pesa 7.26 kilogramos para los hombres y 4 para las mujeres. Se realiza desde un montículo que tiene un tope -el cual no se debe pisar- y el proyectil debe caer dentro de un área delimitada. La misma está representada por dos líneas que surgen del círculo de lanzamiento en un ángulo de 40 grados. Vista desde arriba, tiene la forma de un cono.

A pesar de lo sencillo que puede parecer lanzar un objeto, la prueba tiene un rigor técnico importante. No se trata simplemente de tirar la bala con todas las fuerzas posible. Entran en juego cuestiones que tienen que ver con la física y la geometría. El resultado final dependerá, entre otras cosas, de la altura y del ángulo de lanzamiento.

Un intento será considerados válido cuando la bala no salga de la zona de caída y le atleta no pise afuera del círculo de lanzamiento. El primer aspecto tiene mucho que ver con la seguridad, no vaya a ser cosa que un juez u otro competidor corra la suerte del marinero que intentaba abordar la nave de los buenos en la película que vio Mardones.

Habitualmente se utilizan dos técnicas y su elección depende de las características físicas de les lanzadores. Una de ellas es la lineal y la otra la de rotación.

La primera es la más antigua y la suelen utilizar les lanzadores más altos. La posición inicial es de espaldas al área de lanzamiento, con una pierna flexionada (la del brazo que sostiene la bala) y el torso tirado hacia adelante. El procedimiento comienza con el impulso de la pierna que estaba flexionada, que le da envión a la rotación de cadera y acompaña el movimiento del brazo. El cuerpo actúa como una especie de catapulta.

Este estilo se denomina “técnica O´brien” en honor a su inventor, Parry O´brien, quien fue plusmarquista y ganó tres medallas olímpicas entre 1952 y 1964. Utilizando esta modalidad, el atleta aprovecha toda la energía de la cadena cinética que se genera desde la pierna hasta el brazo, pasando por la cadera y el tronco.

La técnica giratoria nació en la misma época, pero se popularizó en la década de 1970, de la mano del ruso Aleksander Barishnikov. Posteriormente se atribuyó su invención al entrenador griego Ivan Psiakis. Como su nombre lo indica, este método consiste en aprovechar la velocidad de rotación del cuerpo para impulsar la bala. Le atleta gira sobre sí mismo y lanza al quedar de frente hacia el área de lanzamiento. Es utilizada por les participantes de menor estatura y fuerza.

La elección de las técnicas depende de les atletas. El estilo giratorio permite más alcance, pero es más inestable y provoca más lanzamientos nulos. El control del cuerpo es más difícil de conseguir y el envión genera que le atleta termine pisando afuera de la zona de lanzamiento.

La cuestión de la inestabilidad le hizo ruido a Mardones, sobre todo cuando recordó la figura del pirata del film. Le resultó extraordinario como ese fornido muchacho consiguió dar ese giro perfecto -cual bailarina del Colón-, para acertar en la cabeza de su enemigo volador. Esa acción marcó el inicio de la recuperación de los buenos, que no solo evitaron el abordaje, sino que terminaron quedándose con la batalla.

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