Fútbol

El puesto que no se elige: El lugar donde el fútbol se vive distinto

El pasado 14 de abril se celebró el Día Internacional del Arquero. Entre desafíos, silencios, vuelos y nervios, revelan qué significa ocupar un lugar que define una forma de sentir el juego. Un recorrido por las historias, sensaciones y memorias de quienes habitan el arco en nuestra liga.

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Ser arquero no es algo que surge de la nada. Uno puede ser defensor central y, con el tiempo, correrse al lateral o jugar algunas posiciones más arriba; de delantero a volante o viceversa; de suplente a titular y, más difícil para el orgullo personal, de titular a suplente. Pero el arquero es arquero. Superado aquello del campito de “un gol cada uno”, el arquero se queda en el arco, y hasta se aburre si lo mandan al medio.

Hacer un gol no tiene ese sabor de descolgar una pelota que cae en tu área —y digo «TU» área porque así lo siente—, atraparla en el aire y quedarse en el suelo con el balón entre los brazos y la panza, viendo cómo el equipo rival vuelve cabizbajo hacia su campo. Es un sabor que muy pocos pueden describir.

Podría asegurar que tapar un mano a mano es hasta más disfrutable que un penal. Porque, por más que el resto disfrute más el penal, el arquero es así de diferente: disfruta otras cosas, vive el fútbol de otra manera…

El pasado 14 de abril se conmemoró el Día Internacional de las y los Arqueros. Para celebrarlo, recorrimos el parecer de varios referentes de nuestra liga.

Eduardo Enrique “Pipo” Rosales, hoy guardameta de Defensores de Alberdi, fue el encargado de definir lo que significa ser arquero: “Implica desafío físico y mental para poder proteger el arco, y tenés que estar preparado para saber levantarte emocionalmente de cada gol recibido. También tenés que tener la fuerza suficiente para poder llevar el equipo adelante. Eso implica mucho”.

Rosales comentó la actualidad de Fusión F.C.
Eduardo «Pipo» Rosales, uno de los experimentados de la B.

En esa esencia del puesto, Matías Galán, arquero de Ateneo Vecinos de General Cabrera, agregó: “Ser arquero es una forma de ser y de ver la vida”.

Martín «Tin» González, retirado a fin de la temporada pasada defendiendo el arco de Santa Paula de Carnerillo, contó por qué se volcó al que llaman “el puesto más ingrato”: “Uno nace, ya le gusta el arco desde chiquito. Recuerdo que mi hermano más grande me pateaba en el patio de cemento de mi casa y yo me tiraba en pantalones cortos. De chiquito uno ya buscaba ese camino. Pero sí, somos medio especiales nosotros: tenemos esa faceta de estar siempre apartados del plantel, entrenamos diferenciados de los demás”.

El último abrazo del ‘Tín’: una vida bajo los tres palos y un adiós rodeado de su gente.
‘Tín’ González tuvo su última función en el arco a fin del 2025.

Buscando el porqué de pararse en el arco, también sumó su experiencia el histórico portero de Lautaro Roncedo de Alcira Gigena, Adrián Armengol: “La decisión de ser arquero fue más que nada por casualidad. En mi primer año de cancha chica, a los 5 años, el arquero de esa categoría no podía hacerlo y el técnico me preguntó si quería, y acepté. Desde ese momento no lo dejé más; ni en los partidos informales me gusta salir de la posición. A pesar de lo ingrata que es y de que a mi hijo no se lo recomiendo, me gusta mucho el puesto. Y si no hubiese sido arquero, creo que sería un lateral izquierdo o volante de mucha actitud, más tirando a rústico”.

El «Pulga» Armengol es una marca registrada en el arco de Primera A.

Matías Galán también se refirió a sus comienzos bajo los tres palos: “Mi historia con el arco arranca en mi club de barrio. En ese entonces era mediocampista, jugaba de cinco. Un día faltó el arquero y, como era el más alto, me mandaron al arco. Ahí conocí mi lugar en el mundo, en la cancha, y una forma de ser que es la de ser arquero. Ahí arrancó una pasión: me encantó el primer partido y después”.

Matías Galán y un inicio ligado a la altura.

Ramiro Véliz, atribuyó su puesto a un recorrido familiar que lo sumó la herencia de la dinastía de arqueros de Centro Social de Las Higueras: “Porque ya vengo de una familia donde mi viejo y mi hermano son arqueros, y eso era un motivo para empezar a atajar”.

Ramiro Veliz: Arquero por herencia.

Pablo Gigena, arquero de Talleres de Las Acequias, describió así su sentir: “No hay más alegría en el arco que tener un buen partido, sentir el apoyo y la confianza de todos tus compañeros. Eso es una de las mayores alegrías y motivaciones por las cuales uno está en este puesto. Obviamente, si tuviera que volver a empezar, lo volvería a elegir mil veces más, porque es un puesto en el cual pocos se atreven a ocuparlo”.

Pablo Gigena y una declaración de amor al arco: «lo volvería a elegir mil veces más».

Véliz amplió su mirada sobre la identidad del puesto: “Lo mejor es que sos diferente al jugador de campo y eso hace que se viva de otra manera. A la hora de jugar siempre tenés las pulsaciones a mil, no te podés relajar ni un segundo. En cada jugada tenés que dejarlo todo, y eso hace que el puesto del arquero sea diferente. Es lo que más me gusta: que somos distintos al resto”. Y cerró con una confesión que lo pinta entero: “Siempre elegiría al fútbol. Cuando juego con mis amigos, me gusta jugar de defensor”.

Rosales también aportó su experiencia como formador de nuevos “unos”: “Es un trabajo duro, un sueño a realizar, que conlleva mucho sacrificio y esfuerzo. Lo veo de esa forma, y es lindo cuando pueden conseguir sus objetivos personales”.

En el cierre, Martín González contó sus sentimientos tras el retiro: “Lo que más extraño es ponerme la ropa, los botines, los guantes. Se extraña entrar a la cancha y sentir ese cosquilleo en la panza de los nervios. Porque, por más años que tenía, se sentían los nervios. Se extraña esa sensación”.

Fotos: Archivo
Redacción Al Toque

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