Fútbol
Dos intrusos en el quirófano de la Bundesliga

Leonardo Gasseuy
La naturaleza humana nos lleva a generar antinomias permanentes. A todo (o casi a todo) lo comparamos, lo medimos, lo exponemos y en el mínimo de los escenarios, lo hacemos debatir en la más privada de nuestras fantasías. Por consecuencia natural de la especie, el hombre tiene a extremar eso de que: es blanco o es negro (o que casi todo es blanco o casi todo es negro).
Todo se define entre concreto y abstracto. Pero ese movimiento indosocial que genera el natural equilibrio de todo, luego de tamizar el resto de las banalidades, refleja como existencia única: a la razón y la emoción. Solo ellas. Son las dos variantes vivas en cada uno nosotros. ¿El resto?: como la vida misma, ecléctico, multiforme e indescifrable.
La Bundesliga Alemana solo es razón. Es una exponencia directa del ser alemán. Duro. Formal. Un entorno material de lujo pero estéril. Responde al más puro racionalimo. La lógica objetividad de sus normas clásicas, no le tiene asignado lugares a la emoción (o casi no los tiene).

El campeonato alemán se refundó en 1963, se jugaron 62 torneos, 35 los ganó el Bayer Munich, una de las multinacionales más precisas del país. En 2026 ganó la Bundesliga 5 fechas antes, para coronarse jugó 30 partidos, ganó 25, empató 4 y perdió 1. Game over.
En el marco de genuina naturalidad (sin mecenas, estados y riquezas naturales) es el club más rico del mundo. El Heidenheim que es el más pobre del torneo, camina último con 19 unidades. La diferencia con el opulento, que ya se coronó campeón caminando, son 60 puntos. La Bundesliga ratifica sus maneras: es un quirófano eficiente y predecible.
El fútbol, aún en el territorio de la razón es emoción pura, aún en Alemania y en el aséptico escenario de su torneo. En estos días juegan Union Berlín y el St. Pauli. Solo un partido de fútbol. Entre equipos pobres. No compiten por nada de lo que le importa a la mercadotecnia y al algoritmo que marca las variables de rentabilidad. Ninguno va a clasificar a copas europeas. Es posible que alguno descienda, pero este clásico que inventamos los bohemios es una tibia reacción al racionalismo ilustrado, intentando priorizar la emoción, la subjetividad y la naturaleza del sentir profundo. Un vínculo extrasensorial difícil de encontrar. Los dos con sus armas, son los disruptores del sistema.
- Nota relacionada:
Union Berlín habita en Kopernick, una región boscosa al sureste de la capital. El barrio social, el de los inmigrantes segregados. Fue una especie de refugio y punto de convergencia para disidentes, punks y opositores al régimen represor y asfixiante de la policía secreta en la guerra fría. Cuando a principio del milenio estaba quebrado, los hinchas salvaron la propiedad del estadio con su propia sangre. Literal. En un acto heroico, los fans reunieron el dinero a partir de la donación de sangre, que en Alemania es pagada. La afición hizo una «transfusión de sangre” para mantener al equipo con signos vitales estables.

Su rival de estos días, el FC St. Pauli toma al fútbol como una excusa. Fundado en 1910 por obreros de los muelles de Hamburgo, estibadores y marinos mercantes. Marchan a contramano del mundo y la bundesliga. Cuando nacía el milenio, el club de clara definición antifascista se declaró gay friendly.
Es el club de los poetas, las prostitutas y los indigentes. Con conciencia de clase. “Aquí todos los partido hacemos campañas en contra el fascismo y la discriminación”, dice Michael Pah, autor del libro del centenario del club, “ la FIFA también las hace, pero la diferencia es que acá lo sentimos”. Sus estatutos lo definen como una asociación deportiva antifascista, antirracista y antihomofóbica.
El fútbol alemán genera más dinero que nunca. Los 36 equipos que forman el fútbol profesional alemán, los 18 de la Bundesliga y los 18 de la Bundesliga 2, facturaron de manera conjunta un total de 6.330 millones de euros en la temporada 2024-2025, lo que supone un aumento del 7,9% en comparación con el año anterior. Union Berlín y St. Pauli respiran el mercado con los gigantes pero nadan en su particular charco social.
Union Berlín y el St Pauli entienden que en su revolución social está el verdadero orden estético. Consideran que lo que verdaderamente se cuenta, no necesariamente tiene valor de mercado, a contramano de lo que arma la Bundesliga, “Somos olor a hierba quemada, dice Nina Hagen….somos eso y cuál es el problema”, reza el estribillo de Eisern Union el himno punk que cantan todos.
Sobreviven al eje cartesiano de lo político y económico descansando en lo social. Sus maneras de sentir, su particular método los hace mantener indemnes, pese a formar parte de ese riñón de mercado industrializado.
Se jugó un partido que no importó mucho. Lógicamente la igualdad del resultado emparentó los sentimientos y marcan un camino.

Participan en el eficaz laboratorio de la Federación Alemana y su sistema, pero viven acorde a sus principios. Los de Union, abriendo el club cada navidad para que los inmigrantes que sufren y la gente en situación de calle hacen la casa más grande del mundo. El St. Pauli convocando a sus fans cada 27 de enero aniversario de la liberación de Auschwitz, cuando marchan a su cancha con banderas con la esvástica tachada o con un puño golpeándola.
Coinciden en un punto central, solo hay lugar para el amor y el fútbol no ampara fascistas. Las nuevas generaciones deberán cohesionar este contagiante movimiento aglutinador que activan estos pigmeos deportivos en medio de un sistema de lujo y ostentación. A pesar de tanto Excel y algoritmo positivo del entorno, no cambian ni detienen su marcha.
Galeano, que admiraba la obra de los dos clubes, antes de morir dijo que la utopía está en el horizonte. Por mucho que camine, nunca la alcanzaremos. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso: “sirve para caminar». Nosotros deberemos imitarlos. Mientras ellos caminen, todo estará bien. Para ellos, para el fútbol y para nosotros.
Gráfico: Al Toque
Redacción Al Toque
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