Fútbol
Un campeonato, una despedida y una historia familiar que atraviesa generaciones: Hugo Baigorria
La consagración de Potrero FC en la Liga Niños Unidos del Sur marcó el final de una trayectoria que el fútbol regional aprendió a querer. El ex lateral anunció su retiro en el momento más simbólico de su carrera, cumpliendo un sueño íntimo que guardó durante años.
A los 43 años, Hugo Baigorria cerró un capítulo inolvidable dentro del fútbol regional: levantó un nuevo título como capitán de Potrero Fútbol Club en la Liga Agrupación Niños Unidos del Sur y anunció su retiro definitivo. La final del domingo 11, disputada en cancha de Alberdi y protagonizada por dos equipos riocuartenses por primera vez en 25 años, marcó el cierre de una trayectoria extensa y respetada. El histórico lateral izquierdo —con pasos por Banda Norte, Alberdi, Atenas, Lutgardis Riveros, Juventud Unida de Baigorria, Ateneo Vecinos, Jorge Ross de La Carlota y 9 de Julio de Río Tercero— se despidió después de cumplir un sueño íntimo: ser dirigido por su hijo y que su hija menor pudiera verlo jugar. El 1–0 ante Real Imperio selló un final tan emotivo como simbólico para uno de los referentes más queridos del fútbol de la región.
En diálogo con Al Toque Deportes, por Al Toque Radio, Baigorria profundizó en las razones de su retiro y abrió una charla cargada de recuerdos, aprendizajes y un cierre deportivo atravesado por su familia.
- ¿Cómo está viviendo el fútbol a esta altura de su trayectoria?
Creo que a esta edad se trata de disfrutar. Siempre lo tomé con el mismo compromiso y responsabilidad, y lo sigo viviendo así porque me gusta y amo este deporte. La arenga se viralizó, pero yo soy de decir lo que siento. Trato de remarcar la experiencia para los más jóvenes y también para los más grandes, siendo un espejo visible y aclarando las cosas siempre desde un lugar sano. Dentro de todo esto hay un juego, pero la responsabilidad y el compromiso deben estar. Que sea positivo y satisfactorio para todos. - ¿Puede pensarse en que juegue el Clausura?
Capaz que no. Ahora estamos descansando y la semana que viene volvemos a incorporarnos; el torneo arranca el 2 de agosto, está todo muy cerca. Pero creo que hasta acá llegamos. Más que nada por lo laboral. No digo que el cuerpo no dé, pero quería terminar así. Cuando Walter me llamó y me contó la idea, me gustó y me propuse jugar. Le dije que iba a estar todo el año, pero pasaron muchas cosas lindas. Lo viví y lo disfruté. Somos seis en mi familia. Mis tres varones —Matías, que es el técnico, Santiago y Genaro— ya me habían visto jugar y salir campeón en distintos lugares. Me faltaba la más pequeña, Emilia. Ella solo veía fotos, recuerdos, videos… quería verme jugar. Eso fue lo que me convenció cuando Walter me llamó. Tuve la suerte de coronarlo campeón y cumplir esa misión. Ella me vio, disfrutó y sufrió como todos. Llegamos a buen puerto y esa era mi meta. Gracias a Dios y a Walter, que me abrió las puertas de Potrero. Creo que hasta acá llegamos.

- ¿Jugó en su posición habitual o se movió dentro de la cancha?
Me moví. Jugué más adentro, de central, terminé como último hombre. Tranquilo. Pero siempre con la misma responsabilidad y compromiso para entrenar y jugar. Nos propusimos objetivos desde el primer día y los cumplimos, no solo en una categoría sino en las dos: primera y reserva. El esfuerzo valió la pena. - ¿Qué nivel futbolístico encontró?
Un buen nivel. Más allá de lo futbolístico, en lo personal encontré muy buena gente. Nos cruzamos con jugadores que enfrentamos en el Federal B, cuando yo estaba en Estudiantes y jugamos contra equipos de Serrano y Laboulaye. Es una liga linda, sana y muy luchada. De a poco se va haciendo muy nombrada. - Se dio el lujo de compartir seis meses más al lado de su hijo. ¿Pudo disfrutarlo?
Son recuerdos que quedan de por vida. En Reducción tuvimos la suerte de compartir cancha y vestuario. Ahora también, pero él dirigiendo. Yo lo dirigí cuando trabajaba en inferiores de Municipal: primero en Sub 15 y después en Sub 17. Y hoy le tocó a él dirigirme a mí, a los 43 años. Son sensaciones únicas, difíciles de explicar, muy internas y familiares. Somos una familia muy futbolera, desde mi señora hasta mis cuatro hijos. Por eso tenía esa espina de que mi nena me viera jugar. Poder coronarlo campeón fue la frutilla del postre. Hasta acá llegué. Ahora me queda disfrutar de ellos y apoyarlos. - ¿Con qué club se siente más identificado?
Pasé por varias instituciones y en todas me hicieron sentir cómodo, a mí y a mi familia. Mi corazón está en muchos lados, pero el corazón, corazón, está en Banda Norte. Debuté allí a los 16 años y viví toda la vida en el barrio. Arranqué a los 8 años en el club. Es algo muy lindo. - En un clásico de verano entre Estudiantes y Atenas, usted salió ovacionado. ¿Recuerda esa noche?
Sí, recuerdo. Venía de una distensión de rodilla y había estado más de un mes parado. Manzana Bringa me llevó, pero no sabían si iba a jugar. En una jugada entre Guille Puñet y Dieguito Oyola expulsan a Oyola y no había otro zurdo en el banco. Misael Lichieri se acercó y me preguntó si estaba bien para jugar. Le dije que sí. Me tocó entrar y la gente sabía de la lesión. Desde ese día hasta hoy sigo jugando y nunca pasé por cirugía. Atenas también me identificó mucho porque trabajé en el club: abría a las cinco de la mañana, mantenía las canchas de tenis y la cancha donde jugábamos. Por eso digo que es mitad y mitad: Banda Norte y Atenas. Hoy mis hijos Santiago y Genaro juegan en Atenas. Uno va dejando cosas, siempre con la misma personalidad. He aprendido de mucha gente: en Estudiantes jugué con (Claudio) Spontón, con jugadores experimentados; tuve técnicos como Pedro Catalano, (Guillermo) Gendulain y Dionisio Gutiérrez, que habían jugado en Primera A. Uno rescata ese granito de arena y aprende. Hoy me toca a mí brindar todo lo aprendido, ser un espejo visible en lo personal y en lo futbolístico para los más chicos, sumar siempre desde la experiencia, lo bueno y lo malo.
Formaciones de la final:

Potrero Fútbol Club: César Ríos, Hugo Baigorria, Néstor Cardetti, Nicolás Zavala y Fernando Muñoz; Álvaro Barrios, Facundo Torres y Axel Quevedo; Abel Salto, Agustín Silva y Ezequiel Martínez. DT: Matías Baigorria. Suplentes: Matías Cuello, Nahuel Palacios, Christian Palacios, Uriel Godoy, Gustavo Oviedo y Julián Pajón.
Real Imperio: Nahuel Pérez, Emanuel Ojeda, Víctor Juárez, Lautaro Molina, Leandro Alfaro, Thiago Cuello, Altamirano, Nahuel Mosqueira, Gabriel Arce, Daniel Cardetti, Maximiliano Fernández y Martín Acevedo. DT: Emanuel Barrera. Suplentes: Isaías Macagno, Michael González, Exequiel Cuello, Tobías Molinero, David Savorgnano, Joel Mansilla y Agustín Varela.
Gol: Agustín Silva.
Árbitro: Franco Botta
Reserva: Potrero 3 – Juventud Unida de General Levalle 2 (Campeón Potrero).
Cancha de Alberdi.
Fotos: Prensa ANUS y gentileza Hugo Baigorria
Redacción Al Toque
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