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¡Adiós, O Rei!

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¡Adiós, O Rei!

Gustavo Grazioli

Periodista.

En esta ocasión las puertas del cielo se abrieron para Edson Arantes do Nascimento, el jugador de fútbol que grabó a fuego su historia en el deporte como Pelé. Tras luchar contra el cáncer de colon por más de un año, la muerte lo alcanzó a los 82 años el pasado 29 de diciembre. Ahora el adiós se vuelve interminable y las lágrimas se derraman sobre una Brasil que aceleró su industrialización, cuando conoció las cualidades de este futbolista creador del término “jogo bonito”.

Edson Arantes do Nascimento, Pelé, falleció el pasado 29 de diciembre a los 82 años. Es el único futbolista en ganar 3 mundiales.

Pelé vio cómo se silenciaron las calles de su país en el mundial de 1950, cuando perdieron la final con la selección de Uruguay. Los goles de Schiaffino y Ghiggia, marcaron un hito histórico para la Celeste que quedó eternizado como el “Maracanazo”. Pero más allá del arrebato de esa copa, lo que más le dolió a ese joven brasilero, que en ese momento tenía 10 años, fue ver la tristeza de su padre con la radio pegada a la oreja. Eso no lo pudo tolerar y le prometió que él mismo iba a ganar el campeonato del mundo.

Aquel niño que se crio en un pueblo de Minas Gerais, no tardó demasiado en cumplir la promesa que le había hecho a su papá. A los 17 años jugó su primer mundial, lo ganó y su destreza con la pelota cambió para siempre la vida de los brasileros. Ahí lo bautizaron como “El Rey” (o “O Rei”) del fútbol. Se convirtió en el único jugador en ganar tres copas del mundo. La primera fue en Suecia ’58, luego vinieron la de Chile ’62 y México ’70.

“Pelé se erige como el hombre que comienza a curar el complejo del perro callejero”, dice el periodista paulista Juca Kfouri, en el documental Pelé que dirigen David Tryhorn y Ben Nicholas. “Él transforma el autoestima brasileño. Simbólicamente, eso no es poco”, concluye.

Pelé se formó en el Santos y se mantuvo en esa escudería desde 1956 hasta 1974. Antes de su llegada, se dice que ese club no tenía relevancia para nadie. Fue su figura la que posicionó al equipo de camiseta blanca: seis veces campeón nacional y nueve veces paulista. Pero los logros no solo fueron a nivel local: Santos, además de ser bicampeón de la Libertadores, también lo fue de la Intercontinental. Le ganó primero al Benfica y luego al Milán.

“Era considerado un monarca por los negros, los blancos, los mestizos, por todos”, dice el reconocido músico Gilberto Gil, como parte del testimonio que otorga en el documental Pelé. “Se convirtió en un símbolo de la emancipación brasileña”, agrega. Y si de descripciones se trata, en lo que respecta a su radiografía como jugador, las palabras que encajan son las que cita Ezequiel Fernández Moores en su nota para Anfibia, a partir de un texto de Dante Panzeri para El Grafico en el que dice que Pelé “Realiza. Premedita. Improvisa. Inicia. Concreta. Dribbla. Economiza. Shotea. Cabecea. Ataca. Defiende. Pivotea. Obstruye. Joven. Maduro”.

A los 21 años, Pelé ya había convertido 365 goles, algo que los mejores jugadores de la época (y de la actualidad) solamente logran al final de su carrera. Por supuesto, esa marca se amplió con el correr del tiempo y en 1969 festejó su gol número 1000. La cosecha se extendió y al final de su trayectoria los números quedaron en 1283 goles en 1367 partidos. “Quienes tuvimos la oportunidad de verlo jugar hemos recibido ofrendas de rara belleza: momentos esos tan dignos de inmortalidad que nos permiten creer que la inmortalidad existe», escribió Eduardo Galeano.

Pelé es parte de una historia repleta de hitos memorables. Por ejemplo, como dijo el escritor y pensador uruguayo: “Una vez detuvo una guerra: Nigeria y Biafra hicieron una tregua para verlo jugar». Eso fue en 1969 en plena gira de Santos por África. Pero, así como logró que el fuego cesara para verlo dentro de una cancha de fútbol, las criticas dicen que le faltó compromiso político en los momentos en que la dictadura arreció a su país.

ARCHIVO – Pelé es alzado en hombros tras conquistar con Brasil el Mundial de 1970 en el Estadio Azteca de Ciudad de México, el 21 de junio, venciendo a Italia (AP Foto, archivo).

“El fútbol continuó igual. Para nosotros no hubo mucha diferencia. Al menos para mí, no hubo ninguna diferencia”, fueron las palabras de Pelé en su propio documental, al momento de la pregunta sobre su convivencia con los gobiernos de facto. En su defensa, Kfouri, comparó a Pelé con el caso de Muhammad Ali y argumentó que el estadounidense tenía garantías de no ser torturado, pero el brasileño no. “Dictaduras son dictaduras”, dijo.

Edson Arantes do Nascimento, después de levantar la copa del mundo en México ’70 y devolverle un rastro de alegría a su pueblo, quienes convivieron con la peor fase de torturas y asesinatos de la mano del dictador Emílio Garrastazu Médici, jugó un tiempo más al fútbol, se despidió de su Santos y cerró su carrera a los 34 años en Estados Unidos, cuando decidió vestir la camiseta de New York Cosmos.

El fútbol se despide de uno de sus grandes poetas. Brasil está de luto por la muerte de Pelé.

Hoy el fútbol se despide de uno de sus grandes poetas, por no decir uno de los máximos. La pluma, el trazo de la belleza, en cada gol, en cada una de sus jugadas en las que dejaba desorientados a los rivales. El llanto se vuelve irreversible, una forma de calmar la ausencia de los que trataron bien a la pelota. Una forma de recordar que Pelé siempre va a ser sinónimo de Brasil.

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