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Cuando el deporte te salva: la historia de Ever Moriena

Ex combatiente de Malvinas, Moriena hoy se dedica a las pruebas de ironman, una rama del triatlón. Estuvo al borde del suicidio cuando regresó de las islas, cayó en el alcoholismo hasta que un día supo que tenía que salir adelante. En esta profunda charla habla sobre su experiencia en la guerra y la soledad a la que sometieron a los soldados al retornar al continente.

Bruno Aricó

Publicado

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Ever Moriena, deportista y veterano de la Guerra de Malvinas.

Ever Moriena tiene la decisión tomada. Su vida es un infierno, ya no soporta vivir con todo lo que sucedió. De repente, un sonido invade la escena. Es el timbre de la pensión, es un amigo suyo. El revólver se aleja de su cuerpo y nunca volverá a acercarse.

Para los veteranos de la Guerra de Malvinas, de la cual hoy se cumplen 40 años desde su inicio, el post guerra fue muy duro. La indiferencia de la sociedad los dejó de lado, y la soledad fue su única aliada tras volver de las islas. A algunos familiares inclusive les habían dicho que murieron en combate, y allí estaban.

Los suicidios de ex combatientes superaron el número de fallecidos en combate durante la Guerra de Malvinas. Ese dato es impactante. Nadie se preocupó por lo que sucedió con ellos tras el cese del fuego.

De esto habla Moriena, con la voz entrecortada. Actualmente, corre las carreras ironman, una rama del triatlón, que consta de 4 kilómetros nadando en aguas abiertas, 180 kilómetros en bicicleta y la maratón de 42 kilómetros.

La de Ever es una historia de resiliencia, de superación y ganas de salir adelante. El deporte lo salvó, como él dice, correr fue su único escape a los fantasmas que acechaban su mente día a día.

Moriena y sus compañeros de batallón en la Guerra de Malvinas.

– ¿Cómo fue su experiencia en las islas?

– A Malvinas fui reincorporado, había sido dado de baja hacía un mes. Llegué al regimiento el 7 de abril, una tanda había desembarcado y la otra estaba para hacer el puente aéreo entre Comodoro Rivadavia y Puerto Argentino. Yo había participado años anteriores en los entrenamientos, y para mí era una gran aventura, tenía 19 años y era una cosa muy rara. Sabía que de alguna forma iba a formar parte de la historia y quería estar presente. Llego a Malvinas el 10 de abril, el 28 tomamos las posiciones, el 1° de mayo agarramos el primer bombardeo en el aeropuerto. Ahí tomé consciencia de que la guerra era una cosa real, todo había cambiado con respecto a lo que vivimos antes. Ahí estuve durante casi todo el período de la guerra. Cuando cesó el fuego, estuve prisionero en un barco inglés durante cuatro o cinco días, hasta que me entregaron en Puerto Madryn.

El regreso fue muy duro para Moriena. No lograba reinsertarse en la sociedad. Si iba a comer un asado con amigos, le preguntaban en malos términos por la guerra. Los fantasmas lo continuaban persiguiendo.

– ¿Cuándo se dio cuenta que podía buscar una salida a través del deporte?

– Fue una mañana de 1984. Me desperté en un baldío, sin saber cómo había llegado ahí. Mientras caminaba de vuelta a casa, pensé qué estaba haciendo. Los ingleses no habían podido matarme y lo estaba haciendo yo mismo. Tenía que darle un cambio y honrar la vida, por algo fue que no morí en Malvinas. Empecé a buscar una salida, porque era alcohólico y fumaba mucho, estaba muy solo. No solo fue la vuelta sino la soledad con la que nos encontramos, nadie te tendía una mano más que juntarnos entre veteranos. Primero empecé a caminar, después corrí, dejé el cigarrillo, dormía mejor y sin saberlo comencé a generar un hábito de vida que me llevó hasta el día de hoy. En 1986, si bien ya participaba de algunas carreras en la zona corriendo, vi por televisión el triatlón. Aprendí a nadar y a los cinco meses estaba corriendo un medio ironman en Mar del Plata. Así me enamoré del deporte que hago hasta el día de hoy.

Moriena en su bicicleta durante una prueba de ironman.

– ¿Le salvó la vida correr?

– Sin dudas el deporte termina siendo el mejor psicólogo y psiquiatra. El deporte bien entendido te lleva a organizarte en la vida y tener un objetivo. Después de Malvinas, durante varios años la pasé muy mal. Gracias al deporte pude superar muchísimas cosas, inclusive una tentativa de suicidio. Es un cable a tierra y una filosofía de vida.

– ¿Nunca recibió ayuda estatal, o de alguna índole similar?

– Imaginate que lo mío era salir de esa situación, que sabía que si no lo hacía me moría. Uno es consciente de que no iba más así. En ese tiempo no podías llegar a una instancia de psicólogo, no teníamos cobertura social. Estuvimos solos durante 20 años, por eso la cantidad de suicidios después de la guerra. Gente que estaba en las mismas condiciones que yo no tuvieron vuelta atrás.

Las pruebas de triatlón incluyen nado en aguas abiertas, ciclismo de ruta y maratón de atletismo.

– ¿Le costó adaptarse al entrenamiento y competencias de ironman?

– En ese tiempo teníamos poca información de entrenamiento, es distinto a la información que tenemos hoy en día. En principio, me animé, subiendo el objetivo cada vez más. El primero que hice fue en La Paz, Entre Ríos, cuna del triatlón nacional. Nosotros entrenando en las piletas de Centro 11, cuando vamos a aguas abiertas estamos en desventaja. Hice lo que tenía que hacer, fui a ver qué era esto, cómo me sentía con las distancias y logré terminar. Me di cuenta que podía ir por más, me inscribí a muchos y me llevó a los mejores torneos ironman del mundo. Muchos gané en mi categoría, otros no, pero en casi todas las pude terminar. Luego, tratar de tener una forma coherente entre lo que uno hace y lo que uno puede. Estas carreras que hay que dominar tres disciplinas te llevan mucho tiempo y recursos económicos, porque es un deporte caro. Planificar una carrera te puede llevar todo un año.

Actualmente, Moriena tiene 59 años y sigue compitiendo en la categoría ironman. Además, organiza uno de los triatlones más largos del mundo, el 602K. Consta de 10 kilómetros de nado, 10 kilómetros en bicicleta y 92 kilómetros de atletismo.

“Sigo compitiendo, casualmente ahora estoy preparando el medio ironman de Almafuerte el 10 de abril, con los últimos retoques. Es parte del campeonato cordobés de medio ironman y el que gana se queda con el título. Eso te entusiasma un poco para seguir entrenando. Uno tiene pasión por lo que hace, y cuando siente pasión normalmente no la abandona”, afirmó Moriena.

– ¿Qué reflexión hace en estos 40 años de la Guerra de Malvinas?

– De alguna manera, sigue siendo una guerra desconocida. En las cosas que uno recuerda, se da cuenta que la gente sabe muy poco de Malvinas. Se debería participar un poco más en este proceso de conocimiento para valorar esa parte desconocida de la historia.

Fotos: Gabriela Lescano / Gentileza Ever Moriena
Redacción Al Toque

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