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El fútbol en una burbuja

Por Facundo Sánchez.

Iván Ortega

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El fútbol en una burbuja. La opinión de Facundo Sánchez.

Enormes estadios vacíos. Suplentes a un metro y medio de distancia. Asistentes con barbijo. La forma en que volvió el fútbol como competencia deportiva, tanto en Europa como en el resto de los países del mundo en el que la misma se fue habilitando, nos llamó poderosamente la atención a todos desde un principio.

Considerar, el regreso del público parece algo todavía más lejano, aunque ya se empiecen a ver algunas experiencias con personas ubicadas a mayor distancia unas de otras y con butacas vacías de por medio. Por lo menos hasta que la famosa vacuna no se de cita en el mundo real, todo será de este modo.

En un informe del sitio web español www.iusport.com, colegas españoles afirman que en gran parte del mundo, los regresos a las prácticas del fútbol se vieron acelerados en gran medida por presiones de grandes empresas e instituciones que hacían saber a viva voz que todo esto que estaba sucediendo a nivel sanitario en todo el mundo estaba generando enormes pérdidas de dinero. Algo que para muchos no debe representar ninguna novedad.

El asunto es que, en ese sentido, el fútbol volvió a Alemania en el mes de mayo y en los meses posteriores lo hizo en Inglaterra, España e Italia. Ya dejó de ser hace mucho tiempo una simple práctica deportiva para trasladarse a un nivel de negocio global o industria transnacional que mueve millones y millones alrededor del mundo. Que el fútbol se re activara implica que mucha gente vuelva a sus únicos trabajos, pero en el fondo, los intereses que se mueven son muchos más grandes y los beneficios, como siempre, para unos pocos. Y cuando hablo de los beneficios, no hablo de sueldos mensuales o de platos de comida sobre la mesa para quienes trabajan todos los días. El beneficio real en el mundo del fútbol se mide en cantidades exorbitantes de dinero y en disputas de poder.

Quizá el caso más paradigmático de esta vuelta al fútbol, y que también se hace extensiva al básquet, fue el de los Estados Unidos. Al día en el que se redactó esta nota, el país del norte contaba con más de 5 millones de casos confirmados y alrededor de 168 mil muertes y un Presidente que dejó de ser un polémico muñeco para transformarse en un peligro. Desde recomendar tomar lavandina al desastre social que se generó tras la muerte del afroamericano George Floyd, Trump era la cara visible del caos que siempre intentó transmitir una imagen al mundo de “tranquilos, todo está bajo control”. Los edificios ardían, las muertes crecían, pero Trump sólo parecía estar atento a los pasos de Jos Biden, su contendiente en el camino a la Casa Blanca. Quién diría que alguien en medio de una pandemia que alteró el funcionamiento de cada cosa en el mundo, podría estar atento a una elección. Cualquier similitud con la realidad local, es sólo una triste coincidencia.

Las autoridades de la MLS y la NBA tomaron la decisión de que el deporte debía volver, pero que para que eso pasara, debían estar garantizadas las condiciones de seguridad para todos los deportistas y los miembros de los equipos. Fue en esa línea que, dentro de los enormes parques de Disney, se habilitó lo que se llamó la Burbuja de Orlando  (Orlando Bubble) con la intención de poder habilitar nuevamente las prácticas deportivas y su televisación. Con esta iniciativa, los grandes empresarios tranquilizaron un poco sus alborotados bolsillos.

¿De qué se trata la burbuja de Orlando? Muy en contra a lo que todos imaginamos al principio, no se trataba de un domo gigante como en la película de Los Simpsons, pero la realidad es que, más allá de que no haya una cúpula gigante sobre Orlando, la comparación no es descabellada. La Burbuja es una zona que permanece totalmente aislada bajo reglas estrictas, que la NBA y la MLS habilitaron para proteger a los jugadores de la pandemia por COVID-19 durante la temporada 2019-2020.

Bajo una inversión de 170 millones de dólares, ambas asociaciones pudieron garantizar que la práctica regrese. Estadios vacíos, pantallas a los costados y suplentes con barbijo, todo igual que en Europa, pero en un aislamiento total. En el caso del fútbol, como el campeonato ya se venía disputando, fueron muchos menos jugadores los que estuvieron dentro de la burbuja ya que sólo estaban aquellos que disputaban los play-off. El torneo terminó con el equipo de Portland Timbers consagrándose campeón con el argentino ex Lanús, Diego Valeri, como principal referente.

El caso de la NBA es un poco más complejo, pues como el torneo recién estaba comenzando, participaron las delegaciones de 22 equipos y sólo se irán de la burbuja aquellos que vayan quedando eliminados de la competencia. Esto quiere decir que, quienes lleguen a instancias finales estarán en esta situación extraña de aislamiento hasta finales del mes de octubre.

Las estrellas de la NBA en la burbuja de Disney.

En una charla con el Doctor y ex jugador de fútbol Juan Manuel Herbella, Diego Valeri contó algunas de las rarezas que implicaba competir bajo estas condiciones de aislamiento total bajo las cuales tenían que vivir, entrenar y competir: “Día por medio nos testean. A los equipos en los que hubo algún caso positivo, les hacen los test todos los días durante 14 días de corrido, pero nosotros como no tuvimos nunca un caso, sólo es día de por medio. Los de la MLS estamos todos en un mismo hotel. Un equipo por piso. No tenemos prácticamente contacto con nadie. Nos vemos sólo en el lobby con el barbijo puesto, pero sólo vemos a otra gente los días del partido.”

El ex Lanús, Diego Valeri es figura en Portland Timbers de la MLS.

De esta forma fue que Estados Unidos no puede garantizar mínimas medidas de seguridad para su población, pero sí brinda todas las posibilidades para que se siga jugando al fútbol y al basquet y que de esa manera el dinero siga circulando por los caminos de siempre.

No hay que olvidar que en Europa, para que se puedan disputar las etapas finales de la UEFA Champions League, también se realizó una suerte de burbuja pero que en este caso tuvo como sede a Lisboa, capital de Portugal. El país luso es de los que menos se ha visto afectado en número por la pandemia y que contaba con escenarios para poder disputar estas instancias, como las canchas del Porto y el Benfica. Este método, que permitió que se jueguen estos partidos en condiciones de aislamiento, hizo que la modalidad de la competencia cambie: Se pasó de partidos de ida y vuelta a partidos únicos y cambió la sede de la final: El estadio Da luz, en Lisboa.

El estadio Da Luz de Benfica, uno de los elegidos para la “burbuja” de Champions League.

Las burbujas en las que se metieron estos deportes y principalmente estos torneos a causa de la Pandemia por Covid -19 no vienen más que a afirmar que a veces hay ciertas metáforas que, aunque a uno le parezca distópico e imposible, pueden convertirse en verdad y dejarnos con la boca abierta frente al televisor.

Condiciones de salud garantizadas para quienes juegan y no para los ciudadanos de a pie, espacios totalmente habilitados y libres de virus y testeos diarios abren la imagen de dos mundos: El de los sanos y el de los otros. La burbuja representa una idea macabra más que una alternativa. Una especie de paraíso epidemiológico se abre en Disney para entretener a aquellos que, del otro lado de la burbuja, miran la televisión encerrados en sus casas y con la incertidumbre como centro de mesa. Está claro que entretener, en el caso de la MLS, es una manera de decir, si se me permite una opinión sincera.

Hace rato, lamentablemente, el fútbol está en una burbuja, y estos casos vinieron a mostrarlo al  mundo. Hace mucho tiempo que las prácticas deportivas permanecen aisladas a lo que pasa en el resto del mundo y los medios de comunicación contribuyen para ello. El deporte pasó a estar conformado por una especie de robots musculosos que sólo corren tras la meta de ser alguien en el mundo del deporte. Los casos de personas que aparecen con algún esbozo de compromiso con la realidad, no sólo que son callados, sino que también son señalados desde la prensa por sus posicionamientos políticos y comparándolo, con toda la saña posible, con su rendimiento futbolístico. El caso de Juan Cruz Komar, defensor de Talleres, encabeza la lista.

Juan Cruz Komar, futbolista, estudiante de Derecho y militante político.

El fútbol vive en una burbuja desde que 22 tipos siguen corriendo detrás de las pelotas mientras que afuera del estadio vuelan balas. Algunas las tiran los hinchas, otras, la policía. Desde que los minutos de silencio fueron sólo una instancia para fingir respeto y cordialidad, desde que nadie se puso a pensar el sentido que tiene correr tras la pelota, gritar un gol y abrazar a un amigo.

El fútbol vive en una burbuja que lo mantiene en cuarentena de la realidad pero desde hace mucho más que 100 días. Los casos de Estados Unidos y Europa vinieron a demostrar que, pese a todo lo aislado que estaba el deporte de lo que le pasa todos los días a los ciudadanos de a pie, también puede ir un paso más allá y separarse del mundo de manera real y física. Estar del otro lado y en un lugar en el que vos, un simple mortal, no puede pasar.

Le hicimos creer a los jugadores de fútbol que eran una raza de superhombres y ellos aspiraron a eso. A llegar para poder “ser alguien” y poder meterse en esa burbuja de entrenamientos, diarios, aprietes y presiones y competencia descarnada para ver quién juega el fin de semana. A los jugadores le dejó de importar todo lo que está por fuera de la burbuja del fútbol, aunque firmen autógrafos sin ganas y se saquen una foto mirando para cualquier parte.

La realidad es preocupante. El deporte que más cerca sentimos los argentinos está cada vez más lejos de su gente. Y las alternativas de burbujas que separan a los futbolistas profesionales del resto de nosotros, preocupa aún más. No precisamente porque no se puedan ir a ver los partidos o por una envidia inútil de que sean ellos los protegidos, sino porque se sigue contribuyendo a esa distancia entre el fútbol y su gente. Distancia que, observándose en perspectiva y en términos distópicos, puede terminar en cualquier cosa.

El fútbol surgió del medio de los barrios, de las rivalidades entre los pueblos, de la competencia chacarera en la que se ponía sobre la cancha la piel, el tiempo y el prestigio. El fútbol fue tierra adentro hasta que los ambiciosos lo transformaron. Lo llenaron de carteles, le hicieron creer a un pibe de 14 que se tiene que matar entrenando y no ser amigo de nadie para llegar lejos y que lo importante es ser el mejor, sin importar cómo.

Hace rato que el fútbol está en una burbuja y la única manera de sacarlo de ahí es entenderlo de una vez por todas como algo nuestro que dimos a préstamo y se encargaron de agregarle tantas cosas que cada vez se parece menos a lo nuestro y más a un monstruo lleno de maquillaje. El fútbol es en cancha de tierra y con los buzos marcando los arcos. El fútbol es abrazando al amigo que se mandó un moco cuando tiró una gambeta de más. El fútbol es ir al arco después de mandarte una cagada.

Eso que vemos por la tele no es nuestro fútbol. Es lo que hicieron con el préstamo que le dimos. Lo llenaron de camisetas lindas, de pastos verdes, de publicidades, de cartones en las tribunas, de parafernalia sin sentido, de robots con el jopo que no se despeina nunca. El fútbol de verdad es popular, huele a tierra, tiene gritos y gente que alienta y una gambeta contra un árbol grande que marca el costado. El fútbol es del pueblo. Lo que se ve por la tele, es otra cosa.

Por Facundo Sánchez – Comunicador Social

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