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Fútbol

El gol eterno

Manuel Alba Olivares tenía 11 años cuando perdió la vista. Fue el 20 de octubre de 1986. Una de las últimas cosas que recuerda haber visto es el segundo gol de Diego a Inglaterra en el estadio Azteca, durante el Mundial de México, convertido el 22 de junio de ese mismo año. Su historia no es una más: fue elegida por el escritor uruguayo Eduardo Galeano para referir la pasión que genera el fútbol.

Marcelino Gasseuy

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El 13 de julio del 2002, la FIFA dio a conocer el resultado de una encuesta universal: Elija usted el gol del siglo veinte.
Ganó, por abrumadora mayoría, el gol de Diego Maradona en el Mundial de 1986, cuando bailando, con la pelota pegada al pie, dejó a seis ingleses perdidos en el camino.
Esa fue la última imagen del mundo que vio Manuel Alba Olivares.
Él tenía once años, y en ese mágico momento los ojos se le apagaron para siempre. Ha guardado el gol intacto en su memoria, y lo relata mejor que los mejores locutores.
Desde entonces, para ver fútbol y otras cosas no tan importantes, Manuel pide prestados los ojos de sus amigos. Gracias a ellos, este colombiano ciego fundó y preside un club de fútbol, fue y sigue siendo director técnico del equipo, comenta los partidos en su programa de radio, canta para divertir a la audiencia y en los ratos libres trabaja de abogado.

(Eduardo Galeano, Los hijos de los días).

Manuel Alba Olivares tenía 11 años cuando perdió la vista. Fue el 20 de octubre de 1986. Una de las últimas cosas que recuerda haber visto es el segundo gol de Diego a Inglaterra en el estadio Azteca, durante el Mundial de México, convertido el 22 de junio de ese mismo año. Su historia no es una más: fue elegida por el escritor uruguayo Eduardo Galeano para referir la pasión que genera el fútbol. Está publicada en su libro, “Los hijos de los días” (Editorial Siglo XXI).

A los cinco años al pequeño Manuel le detectaron miopía: usaba anteojos, le gustaba atajar y estudiaba en la escuela La Cienaguita. En octubre de 1986 sufrió el doble desprendimiento de retina. Accidentes, operaciones y la oscuridad. El agua del mar Caribe, la camiseta del Junior, las navidades felices y el gol de Maradona fueron, entonces, las fichas de su patria: la infancia.

“A Diego lo llevo guardado en mis memorias: ese gol mágico contra Inglaterra… soy un profundo admirador suyo. Diego es el grato recuerdo de poder ver a uno de los mejores futbolistas del mundo, junto al Rey Pelé. Para mi hubo dos: el Rey Pelé y Diego. A Pelé no lo vi jugar, pero de Diego sí puedo dar fe. De hecho, creo que es el mejor de la historia”, le dijo a la revista El Gráfico.

Y agrega: “Ese Mundial del 86 es mi recuerdo vivo del fútbol. Diego Armando ha sido el mejor del mundo. No puedo olvidar que en el partido contra Italia un trazo de su camiseta lo tenía sobre el glúteo izquierdo, afuera, cuando deja parado con un toque sutil a Giovanni Galli. No puedo olvidar que agarra la pelota contra Inglaterra, y arranca desde la mitad de la cancha driblando, y ya cuando sacó al último defensa, le sale Peter Shilton, y casi cayéndose le mete la pelota. ¡El gol de Valdano! ¡La puñalada de Burru en el 3-2! Son bendiciones que no olvido.”

Al hablar sobre su ceguera, Manuel cuenta: “Ocho días tardé en perderla después de haberme golpeado en una piscina. Me hicieron dos cirugías, las cuales se frustraron. Por año y medio seguimos en tratamiento, fue difícil rescatar los niveles de la visión y se acabaron el dinero y la paciencia. Y mientras se acababa todo aquello, se iba algo grande de mí, que era la vista. De pronto no alcanzaba a comprender tanto la magnitud de perderla, porque era un niño, y me mortificaron esas cosas. Pero con buenos amigos, una familia que siempre me apoyó y refugiado en el fútbol y la música, empecé a salir adelante. Hoy soy un hombre que vive tranquilo. Ese fútbol que tanto amo me permitió llegar a lugares del mundo a los que nunca pensé llegar”. 

“La pelota es todo para mí, es lo que me desestresa, lo que encierra las cosas bonitas de la vida, el encanto de vivir. Eso es el fútbol”. De esa manera gráfica Manuel lo que es la vida. Pero principalmente lo que representa el fútbol para él. A pesar de su ceguera mantiene una vida plena y llena de luz. Fue presidente de un club que fundó con amigos, director técnico, músico, comentarista y relator. Vive en su pueblo natal, Juan de Acosta, en Barranquilla. 

¿Qué le gustaría volver a ver? Le pregunta el periodista. Manuel Alba Olivares, responde: “A mis padres, a mis hermanos, a mi sobrino, a mis amigos. No pediría volver a ver el gol de Diego, porque no lo volvería a hacer ni él ni nadie. Esas cosas se ven una sola vez en la vida. Me quedo con ese recuerdo. Por ahí entiendo que Messi hizo uno parecido con el Barcelona. Les preguntaba a mis amigos. Pero les decía que le faltaba algo para ser de esa factura: Diego lo hizo en un Mundial, a Inglaterra, le dio una bofetada con ese problemita de toda la vida. El gol de la mano de Dios es la burla; el otro es la magia”.

Redacción Al ToqueFotos: El Gráfica

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