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El Master de Augusta y el camino de la socialización

Por Leonardo Gasseuy

Marcelino Gasseuy

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Sobrarían las palabras para definir al Master de Augusta, el señorial Major de golf que se juega en el Club Augusta National. La particular amalgama del torneo y el club invitan y permiten definirlo como algo enigmático. Es tan consistente el halo de misterio que rodea a ese todo verde, que destronan a adjetivos como racista, elitista y misógino. Formas – aunque en la actualidad algo atenuadas-  fueron el sello áurico que encierra la comunidad social, que conforman la membresía.

Los desencuentros del Augusta Club con la sociedad civil “normal” datan desde el momento de su fundación en 1933.  Los socios fundadores le dieron vida como hijo de la depresión económica americana, que sufría el crack en todos los sectores y los “dueños del país” debían encontrar un refugio físico y social para sus pares millonarios indemnes a la crisis. Esa “sacristía” privada generó una   cofradía de elite que, racismo mediante, fue conformando su filosofía y sus rancias maneras de admisión.

Los negros y las mujeres fueron excluidos de formar parte de los miembros socios. Cualquier mujer que quisiera ingresar al club debía tener una invitación anticipada y la misma debía ser aprobada. Hasta 1959 la totalidad de los empleados del predio eran de raza negra y hasta 1983 los caddies – provistos por el club – eran de color. Ese año – el último con esa modalidad- coincide con la muerte de unos de los fundadores, Clifford Roberts, que patento la frase “el golf es un deporte exclusivo de blancos con caddies negros” 

Martha Burk nació en 1941. En 2002 tenía 61 años y un corolario de muchas luchas. Por aquel tiempo era la presidenta del Consejo de Organizaciones de Mujeres de los Estados Unidos, cuando decidió que lucharía contra el Augusta Nacional Club para que permita la presencia de mujeres entre sus socias, una utopía por aquellos tiempos que presumía visibilizar una batalla pírrica.

Todo comenzó con una carta que Burk envió al Club que en forma diplomática los exhortaba, en función de ir transitando un nuevo milenio, a revisar algunas políticas internas. El cierre de la carta, que la dirigió a la persona de William “Hootie” Johnson, por entonces presidente del club – uno de los dueños del Bank ok American –  decía en su párrafo de cierre que le instamos a que revise sus políticas y prácticas a este respecto y abra su membresía a las mujeres ahora, para que esto no sea un problema cuando se realice el torneo el próximo año”.

Tiger Woods se convirtió en el primer negro en ganar el Master de Augusta en 1997.

La altanería del Augusta Nacional Club se refleja en la escuetísima respuesta a la misiva de Burk que tras saludarla con extrema frialdad solo se permite expresar que “la esencia de un club privado es la privacidad”. Lógicamente que la corporación a cargo de la junta directiva incidió en esa respuesta y describe la postura cultural de la entidad, pero resulta paradójico que esta situación enfrente a Burk con Johnson, ya que el ejecutivo, filosóficamente por actos de vida, tiene más puentes de contactos con la militante feminista que disidencias.

Johnson fue administrador del Benedict College,  históricamente negro. En 1975 asumió como copresidente del comité que desarrolló un plan para eliminar la segregación racial de las universidades en Carolina del Sur.  Encabezó una lucha para la incorporación de afroamericanos en el sector público del gobierno federal y dentro de las entidades bancarias y fue el creador de líneas de créditos blandos que beneficiaban a negros e inmigrantes. Solo la misteriosa atmosfera del exclusivo club, hacían mutar la personalidad de muchos de sus directivos, aprobando y defendiendo obsecuentemente el racismo y la misoginia.

La activista Martha Burk luchó para que las mujeres puedan ser socias del Club Augusta National.

El 20 de agosto de 2012 Augusta National admitió a sus dos primeras mujeres miembros: Condolezza Rice – ex Secretaria de Estado de Bush –  y la millonaria Darla Moore .  La lucha de Martha Burk terminó en triunfo y la férrea tradición del Club más restrictivo del mundo caía para siempre, aplastadas por un colectivo social que ya no sería detenido por nada y cambiaba la fisonomía del lugar, que dejaba de ser un enclave pacifico para hombres poderosos.

Fred Ridley, un ex golfista amateur de 52 años, abogado y desarrollista, inmobiliario de la Florida, actual presidente del Augusta National. dijo hace 15 días que vivimos en un mundo distinto, que todas las estructuras deberán acostumbrarse a distintas dimensiones desde lo social nunca antes vistas. Una de las rarezas de este nuevo mundo, anticipado por Ridley, se vio el pasado fin de semana en el propio campo de su club. Hideki Matsuyama, un japonés de 29 años, logró quedar en la historia luego de convertirse en el primer japonés en conquistar el Masters de Augusta.

Matsuyama se quedó con la edición 85 del torneo y se convirtió en el primer japonés en alzar un título de Grand Slam del golf masculino. El día de la inauguración del torneo, el vasco Jon Rahm, el segundo jugador en el ranking mundial que había sido papá ese día, dijo “mi respeto por las mujeres ha aumentado aún más, después del dolor que vi sufrir en el parto. Reivindico el género”.  Solo dijo eso y usó como plataforma el verde de Augusta. Lógicamente Ridley estaba en lo cierto, en algunos aspectos, ese mundo nuevo es mejor que el pasado.

Condoleezza Rice, la exsecretaria de Estado de Bush, fue una de las primeras mujeres socias del club.

El avance de un nuevo y digno colectivo social pisotea a quien se le cruce, llame como se llame. La desigualdad de género y el racismo no tienen más lugar en este mundo que, entre tantas falencias, nos muestra con optimismo que en forma proporcional mientras algunos más instigan a dividir y discriminar, más se despiertan los millones que pelean y custodian sus derechos.

Las viejas formas del Augusta Nacional se resquebrajan bajo esta tendencia y colorea de una manera distinta el futuro social del Estado de Georgia, que empieza a salir de su letargo tal como soñó su luchador más ilustre Martin Luther King cuando dijo que nadie se nos montará encima si no doblamos la espalda.

* Leonardo Gasseuy vive en San Francisco, Córdoba. Es empresario. Apasionado del deporte, la geopolítica y la historia.

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