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Flamencos y erizos

Por Agustín Hurtado

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Una nueva entrega de las historias y pensamientos de Mardones. En la oportunidad, el croquet.

«Quien sabe Alicia este país no estuvo hecho porque sí»…sonaba de fondo en el living de Mardones, mientras armaba una nueva clase virtual. La tarde avanzaba y las notas de Seru Girán salían del antiguo minicomponente que se había traído de su casa cuando se mudó. Chapado a la antigua, disfrutaba de escuchar música en CD, en vez de utilizar las nuevas aplicaciones como Spotify.

La Canción de Alicia en el país transcurría y Charly García entonaba una estrofa tras otra. De pronto, Madrones se detuvo en una de las frases. «Un río de cabezas aplastadas por el mismo pie, juegan criquet bajo la luna», dice el tema, que es una metáfora compleja que retrata la realidad argentina de ese momento a través de «Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas», la novela de Lewis Carroll.

El fragmento en el que se frenó Mardones hace referencia a un tramo de la obra en el que les personajes practican un juego con flamencos y erizos. Impulsado por la curiosidad, Manuel terminó de armar la clase y se puso a investigar sobre ese deporte que inspiró a Carroll primero y a Charly después.

Como buen amante de García, ya sabía la historia del tema y conocía que el cantante se había equivocado de disciplina a la hora de hacer la canción. Charly puso criquet donde debía decir croquet. Este último es el juego que practica la Reina de Corazones en el libro. Los deportes no se parecen mucho salvo por el nombre.

Ante esta cuestión, Mardones decidió que en esta oportunidad se dedicaría a investigar sobre el croquet.

Este deporte se juega con mazos de madera, parecidos a los tacos de polo, pero más chico (75 cm). Las bolas son del mismo material, miden 7 cm de diámetro y están pintadas de distinto color (rojo, amarillo, negro y azul). En el juego, estas deben atravesar arcos de 15 cm de alto. El campo reglamentario de croquet es un rectángulo nivelado y muy liso de hierba cortada casi al ras (0,30-0,50 cm; altura máxima no superior a 0,60 cm) y que tiene como dimen­siones 32 metros de largo y 25,60 metros de ancho.

Sobre ese campo se clavan dos estacas de madera, que marcan la salida y la llegada (también llamado palo de corsarios) del recorrido. Entre ambos se ubican los arcos -respetando una distancia y orientación establecida-  formando el recorrido que deberán hacer les participantes con sus bolas. La estaca de salida se coloca a un metro de la banda lateral más cercana y la de llegada en el centro.

El deporte tiene cosas del golf y cosas de las bochas. En cuanto al primero, porque se necesita una serie de golpes para atravesar los arcos que serían una especie de hoyos. El segundo, porque se va de un lado a otro de la cancha y hasta se puede golpear las bolas del rival.

Antes de comenzar, cada jugador elige sus bolas (roja y amarilla para uno y azul y negra para el otro) y se designan los turnos para ver quien empieza. Se parte de la estaca de salida y el objetivo para cada jugador es pasar las bochas por todos los arcos, en el orden y sentido correctos, tanto en el recorrido de ida (aros 1 a 6) como en el de vuelta. A esto hay que estar atento, no se puede pasar el esférico por cualquier lado de manera anárquica.

Para finalizar el recorrido la bola debe golpear el palo de llegada. Cada aro pasado por una bola y el golpe en el palo central, siempre que sea en el orden y sentido correctos, equivale a un punto. Por tanto, le ganadore de un partido consigue, al terminar el recorrido completo con sus dos bolas, 26 puntos.

La historia oficial ubica su origen en Irlanda en 1830. De allí se trasladó a Inglaterra, para convertirse en uno de los deportes favoritos de la aristocracia inglesa. Su popularidad en esos ámbitos lo llevó a estar presentes en la segunda edición de los Juegos Olímpicos Mordenos (París 1900).

Su relación con la nobleza vendría de tiempos más lejanos. Hay registros de que un deporte muy similar se practicaba en Francia allá por el 1300, denominado Paille Maille. Algunos dicen que si en el siglo XVII hubiera existido la revista Hola, hablaría de las tardes que pasaba Luis XIV -el Rey Sol- en los jardines de Versalles jugando al Paille Maille.

Por ser practicado por la nobleza, siempre estuvo relacionado al orden y al respeto por las reglas. Cada jugadore respeta su turno y no debe haber discusiones entre los mismos. Eso es imprescindible, porque en un mismo campo puede haber dos partidos desarrollándose al mismo tiempo. En ese caso, uno de los encuentros se disputa con cuatro bolas de diferente color (verde y marrón para uno y blanca y rosa para el otro).

Obviamente, hay que tener especial cuidado para evitar las posibles colisiones entre las bolas de los dos diferentes partidos. Para ello debe recurrirse a levantar y marcar la posición en el campo de una bola siem­pre que entorpezca el recorrido de otra del otro partido. En general tiene preferencia el partido en el que la bola en juego va a pasar un aro. En esto es similar al golf.

Lewis Carroll (pseudónimo elegido por Charles Lutwidge Dodgson) escribió las aventuras de Alicia en 1865, cuando el croquet estaba en su apogeo en las clases altas de la Inglaterra victoriana. Está claro que su versión tiene poco que ver con el que se disputaba en las canchas. Flamencos y erizos vivos hacen las veces de mazos y bolas. Los soldados naipes, con sus cuerpos doblados forman los arcos. El hecho de que todos los elementos estén animados le dio a la partida un desorden propio de ese clásico del género fantástico que es el libro. Carroll lo llenó de metáforas psicológicas y filosóficas, que todavía generan acalorados debates entre los expertos en literatura.

Charly, que siempre fue muy amigo de la utilización de metáforas, se sirvió de sus imágenes para crear una de las canciones de denuncia más encriptadas de la historia. Poco importó a sus seguidores de ese momento, que entendieron el juego propuesto por el cantautor, que este se equivocara de deporte, que en vez de croquet, pusiera criquet.    

Por Agustín Hurtado – Periodista y docente universitario.

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