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Franco Chiaretta, un clarificador con la pelota y un pensante como DT

El ex mediocampista de Estudiantes repasa su etapa como jugador, sus logros, las decisiones que lo llevaron a otros clubes y su visión en esta nueva faceta que encara como entrenador. “No vas a ver a un equipo de Chiaretta que tira una pelota para arriba”, sostiene.

Iván Ortega

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Franco Chiaretta es sinónimo de Estudiantes. No es ídolo. Pero su trabajo dentro de la cancha lo llevó a ser una persona muy querida en el ambiente “celeste”. Desde su gestión como entrenador también dejó buenas impresiones en los primeros pasos de la entidad de Avenida España en inferiores AFA.

Más maduro y acoplado, hoy con 37 años tiene otra perspectiva y forma de visir dentro del fútbol. En una charla a corazón abierto, Chiaretta repasa sus inicios en la actividad, los sinsabores, el título del 2009 que significó el ascenso al Argentino A con Estudiantes, los desencuentros con un técnico y las concepciones que tiene como entrenador.

Franco ya mostró su potencial, no sólo desplegó su fútbol vistiendo las camisetas de Estudiantes (2002 – 2013 y 2015), Atlético Adelia María (2006), Alianza de Coronel Moldes (2013), Lautaro Roncedo (2014), Juventud Unida de Río Cuarto (2015 – 2017), sino también siendo entrenador en Juveniles AFA de Estudiantes, donde fue finalista con la Cuarta División, y un trabajo de cuatro meses en el plantel superior de Herlitzka de Las Vertientes, que lamentablemente no pudo sostenerse.

La propuesta inicial es comenzar sobre los primeros pasos de Chiaretta. Y la respuesta es inmediata.

– ¿Dónde comenzó todo?

– Arranqué de grande, a los 11/12 años más o menos. Mi familia no permitía jugar en los clubes, era un concepto familiar mal visto. Mi papá y mi abuelo paterno nunca vieron al fútbol como real interés. Del lado materno sí. Fui a la escuela de Claudio Marangoni cuando era chico, mi profe era Hugo Mattea. Luego fui al Complejo Gallo Padel, donde había una escuelita de fútbol y el profe era Joaquín Mora, él fue el que me insistió para sumarme a Estudiantes. Ahí inicié, con Joaquín Mora como técnico en Estudiantes también, con una categoría 84 ya formada desde cancha chica y jugadores técnicamente muy dotados.

– ¿Siempre como volante ofensivo?

– Llegué para jugar de enganche, el típico enganche. Entré en la línea B, con un libre de pases ya cerrado, a mediados de año y sólo entrenaba. Eran dos grupos, A y B, tremendo, con grandes jugadores que todo el tiempo competían por un lugar. Esa 84 tuvo un crecimiento muy parejo y constante, que ahora te das cuenta cómo creció, porque en ese momento, a los 12 años, lo vivías bastante inconsciente.

– ¿Diabético desde siempre?

– Soy diabético desde los once años, ese fue uno de los disparadores para que yo empiece a hacer actividad física y para que mis padres interpreten el mensaje de que yo debía hacer fútbol. La posibilidad de entrenar todos los días fue uno de los pilares para mantener en condiciones normales mi enfermedad.

Chiaretta: “Mi familia no permitía jugar en los clubes, era un concepto familiar mal visto“.

– ¿Cuándo se produce el salto a Primera?

– El debut en Primera fue una experiencia muy bonita, llegó con 17 años con el ‘Tío’ (Ricardo) Sevila en 2002. Empezamos a jugar Liga local, con los referentes enfocados en el Argentino A. No había un gran presupuesto para sumar más jugadores y fue ahí donde nosotros, siendo muy chicos, tuvimos mucha responsabilidad. Ese año particularmente jugamos muy bien, pero no ganábamos. Terminamos la temporada jugando una promoción con San Cayetano para salvar la categoría. Fue un golpe importante para poder crecer.

– ¿Eran épocas de “vacas flacas”?

– Desde chico dejamos todo en Estudiantes, lo hacíamos por amor al club y por el sólo hecho de vestir la camiseta. Mucha experiencia, mucho amor propio, y el defender el club. Recuerdo una vez, jugando Liga local, que fuimos a cobrar con Di Santo y Diego Mancilla y nos dieron $12,50, a plata de hoy nos alcanzaba para la entrada del boliche y un vaso de fernet. Fue algo muy digno pertenecer a esa época donde económicamente el club no estaba muy bien, pero si se repitiera elegiría no volverlo a hacer.

– El ascenso 2009 te agarra más maduro…

– Hubo un proceso muy grande, mucha madurez a nivel grupal. En un primer momento, con Juan Irigoyen, había una gran cantidad de refuerzos que no lograron convencer. Luego llegó Hugo (Mattea), hubo lugar a los chicos del club y se dio algo mágico, no sólo por el título, sino también por el vínculo que aún hoy mantenemos con chicos de ese plantel. Juan Palandri, José Mancinelli, Nico Rodríguez, el Negro Carrizo, otra persona magnífica, el Flaco Bottino, y otros tantos. Se creó un clima de confianza mutua, desde el grupo de jugadores, el técnico y la conducción dirigencial que hacía poquito había asumido.

– ¿Fue el logro más recordado en este camino?

– Ese año fue muy particular porque también nació mi hija. El ascenso fue la frutilla del postre. Pasó algo mágico en el 2009, logros personales muy festejados. Creo que la gente también lo vivió así, porque eran todos conocidos, chicos del club a los cuales el hincha recuerda mucho. Más allá de lo que pasó en el último tiempo en Estudiantes, creo que el día a día de aquel plantel fue maravilloso.

– ¿Lo que vino después se disfrutó, se sufrió, hubo mucha presión?

– El posterior Argentino A fue tremendo, tenía equipos de mucha jerarquía y con aspiraciones de ascenso. Talleres de Córdoba, Santamarina de Tandil, Desamparados, Juventud Unida de San Luis. Fue una experiencia muy linda que nos permitió vivir Estudiantes. Debo decir que se disfrutaron mucho esos partidos.

– ¿Cuándo finaliza esa relación Chiaretta – Estudiantes?

– Me voy después del descenso al Argentino B. Fue consensuado con la Comisión Directiva, el presidente Gualtieri estuvo muy mal acompañado ese año y conmigo ocurrió una incoherencia total. Uno de los dirigentes me propuso agarrar un trabajo durante 3 meses, dejando de ser jugador y posteriormente sumarme. Es por eso que decidí dar un paso al costado y probar otras cosas.

– ¿Qué significó pertenecer a Alianza de Coronel Moldes en 2013?

– Alianza fue clave en mi carrera, una etapa de mucho aprendizaje. Llego a Moldes por Irigoyen. Ahí conocí dinámicas distintas, formas de ser distintas y estoy hablando de una misma región y misma Liga. Hubo cuestiones como fumar antes de un partido o salir de noche que yo veía que hacían algunos jugadores y eran medianamente aceptadas. A eso me refiero cuando hablo de cosas distintas que vi entre Estudiantes y otro club. Pero también me quedo con los grandes jugadores que había, desde Peki Núñez, el Chivo Reynoso, Felipe Mugnaini, Lucio Constantini. Yo llego para reemplazar a Diego Heredia, uno de los jugadores con quien me hubiera gustado compartir cancha.

– ¿Y cómo finaliza ese paso?

– Estuve en Alianza hasta los primeros tiempos de Néstor Billalva. Tuve una situación bastante rara con el Chiqui, fuimos de pensar distintos, tener intenciones distintas y otros conceptos. Hoy en día con Billalva puedo compartir un café y está todo súper bien, pero sé que nunca nos vamos a poner de acuerdo.

– ¿El pasado de ambos pudo influir? Uno de Atenas y el otro de Estudiantes…

– No creo. Porque tengo una gran relación con la gente de Atenas. En más de una oportunidad he ido a jugar al tenis al club e incluso me he quedado a comer. Siempre hubo un gran respeto con esa gente. De mi parte nunca hubo nada que haya influido, pasó más por decisiones que fue tomando Billalva.

– ¿Qué vino después?

– Luego de mi paso por Alianza había decidido dejar de jugar, estaba bastante desgastado y había comenzado a trabajar de otra cosa con mi hermano. Pero apareció Roncedo, otro gran club, con buena gente y un plantel muy competitivo. Ahí llegué a jugar las finales con San Martín de Vicuña Mackenna en 2004, algo inimaginable porque el objetivo era no descender.

– ¿Y cómo se produjo la llegada a Juventud Unida?

– Pasó 2014, me llama Julio Titarelli y me ofrece ir a Juventud Unida de Río Cuarto. Entre tires y aflojes terminé aceptando y empecé a transitar una nueva experiencia en un club que era totalmente nuevo y se hacía de experiencia. En el medio tuvo seis meses en Estudiantes, con Mattea nuevamente, pero ya estaba en otras condiciones en mi vida, el trabajo no permitía estar al 100 por 100 del club y me di cuenta que no podía jugar en Estudiantes. Me hubiera encantado seguir  retirarme en mi club, pero las condiciones no se dieron. En ese 2015 se genera una anécdota muy graciosa. A Hugo Mattea lo llaman desde el complejo El Águila en el medio de un entrenamiento en Estudiantes, atiende y dice ‘ahí te pasó con el coordinador’. Inmediatamente me pasa el teléfono y yo estaba como jugador entre medio del grupo (risas). Otra de las cosas particulares que hacen a la personalidad de Hugo.

– ¿Se da un ida y vuelta a Juventud?

– Vuelvo a Juventud Unida e inmediatamente me sumo a un grupo de jugadores con una jerarquía tremenda. Hicimos un gran campeonato y llegamos hasta la final con Atenas, que venía con un laburo de más tiempo y con su jerarquía. Luego aparecemos por invitación al Federal B y me dirige Jorge Grassi, otro referente que tengo dentro del fútbol. Jorge tiene una entereza que lo supera como técnico, me ayudó mucho a crecer como persona, y creo que ese 2016 fue el último año que me sentí jugador de fútbol.

– Pero tu carrera sigue un tiempo más…

– En 2017 me dirige Manzana (Darío) Bringas y empezaron otro tipo de charlas. La cabeza estaba dispuesta a que deje de jugar, el físico no me ayudaba y el técnico me empezó a brindar la opción de ser ayudante de campo. Me negué. Indudablemente por el gran apoyo que tuve de Pablo Barraza, quien como PF me llevó hasta el máximo en condiciones. Aunque al final de esa temporada me junté con ellos y decidí dejar.

– ¿Qué significó compartir cancha con tu hermano?

– Fue un regalo hermoso, que no pudimos afianzarlo durante mucho tiempo, pero fue una gran satisfacción.

– ¿Un técnico?

De todos aprendí algo. Me quedo con Jorge Grassi y Hugo Mattea, independientemente de que tengan conceptos distintos son los que pongo en el primer nivel. Después viene Pedro Catalano, una gran persona, que tiene una gran chapa y que vino con total humidad para enseñarnos. Otro fue el ‘Pájaro’ Domizzi, un loco, que vino en nuestras carreras un tanto tarde. Domizzi me enseñó un montón, pero yo ya tenía 29 años, pero es un loco, eso hizo que quizá no se vaya bien.

– ¿Qué cosas tenía Domizzi de loco?

– Por las formas, de tratar y de vincularse. Siempre actuó a la defensiva dentro del club, creo que nunca entendió el ADN del jugador de Estudiantes, mucho menos de ese plantel que estaba plagado de buena gente. No soy quien para juzgarlo, a lo mejor ha tenido otras experiencias que lo llevaron a pensar así. Pero me gusta quedarme con lo que me enseñó, y desde lo táctico fue un adelantado.

– ¿Un compañero?

– Todos. Porque aprendí mucho. Amigos: Andrés Aimar, Guille Puñet, Nico Foglia, José Mancinelli, Juan Palandri. Como compañero es imposible elegir a uno porque todos me han dejado un montón de enseñanzas.

– ¿Un jugador?

Andrés Aimar. Un despliegue único, una entrega, una entereza, un inteligente. Él veía cosas que otros no veían, además de ser una persona muy humilde y de muy bajo perfil. Un escalón más abajo lo pongo al Bocha Rodríguez y al Colo Cabrera.

– ¿Un partido consagratorio?

– Un partido contra Racing de Córdoba en Nueva Italia, empatamos uno a uno y jugué un partido bárbaro. Ese y los dos cruces que tuvimos con Desamparados de San Juan, donde además de jugar bien hice un gol en un partido que terminamos con 9 jugadores.

– ¿Un gol?

– Federal B. Contra Sportivo Del Bono. Cancha de Estudiantes. Teníamos que ganar para jugar la final contra Crucero del Norte. Ese gol nos dio y me dio mucho. El otro que se festejó mucho a nivel grupal fue el que decía contra Desamparados.

– ¿Un rival?

– De Liga local, Federico Tomassini, un insoportable, que después tuve la suerte de tenerlo como compañero en Moldes y es un chico bárbaro. En Argentinos A y B me quedo con Hernán Lamberti, hoy capitán de Platanse, y Buffarini, un tipo que nos pasaba a cada rato, con una dinámica increíble, que era muy intenso.

– ¿Qué te ha dejado tu paso por Herlitzka, como primera experiencia en plantel superior?

– Herlitzka es un club bárbaro para trabajar, pudimos imponer una idea de juego muy rápido. En cuatro meses podemos decir que Herlitzka jugaba bien, tuvimos una respuesta impresionante por parte de los jugadores, y nosotros como cuerpo técnico maduramos un montón. Hubo un gran acierto que fue la incorporación de Mauro Grassi, hijo de Jorge, quien me llamó para sumarse como videoanalista. Mi primera respuesta fue que no había presupuesto para sumar a otro integrante, pero él tuvo muy en claro que se sumaba para aprender, porque está de paso. Mauro no quiere ser sólo videoanalista, sino un gran técnico. Los resultados también se vieron en poco tiempo, nosotros terminamos acoplándonos al excelente trabajo que hizo.

– El cuerpo técnico de Chiaretta, ¿se adapta a lo que hay o lleva su idea?

– Nosotros nos adaptamos a lo que el club y el jugador necesita, independientemente de que la identidad no la vamos a perder nunca. No vas a ver a un equipo de Chiaretta que tira una pelota para arriba, no quiere decir que nunca vaya a suceder, pero va a haber un criterio para hacer eso. Después hay ciertos valores que se manejan, me gusta que mis jugadores sean agresivos con la pelota y no que sean guapos pegando una patada. El objetivo es formar personas, tener jugadores integrales, que el fútbol le sirva como herramienta. Dentro de la cancha también sigo convicciones, pierdo bajo lo que pienso y no haciendo cualquier cosa.

– ¿Sos de socializar esos conceptos?

– En ideas aprendo mucho de Juan Palandri, entre una de las cosas es la forma de defender, porque él lo hace en zona y yo mixto. Solemos confrontar, teneos distintas ideas, pero nos terminamos enriqueciendo ambos. Ojalá algún día podamos volver a compartir un cuerpo  técnico, porque considero tenemos un gran potencial. Con Andrés Aimar también aprendí mucho, tuve la suerte de compartir vestuario y una amistad, obviamente no lo vamos a volver a ver como técnico, porque no son sus intenciones, pero desde conceptos le deja mucho a sus amigos.

– ¿Cuáles son las intenciones a futuro?

– Nosotros queremos seguir demostrando lo que sabemos, queremos manifestar desde la acción nuestra identidad. Estamos preparados para cualquier categoría, con ideas claras y plasmadas en cancha. Esperemos que la pandemia afloje y nos dé esa posibilidad desde la salud y desde lo económico.

– Hoy en día Estudiantes apuesta mucho más a inferiores. ¿Ves grande el salto a la Primera Nacional?

– Estudiantes tiene grandes jugadores en formativas, lo digo con conocimiento porque tuve la oportunidad de trabajar con ellos. Las camadas próximas pueden tener muchas chances de dar el salto a la primera división, pero necesitan de un proceso más largo, porque hoy en día hace sólo cuatro años que pertenecen a AFA. Creo que aún necesitan una preparación más integral, que imagino que puede llegar en un par de temporadas más.

Redacción Al Toque

Este artículo es fruto del trabajo autogestionado de Al Toque Deportes. Estamos preparando un modelo para que nos acompañes y estemos cada día más cerca.

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