Fútbol
Fútbol, rebelión y muerte
Vista desde la Mirada eurocéntrica, o bien occidental, África parece homogénea, en base a estereotipos étnicos, culturales, y también futbolísticos. Pero lo cierto es que África es tan diversa como puede serlo América o Europa, o cualquier otro continente.
Básicamente, se podría decir que el Desierto del Sahara divide al continente en dos: al sur la llamada “África Negra”, y entre el desierto y el Mar Mediterráneo, el “África Árabe”, también llamada Magreb, que en idioma árabe significa poniente, en contraposición al Mashrek, que significa naciente o levante. Es decir, la región se autodefine más en relación al mundo árabe, que va desde Marruecos hasta Irak, y en este aspecto, siempre ha sido fundamental Egipto, casi como una bisagra entre ese Magreb y ese Mashrek. En cuanto al fútbol, también aplica esta definición, Egipto es más un equipo árabe que africano. Es decir, se puede parecer un poco más a Argelia o Marruecos (salvando las distancias) que a Costa de Marfil, Senegal o Cabo Verde.
Corazón árabe
Pero yendo a otros aspectos, también Egipto ha sido fundamental para ese Mundo Árabe. Desde el punto de vista geográfico, ya dijimos que es una bisagra entre el Magreb y el Mashrek, desde el punto de vista demográfico, es el país árabe con mayor población (120 millones de habitantes), y desde el punto de vista histórico, fue el lugar de nacimiento del panarabismo, surgido de uno de sus mejores gobernantes: Gamal Abdel Nasser. Este líder nacionalista y también panarabista fue quien tomó la decisión soberana de nacionalizar el Canal de Suez, en 1956, decisión que molestó a los imperialismos europeos y provocó una guerra en la que también participó Israel.
Entre 1958 y 1961 existió la República Árabe Unida, que fue la unión de Egipto con Siria, y que tenía como intención (luego trunca) seguir incluyendo pueblos hermanos. Porque en el mundo árabe sucede algo parecido a lo que sucede en Latinoamérica, son pueblos hermanos, con la misma lengua, la misma religión y la misma cultura, y las divisiones siempre han sido producto de intereses foráneos. A la muerte de Nasser, en 1970 lo sucedió Anwar al Sadat, quien pactó la paz con Israel, una actitud tomada como traición por los palestinos, y por muchos egipcios también. Fue asesinado en 1981 y lo sucedió Hosni Murarak, quien gobernó dictatorialmente durante 30 años. Hasta que todo estalló a principios de 2011 con la llamada Primavera Árabe.
Hacia el fin de la primera década de este siglo, el fútbol egipcio pasaba por una época de oro. La selección había ganado tres Copas de África consecutivas: 2006, 2008 y 2010. Y el Al Ahly de El Cairo había salido campeón de tres Champions League africanas: 2005, 2006 y 2008. Había un protagonista de todos esos logros, Mohamed Aboutrika, el modelo de Mohamed Salah, tanto en lo futbolístico como en lo humano. Llegaron a compartir el vestuario de la selección entre 2012 y 2013, y “El Faraón”, que hoy liderará a sus compañeros contra Argentina, fue quien tomó la posta de Aboutrika.


La Liberación
Pero volvamos a ese enero de 2011, cuando el pueblo egipcio estalló contra la tiranía. La Plaza Tahrir de El Cairo fue el epicentro de tanta bronca, y empezó a llenarse de camisetas de los dos equipos de la capital. Como ejemplo de lo que puede lograr el fútbol, se juntaron en las protestas las camisetas rojas del Al Ahly y las blancas del Zamalek, los dos acérrimos rivales del fútbol egipcio. La hora histórica los convocaba, y sus viejas batallas en tribunas quedaron de lado para aunar fuerzas en pos de la nación y de la liberación, que es el significado en español de la palabra Tahrir.
La primera reacción del régimen fue la de siempre: una represión despiadada, que en este caso se llevó por delante 800 vidas. Pero el pueblo y las hinchadas del Al Ahly y el Zamalek siguieron firmes en la Plaza de la Liberación, y después de 18 días de protestas masivas, el tirano Mubarak no dio más y huyó como una rata a su exilio dorado en Arabia Saudita.


La venganza
Un año después de aquella gesta, el 1º de febrero de 2012, se enfrentaban por la liga egipcia dos grandes enemigos: el Al Ahly, el equipo del pueblo, cuyos hinchas habían sido fundamentales en aquellos días de la Plaza Tahrir, y el Al Masry, un equipo muy cercano políticamente al régimen depuesto. El partido se jugaba en la casa del Al Masry, en Port Said, a orillas del Mediterráneo. Era la crónica de una tragedia anunciada.

El partido terminó 3 a 1 para los locales, pero eso fue lo de menos. Apenas el árbitro decretó el final, hubo invasión de hinchas del Al Masry, pero no para festejar con sus jugadores, sino para abalanzarse contra los jugadores visitantes y, sobre todo, entrar a las tribunas de los hinchas del Al Ahly. Con toto tipo de armas blancas, fue clara la complicidad de las autoridades y la policía. El saldo fue espantoso: 74 muertos. Fue la Tragedia de Port Said, de la que fue testigo aquella leyenda del fútbol egipcio: Mohamed Aboutrika, el ejemplo que siempre siguió el actual Faraón, Mohamed Salah, quien hoy desafiará a Messi y compañía.
Gráfico: Al Toque
Este artículo fue posible a la autogestión de periodistas. Hoy necesitamos de vos. Te invitamos a que seas parte de la comunidad de Al Toque Deportes asociándote con un mínimo aporte mensual
-
Fútbolhace 7 díasLa Liga Regional confirmó los recesos y la apertura del libro de pases para el Clausura
-
Federal Ahace 5 díasAtenas se reforzó con cuatro incorporaciones para encarar la segunda rueda del Federal A
-
Asociadoshace 7 díasLos números de un protagonista: San Martín cerró el Apertura como el equipo más goleador y peleó hasta el final
-
Fútbolhace 5 díasCabo Verde queda muy, muy cerca


