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Historias olímpicas: un riocuartense estuvo presente en México 68 cuando nació el Black Power

Por Marcelino Gasseuy

Marcelino Gasseuy

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Juegos Olímpico México 1968

En los Juegos Olímpicos Melbourne 1956, la delegación argentina iba a sentir el impacto de la intervención política y militar en la actividad deportiva. La Revolución Libertadora (bien llamada Fusiladora por el periodista e historiador tucumano José Luis Torres), a través de la nefasta Comisión Investigadora de Irregularidades Deportivas Nº 49, dejó afuera de los Juegos a una brillante camada de deportistas por haber cometido el delito de proclamarse peronistas.

La delegación presentó sólo 28 deportistas y la actuación fue paupérrima con la obtención de apenas dos medallas, una de plata y una de bronce. Fue el prólogo de esa negra etapa denominada por Alfredo Aguirre genocidio deportivo, proceso que hasta el día de hoy propina sus secuelas.

El remero Eduardo Guerrero, ganador de la medalla dorada en Helsinky 1952, y el fondista Osvaldo Suárez, triple ganador de la maratón de San Silvestre en los años siguientes (1958, 59 y 60) se vieron imposibilitados de competir en suelo australiano.

Juegos Olímpicos Melbourne 1956.

El que no se vio inhabilitado para participar fue el jinete Naldo Miguel Dasso quien junto al equipo de salto obtuvo una mención especial por terminar en el cuarto lugar. Una gran investigación del periodista Gustavo Veiga en Página 12 permite conocer que Dasso fue un militar que reprimió y secuestro personas en Entre Ríos durante la última dictadura militar. En el 2020 fue condenado a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad, ya que se le imputan tres desapariciones, en dos causas diferentes. Pero a pesar de estos infortunios sucesos y la escasa obtención de medallas, para Río Cuarto Melbourne 1956 siempre permanecerá en el recuerdo porque el boxeador Víctor Zalazar obtuvo la medalla de bronce en la categoría medianos.

En su recorrido consagratorio Zalazar enfrentó a pugilistas europeos. En primera ronda venció por puntos al sueco Stig Karl Olof Sjölin y del mismo modo le ganó en cuartos de final al alemán Dieter Wemhöner. En semifinales el soviético Giennadij Szatkow, quien a la postre sería el ganador de la medalla de oro, derrotó a Zalazar por nocaut en el segundo round, debido a lo cual éste último compartió la medalla de bronce con el francés Gilbert Chapron, el otro semifinalista derrotado.

Roma 1960 encontró al mundo con la Guerra Fría en su máximo esplendor. Durante trece días Estados Unidos y la Unión Soviética trasladaron su enfrentamiento político y comercial al ámbito deportivo. En esos Juegos Olímpicos la URSS volvió a demostrar su potencial y terminó en el primer lugar del medallero.

La delegación argentina presentó 91 deportistas, con la particularidad de que todos fueron varones. El equipo olímpico obtuvo dos medallas, una de plata y otra de bronce. En el medallero general ocupó la posición vigesimoséptima sobre ochenta y tres países participantes Río Cuarto tuvo presencia en suelo italiano con el nadador Fernando Fanjul. Nacido en Buenos Aires pero riocuartense por adopción, Fanjul formó parte del equipo de natación junto a Pedro Diz y el inolvidable Luis Alberto Nicolao.

Juegos Olímpicos Roma 1960.

Con dos Campeonatos Sudamericanos bajo el brazo, Fanjul realizó su presentación olímpica en los 200 metros mariposa. Fue tercero en la quinta serie de eliminatorias sin poder acceder a la semifinal. Su tiempo fue de 2:25.2. En su carrera deportiva Fanjul posee una enorme cantidad de consagraciones, pero uno de sus logros más trascendentales es haber sido el inspirador del nadador más importante que dio la Argentina: Luis Alberto Nicolao.

El propio Nicolao se encarga de contar la sorprendente historia: “Todo el primer año que me llevaron al club jamás me tiré a la pileta. Me escapaba, cuando llegaba al primer lugar de la fila, bajaba las escaleras y volvía al último y así hasta que terminaba la clase. Le tenía terror al agua. Hasta que un día presencié una competencia y vi nadar a Fernando Fanjul, un tipo chiquito pero muy veloz, un extraordinario deportista que fue muchas veces campeón sudamericano. Se ve que algo me atrapó y a partir de ese momento me propuse ser como él”.

Son muchos los especialistas del deporte olímpico que coinciden en afirmar que los Juegos Olímpicos de México 1968 fueron los más asombrosos de la historia. En la ciudad situada a 2.600 metros sobre el nivel del mar, generando condiciones favorables para ciertas especialidades, varios atletas lograrían establecer plusmarcas inolvidables. Fueron los Juegos de Bob Beamon, Tommie Smith, Lee Evans, John Carlos, Dick Fosbury, Charlie Green, Larry James y otros tantos deportistas que hicieron historia en suelo azteca. Pero, más allá de las hazañas deportivas, México fue el escenario de uno de los momentos más sorprendentes que se suscitó en un evento deportivo: el movimiento Black Power.

Los Juegos se inauguraron con un inmenso dolor y manchados con sangre porque el pueblo mexicano había sido atravesado por la denominada La Matanza de Tlatelolco, en donde el 2 de octubre de 1968 militares reprimieron y asesinaron a cientos de estudiantes que se manifestaban en la Plaza de Tlatelolco.

El atleta Dick Fosbury revolucionó el salto en alto en México 1968.

El 12 de octubre se abría el telón de los Juegos Olímpicos y en ellos iba a emerger un grupo de deportistas que iban a dignificar y reivindicar a los atletas negros estadounidenses. Encabezados por Tommie Smith y John Carlos, miembros del Proyecto Olímpico Pro Derechos Humanos, los atletas le mostraron al mundo sus protestas contra la segregación racial en su país.

En el podio de ceremonia de entrega de medallas de la carrera de 200 metros, Smith y Carlos levantaron sus puños enfundados con guantes negros y humillaron sus cabezas mientras sonaba el himno nacional estadounidense. En el palco los reaccionarios dirigentes del Comité Olímpico Internacional (COI), presidido por el estadounidense filonazi Avery Brundage, recibieron el gesto como una inmensa provocación. A la mañana siguiente, Smith y Carlos fueron expulsados de la Villa Olímpica. Pero su mensaje se transformó en eterno.

Smith y Carlos en el momento que realizan su protesta en el podio de México 1968.

Sin saber que el destino deportivo lo ubicaría en ése lugar, el boxeador riocuartense Ángel “Tito” Pereyra formó parte de los Juegos Olímpicos que inmortalizaron a Tommie Smith y John Carlos.  El pugilista formó parte del combinado de boxeo en el que se encontraba, entre otros, Víctor Galíndez.

Combatió en la categoría supermosca y terminó en el puesto decimosegundo. Venció en el combate de la primera ronda preliminar al australiano Robert Carney y perdió en la segunda ronda preliminar ante el japonés Tetsuaki Nakamura. Tenía apenas 19 años cuando representó al país en territorio mexicano.

Redacción Al Toque

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