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Mafalda y el deporte

Referencias al deporte en las historietas, la opinión de Quino sobre el fútbol como fenómeno social, la tapa que le dedicó el diario Marca de España, un texto del gran Ariel Scher y algunas cosas más. En fin, un pequeño homenaje al enorme y eterno Quino. ¡Gracias por siempre, maestro!

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Se nos fue un imprescindible. Joaquín Salvador Lavado Tejón, conocido popularmente como Quino, falleció este miércoles a los 88 años. Sí, se nos fue un grande, pero también es raro decirlo así porque tipos como Quino serán eternos desde sus obras. Basta sólo con hablar de Mafalda para demostrarlo. Fue la obra maestra de uno de los mejores humoristas gráficos de habla hispana. Uno de los mejores del mundo.

https://www.instagram.com/p/CFxOybsAr4A/?igshid=b5xhtx0dstvl

Por eso este pequeño homenaje a alguien que consideramos un maestro, porque muchos de nosotros hemos crecido y aprendido a leer con las historietas de la inmensa Mafalda. Su estilo muy particular, su familia, sus amigos y todo lo que rodeó a la tira nos explicaba el mundo. Nos siguen explicando el mundo. Es qué, a más de 50 años de su nacimiento, las historietas siguen teniendo vigencia. Muchísimas son las tiras que merecen siempre ser recordadas y analizadas, pero por nuestro tinte deportivo vamos a repasar las referencias al deporte, sobre todo al fútbol, en las historietas y la opinión de Quino sobre el fútbol como fenómeno social.

Simplemente Mafalda.

Quino no fue un fanático apasionado del fútbol como por ejemplo Roberto Fontanarrosa, hablando entre grandes. De hecho, no le interesaba mucho. “Nunca lo practiqué, no lo entiendo. Sólo dos veces en mi vida fui a una cancha; no me gusta nada”, le dijo en una entrevista a fines de los ’60 a Rodolfo Braceli. Pero sí le llamaba la atención por todo lo que generaba. “No es una cosa que me atraiga como deporte, sino que me interesa mucho como fenómeno social”, expresó Quino durante la Feria Internacional del Libro del 2000, realizada en La Paz, Bolivia. Explicaba: “Me intriga la ceguera que crea y que no se da en otros deportes. Siempre me pregunto que lleva a la hinchada a ser tan violenta”.

Sin embargo, y para alegría de los hinchas de Independiente, en una entrevista con Santos Biasatti en 2013, Quino confesó ser simpatizante de “los diablos rojos de Avellaneda”. “Me encanta como fenómeno social”, volvió a remarcar en esa oportunidad.

Y así se reflejó en sus historietas. Acá algunos ejemplos.

Como toda su obra es para ver “una vez, otra vez y siempre más”, como escribió Ariel Scher. Por eso ayer lo despedimos con un “hasta siempre”, porque siempre estará. Mafalda y toda su obra será eterna.


“Dentro y fuera de Mafalda, Joaquín Salvador Lavado representó, representa, seguirá representando el estado de las cosas en el mundo: a veces en forma dolorosa, pero siempre desde una profunda humanidad”

EDUARDO FABREGAT EN PÁGINA 12

Otras historietas

La tapa especial de Marca

El diario deportivo español le dedicó su tapa al ajustado triunfo del Real Madrid, pero de un modo muy especial: con Mafalda y homenajeando a Quino. “¡Que suplicio es conseguir que entre la pelotita!” salió desde el globo de diálogo de Mafalda en alusión al 1 a 0 del conjunto de Zidane frente a Valladolid.

Otro homenaje desde españa. en este caso, de Sphera Sports, medio nativo digital de barcelona.

De Ariel Scher, para Quino

El periodista, redactor, entrevistador, cronista y varias cosas más, le dedicó uno de sus tradicionales textos en su cuenta de Instagram a Quino y Mafalda. Para leer y, como siempre, disfrutar.

“La Tía Genoveva se casó vestida de diez colores con un ejemplar de Mafalda en la mano derecha, como creía que debían casarse o no casarse las pibas de cualquier tiempo. A su socio de boda le decía Miguelito o Manolito aunque en la cédula constara un nombre que no era ese y le había explicado que no lo hacía por empecinamiento mafaldiano sino porque Manolito y Miguelito, compañeros de Mafalda, le inspiraban lo más profundo de la ternura y lo más transparente del amor. A su primera hija la llamó Libertad porque nadie en ninguna vida le iba a provocar más identidad y más libertad que Libertad, la amiga de Mafalda que invitaba a la libertad en cada cuadrito. Y a su segunda hija, también. “No podés ponerles a las dos chicas igual”, le bramaron voces indignadas. “Hasta Susanita, la otra amiga de Mafalda, lo hubiera entendido”, replicó. La Tía Genoveva ratificó el nombre. Como a millones de personas, Mafalda y Quino le habían permitido comprender que nada de lo que sucede es natural y que la vida es un juego frágil y extraordinario en el que lo mejor que se puede hacer es jugar.

Por todo eso, fue la Tía Genoveva quien nos regaló nuestros primeros ejemplares de Mafalda, por supuesto que no en un día de cumpleaños -una ortodoxia incongruente con lo que surge de Mafalda- sino un día en que resolvió que era hora de sugerirnos que existir tiene que ver con la gracia y con el pensamiento, con la duda y con la observación, con el compromiso y con la esperanza, con el sentido crítico y con la imaginación.

Y fue la Tía Genoveva a quien primero ubicamos cuando llego la noticia de que Quino había muerto durante un miércoles de tristeza. Para que nos sintiera cerca, le mencionamos que Quino era maestro de dibujo y de humor, de creatividad y de audacia, de inteligencia y de síntesis, de bondad y de belleza. Nos agradeció enseguida y nos rectificó levemente. “Maestro de humanidad”, abrevió. Después abrazó a su Miguelito o Manolito, sonrió rumbo a cada Libertad y a cada libertad de su existencia y leyó Mafalda una vez, otra vez y siempre más.”

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La Tía Genoveva se casó vestida de diez colores con un ejemplar de Mafalda en la mano derecha, como creía que debían casarse o no casarse las pibas de cualquier tiempo. A su socio de boda le decía Miguelito o Manolito aunque en la cédula constara un nombre que no era ese y le había explicado que no lo hacía por empecinamiento mafaldiano sino porque Manolito y Miguelito, compañeros de Mafalda, le inspiraban lo más profundo de la ternura y lo más transparente del amor. A su primera hija la llamó Libertad porque nadie en ninguna vida le iba a provocar más identidad y más libertad que Libertad, la amiga de Mafalda que invitaba a la libertad en cada cuadrito. Y a su segunda hija, también. "No podés ponerles a las dos chicas igual", le bramaron voces indignadas. "Hasta Susanita, la otra amiga de Mafalda, lo hubiera entendido", replicó. La Tía Genoveva ratificó el nombre. Como a millones de personas, Mafalda y Quino le habían permitido comprender que nada de lo que sucede es natural y que la vida es un juego frágil y extraordinario en el que lo mejor que se puede hacer es jugar. Por todo eso, fue la Tía Genoveva quien nos regaló nuestros primeros ejemplares de Mafalda, por supuesto que no en un día de cumpleaños -una ortodoxia incongruente con lo que surge de Mafalda- sino un día en que resolvió que era hora de sugerirnos que existir tiene que ver con la gracia y con el pensamiento, con la duda y con la observación, con el compromiso y con la esperanza, con el sentido crítico y con la imaginación. Y fue la Tía Genoveva a quien primero ubicamos cuando llego la noticia de que Quino había muerto durante un miércoles de tristeza. Para que nos sintiera cerca, le mencionamos que Quino era maestro de dibujo y de humor, de creatividad y de audacia, de inteligencia y de síntesis, de bondad y de belleza. Nos agradeció enseguida y nos rectificó levemente. "Maestro de humanidad", abrevió. Después abrazó a su Miguelito o Manolito, sonrió rumbo a cada Libertad y a cada libertad de su existencia y leyó Mafalda una vez, otra vez y siempre más.

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Redacción Al Toque

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