Fútbol

No es solo Malvinas, no es solo fútbol

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Mariano Saravia

Periodista y especialista en Relaciones Internacionales.

Es solo un partido de fútbol y punto”, dijo Leonel Scaloni, el director técnico de la selección. Y está muy bien que diga eso, sobre todo, pensando en los hinchas de ambas selecciones que van a estar cruzándose todo el tiempo en Atlanta. Pero todos sabemos que no es así, que, en torno al fútbol, siempre hay mucho más que un partido. Porque una cosa es el partido, el deporte, digamos. Y otra cosa muy distinta es el fútbol como fenómeno social, popular y masivo.

Y este miércoles, como pocas veces, tendremos la certeza de estar frente a un evento histórico. Lo sabemos desde ya, lo sabíamos desde que surgió la posibilidad de cruzarnos en una semifinal de un mundial, mientras hacíamos cuentas y pronósticos. Pase lo que pase, va a ser un hecho histórico, porque será recordado por siempre, por unos y otros. Ojalá para nosotros, sea en el futuro un buen recuerdo.

En 1986, antes del partido de cuartos de final del mundial, mientras estaban en la concentración en México, los jugadores recibían mensajes en cassettes de gente común que les decían: “Gánenles a los ingleses, el resto no importa”. Pasaron 40 años y yo ratifico aquella idea: “Dénme un triunfo contra Inglaterra este miércoles (si se puede, con algún gol de Leo), y a cambio entrego la final”. Es una forma de decir, un juego. Obviamente que me encantaría salir campeón otra vez, pero si una especie de genio de la lámpara me pidiera a cambio de ganar este miércoles, perder la final, lo firmaría con mis dos manos. Es que con los ingleses tengo (creo que tenemos) algo personal.

Diego Maradona convirtió los dos goles más recordados de la historia de los Mundiales ante Inglaterra, apenas cuatro años después de la Guerra de Malvinas.

Por empezar, hay que corregir algo de la escuela: no sufrimos dos invasiones inglesas, sino cuatro. Primero están aquellas de 1806 y 1807, cuando el pueblo repelió a los invasores imperialistas. Esas dos gestas populares significaron la formación de un proto sentimiento de nacionalidad, mucho antes de 1810 y 1816. La tercera invasión inglesa fue la de enero de 1833 de Malvinas, una herida que continúa abierta aún hoy, 193 años después. Y la cuarta, en 1845, cuando la flota anglofrancesa invadió por el Río Paraná, levantando las falsas banderas de la libertad de comercio. Fue en ocasión de la Batalla de La Vuelta de Obligado.

Después de 1861, lo que se impuso fue la colonización económica y financiera. Algo que había comenzado en la década de 1820 con Bernardino Rivadavia tomando el empréstito Baring Brothers e iniciando la nefasta historia de la deuda externa. Pero fue a partir de la Batalla de Pavón y con Bartolomé Mitre que se consolidó un proyecto de país agroexportador al servicio de los intereses ingleses. Era la etapa de máxima extensión del Imperio Británico, cuando uno de cada cuatro seres humanos era súbdito de la Reina Victoria. Y Argentina era el lugar del mundo que más inversiones inglesas recibía: sobre todo en los ferrocarriles, las estancias y los bancos. A tal punto llegaba la ignominia, que durante las décadas de 1860 y 1870, el Banco Inglés del Río de La Plata acuñaba moneda argentina.

Eran justo los años en que el fútbol llegó a estas pampas, traído obviamente por los ingleses y difundido en todo el país por el ferrocarril. En un principio, el enfrentamiento entre clubes anglófilos y clubes criollos era solo por el idioma utilizado en los partidos, pero luego fue profundizando una brecha política y social en el fútbol también.

Ese esquema de dependencia fue calificado por la Enciclopedia de Oxford como un sistema de “semicolonia”, que fue profundizándose con el Régimen Oligárquico de la vuelta del siglo. Hasta que, en 1933, en el Pacto Roca Runciman, el vicepresidente argentino, Julio Argentino Roca hijo, llegó a decir: “La Argentina es la perla más preciada del Imperio”. En 1935 se creó el Banco Central de la República Argentina, a instancias de Otto Niemeyer, presidente del Banco de Inglaterra, quien dijo: “Dejemos que los argentinos elijan presidentes, total, nosotros nos quedaremos con el comercio en el Río de La Plata”.

El régimen de semicolonia inglesa continuó hasta el peronismo, cuando el 9 de julio de 1947 se declaró la Independencia Económica y luego se nacionalizaron los ferrocarriles y los servicios públicos, hasta ahí en manos de los ingleses. Con ese contexto sociopolítico se llegó al 14 de mayo de 1953, cuando se enfrentaban en la cancha de River, la Argentina e Inglaterra. Luego de ir perdiendo 1 a 0, el jugador de Independiente Ernesto Grillo empató con el famoso “gol imposible”, por el ángulo de tiro. Luego vinieron dos goles más para el primer triunfo sobre los inventores del fútbol. Y con el presidente Perón en el palco. Era la ratificación futbolera de la ruptura de cadenas con el imperio. Ese proceso de independencia y desarrollo quedó trunco en 1955 con el golpe de Estado contra Perón.

Ernesto Grillo marcó el histórico «Gol Imposible», en la primera victoria argentina sobre Inglaterra.

Una década después, durante el Mundial 1966 se enfrentaron en el mítico Wembley Inglatera y Argentina. Fue el famoso partido en el que expulsaron a Antonio Rattin, quien luego arrugó la banderita inglesa del córner y se sentó en la alfombra roja de la reina Isabel II.

En 1971 se jugaba el mundial femenino en México, no avalado por una FIFA siempre machista. La delegación argentina viajó sin DT, sin médico, sin botines y con unas camisetas que se destiñeron a la primera lavada. Así y todo, las chicas argentinas consiguieron la hazaña de ganarle a las inglesas por 4 a 1, con cuatro goles de la delantera Elba Selva, y ante 100 mil espectadores en el Estadio Azteca.

Elba Selva convirtió los cuatro goles en el histórico 4-1 sobre Inglaterra en el Mundial femenino de 1971.

El mismo escenario, templo del fútbol, en 1986 fue escenario del partido más recordado por nosotros, con los dos goles icónicos de Diego en el Azteca de México. El de “la mano de Dios” y el mejor gol de la historia de los mundiales. Y con la guerra de Malvinas apenas cuatro años antes.

40 años después, gobierna la Argentina un presidente que entrega la causa Malvinas, que no se queja porque un buque de guerra inglés surcó la semana pasada aguas territoriales argentinas, y tiene como referente a Margareth Thatcher, la criminal de guerra causante del hundimiento del Crucero General Belgrano y de la muerte de 323 compatriotas.

Pero no es solo la admiración a la Thatcher, no es solo Malvinas. Lo de Milei es la perpetuación de una casta política y oligárquica que siempre se arrodilló ante el imperialismo inglés, para recibir las migajas del despojo. Es la continuación del proyecto de país de Rivadavia, Mitre, la Década Infame y la “Fusiladora”.

Por todo esto y mucho más, le pido al genio de la lámpara un triunfo sobre los ingleses, aunque sea a costas de no salir campeón. Porque el fútbol es mucho más que solo fútbol.

Gráfico: Al Toque

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