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1987, Semana Santa, asonada militar y ¿el fútbol qué?

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Andrés Burgo

Periodista.

Cada vez que pasa una Semana Santa, como el fin de semana pasado, en Argentina se hace inevitable el recuerdo de 1987: la asonada militar, el temor al regreso de una dictadura todavía fresca, los carapintadas, Aldo Rico, los tanques lentos del General Ernesto Alais, las Felices Pascuas de Raúl Alfonsín. ¿Pero qué pasó con el fútbol en esos días de angustia, en los que el país se quedaba sin aire, otra vez, entre la sedición de los dueños de la muerte –que exigían una amnistía para pedir los juicios por delitos de lesa humanidad- y los millones que salían a las calles en su repudio? ¿Cómo reaccionaron los clubes, la AFA y los hinchas? ¿Estuvieron a la altura?

Eran tiempos, en la temporada 1986/87, de fútbol dos días a la semana: los sábados se jugaban los campeonatos del Ascenso y el domingo era el turno de la Primera División, todos los partidos en el mismo horario, a las 15.30. Curiosamente, la fecha anterior no se había jugado durante el fin de semana porque el Papa Juan Pablo II había llegado al país y verdaderas multitudes se habían agolpado en Buenos Aires. Con Rosario Central camino a lo que sigue siendo su última liga –que conseguiría dos fechas después-, River y Boca empataron 1-1 un clásico muy caliente el lunes 13 de abril y Deportivo Armenio ascendió del Nacional B a Primera el martes 14.

Juan Pablo II recibido por Alfonsín en 1987. En esa ocasión recorrió Buenos Aires, Bahía Blanca, Tucumán, Corrientes, Viedma, Mendoza, Córdoba, Salta, Paraná, Rosario y nuevamente en Buenos Aires, para cerrar la Jornada Mundial de la Juventud.

El miércoles 15 comenzó la sedición que ya se rumiaba en los cuarteles –el mayor Ernesto Barreiro decidió no presentarse ante la Justicia en una causa por torturas en un centro clandestino durante la dictadura reciente y buscó refugio en un Regimiento- y la situación empeoró en las horas siguientes. La rebelión de los atrincherados se multiplicó en diversos cuarteles militares de todo el país, también en Campo de Mayo, y ya para el viernes 17 quedaba claro que Alfonsín no tenía mando sobre las tropas. Ese día, una multitud multisectorial ratificó su apoyo a la democracia en la Plaza de Mayo que fue continuada el sábado por otra convocatoria masiva en el mismo lugar y el Congreso, mientras el gobierno seguía sin poder terminar con el levantamiento. Sin embargo, ese sábado 18 hubo fútbol del Ascenso.

Suena extraño pero, mientras el país contenía la respiración, los torneos del Nacional, la Primera B, la C y la D se jugaron con normalidad. Es cierto también que, a pedido de la AFA para concientizar sobre la gravedad de los hechos, todos los equipos ingresaron con una bandera argentina que después fueron izadas por los capitanes en los mástiles de los estadios mientras se entonaba el himno nacional. Hay registros periodísticos de una bandera colgada por los hinchas de Huracán en su partido ante Chaco For Ever: “Democracia o dictadura”, con el fondo negro sobre esta última palabra.

Aquel sábado 18, por la segunda categoría del fútbol argentino, Belgrano visitó San Juan para golear 8-1 al humilde Unión de Villa Krause (según la revista Sólo Fútbol, “30 hinchas autodenominados piratas” acompañaron al equipo), Chacarita venció 2-1 a Tigre en el clásico y sólo fue suspendido Guaraní Antonio Franco-Concepción de Tucumán pero no por la revuelta militar sino por el mal tiempo.

Para el día siguiente, en cambio, el domingo 19, la fecha de Primera División sí fue suspendida: debían disputarse dos clásicos calientes, Boca-Independiente (ambos con chances de ser campeón) y Racing-San Lorenzo, pero esta vez hubo lógica y no sólo se postergó la fecha de fútbol sino también las carreras en los hipódromos, un evento que entonces convocaba mucho público. Todos los partidos políticos y la CGT habían llamado a una concentración para ese domingo al mediodía en la Plaza de Mayo, pocas horas antes de que Alfonsín saliera al balcón para soltar su famosa frase “La casa están en orden”. La fecha se retomaría recién a los siete días.

Lo curioso fue que ese mismo domingo 19, mientras se solucionaba –pero todavía sin saber a qué costo- le revuelta militar, jugó la selección argentina. Es cierto, no fue el equipo A, comandado por Carlos Bilardo, sino el representativo elegido para el Preolímpico de Cochabamba, Bolivia, clasificatorio para Seúl 1988. Dirigido por Carlos Pachamé, nuestra selección debutó en el torneo con un empate 1-1 ante Chile con gol de Oscar Dertycia. Era un buen equipo argentino, que ese día formó con Goycochea; Basualdo, Theiler, Marchesini, Guillermo Ríos; Fantaguzzi, Troglio, Oscar Acosta; Dertycia, Funes y José Luis Rodríguez, más los posteriores ingresos de Humberto Gutiérrez y Walter Perazzo.

Es casi una síntesis del país: mientras Argentina se defendía de los enemigos de la patria, la patria con botines y en pantalones cortos también estaba en acción.

Por Andrés Burgo, Periodista especializado en deportes. Escribió en Página 12, Anfibia, El Diario Ar, entre otros medios. Actualmente lo hace en Tiempo Argentino y en El País de España.

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