Fútbol

México 2026, cuando la FIFA te roba el alma

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Leonardo Gasseuy

Leonardo Gasseuy

Cuando algo no te pertenece, no es de tu propiedad. Fácil deducción. Aunque simple, es abarcativo e intangible. Incluye lo material y lo afectivo. Lo que se mide y se siente, lo que se compra y se sueña, lo que es individual y lo colectivo. Ya no se discute lo de concreto o abstracto, porque en la caótica definición de su simpleza, cada cosa mundana -aun las más sensible – tiene o reclama un legítimo derecho de propiedad.

México camina de frente como un gigante dubitativo, con sus contradicciones y sus seguridades mientras muestra los rasgos, su rostro, el de la alquimia de su alma, habla con la proverbial sencillez que le dicta una certeza lacónica, por más que se lo hayan instalado en su alcoba y lo siembren de banderas y formalidades, este no será su Mundial de Fútbol.

Es muy latino para ser partner de esa cofradía calculadora y fría que son sus vecinos. Su mestizaje rudo y áspero apela al corazón. Lo dice Frida en su trazo irreverente y lo garabatea Rulfo en su prosa tendenciosa, solo se tiene algo cuando se tiene, y le perteneces si él te siente. La FIFA no siente a México y México, prefiere no sentir a la FIFA. El fútbol es corazón latiendo a tiempo completo en función imperfecta, pasión acomplejada de formalidades y deudas, demasiado trivial en lo lúdico, para tanto algoritmo, cifra fría y balance comercial.

En México el sentir nunca fue un decorado de la personalidad del pueblo. El sentimiento y la realidad son siempre contendientes directos, dos versiones que se superponen y hasta se pueden compatibilizar, pero siempre -y más en lo social- prima la realidad y en México la emoción y la pertenencia, es un bien tangible, no una mera imaginación extrasensorial. El mexicano cuando tiene pertenencia vibra y siente, elabora su proceso de individuación como país y pueblo, a pesar de las diferencias, amalgama las dualidades y genera sus momentos históricos.

El revisionismo histórico de la identidad de su pueblo siempre fue caldo de debate entre los intelectuales mexicanos, desde la sociedad actual y su impacto en la historia. Siempre fue una dicotomía entre lo indígena y lo español. Lo vernáculo, lleno de colores del nativo con lo importado, impuesto por la crueldad del invasor.

La psicología colectiva del mexicano esta matizada en eso de la contradicción. Una identidad marcada por la orfandad: el mexicano no se siente indígena, pero menos europeo, imita el estilo de vida occidental pero vive en permanente tensión con el orgullo indigenista. No se sienten ni lo uno ni lo otro. Es tan vacío, tan hueco este Mundial en México, que simula ser una pieza deforme que no cabe entre esa representación caricaturesca del europeísmo ni en medio de los orígenes autóctonos y coloridos que pintan “su mundial”. Es un producto masivo que monta la FIFA y solo es un cronopio endógeno desabrido y sin contexto.

El fútbol en Mexico es un patrimonio social fuerte que no concibe considerarse una sucursal devaluada y chica de esta FIFA mercantil. Es autóctono y propio. Como su historia, todo gira en sentido de su identidad como eso que dice de que el mundo entero tiene un comienzo pero México tiene un origen.

https://twitter.com/fifaworldcup_es/status/2034660920421486906

Será el mundial de Trump. Tendrá el legítimo sello de quien se cree que tiene al mundo en un puño. Su sociedad con Infantino han ridiculizado las pequeñas cosas que los mundiales derramaban. Será el mundial de los visados selectivos, la guardia inmigratoria a la caza de latinos, precios exorbitantes y casi ninguna identidad al folclore futbolero. Le confiscaron al futbolero el fútbol, un parricidio letal, en medio de tanta invasión y ese juguete mental de convertir al mundo en un polvorin.

México se autocoagula. Relame sus heridas haciéndose cargo de sus karmas. Lo hizo siempre. Ud. debe controlar la producción de drogas y fentanilo que envenenan a los EEUU le endilgó Trump a Sheimbaum en plena guerra arancelaria, Ud. controle y cure a sus consumidores le respondió digna la presidenta mexicana. Trump intenta pisotear a México de todas las maneras posibles, con aranceles, con deportaciones, firmando y borrando acuerdos, deberán dicen desde Washington reportar sus acciones aun las más chicas. En su precario imaginario mental, Trump considera a los mexicanos parte de un apestoso estado de su confederación.

Paco maneja su Uber cada día en las calles de la capital. Es futbolero, fanático de Pumas, vive cerca de Ciudad Universitaria y recorre periférico, la avenida donde están las cadenas hoteleras que alojaran a los turistas que consumirán el Mundial, Paco tampoco lo siente, hay más expectativas – comenta – en la Fórmula 1 de Noviembre que en el Mundial , al menos me dice ahora tenemos a Checo y los tickest le permiten al pueblo ir al autódromo.

Hay símbolos que marcan. Con solo un nombre idenfifican y tocan el alma, esa que en México gime y ríe en el mismo acto. Como papá, mamá o amigo la palabra Azteca para los mexicanos dice mucho, es una palabra de sentir profundo.

En la colina de Pedregal, cerca de periférico donde maneja Paco cada día, reina un estadio, el más mítico templo de la historia del fútbol. Donde se jugaron dos partidos inaugurales y dos finales, donde se vio el mejor Pele y al mejor Maradona, donde se hizo el mejor gol de todos los tiempos y los duendes del fútbol jamás abandonaron esa guarida. Desde estos días se llama Estadio Banorte. La verbal o enunciativa algunas veces, puede ser una profanación tan cruel como sangrienta.

Carlos Fuente dice que “Todo lo mexicano es, sentimentalmente, excelente, aunque prácticamente sea inútil. Y todo lo extranjero, así sea prácticamente bueno, es, sentimentalmente, malo.” Mira cabrón, me dice Paco, para mí siempre será el Azteca. Por el estadio, por este Mundial sin alma, más que nunca México y Paco eligen sentir.

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