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El Máster de Augusta y el camino de la socialización

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Leonardo Gasseuy

Leonardo Gasseuy

El Augusta Nacional, la casa del Máster más importante del mundo, es un gran jardín Eduardiano. Intimidante y misterioso. Es un sociograma opulento, que el sureste americano acondicionó hace casi 100 años en tiempos de crisis. En medio de un vivero impecable forjaron la identidad del más importante torneo de golf de todos los tiempos. Es un ecosistema singular. Desde lo estético es fastuoso, desde lo social es rancio.

Sobrarían los palabras para definirlo. La particular amalgama del torneo y el club invitan y permiten definirlo mínimamente como algo enigmático. Es tan consistente el halo de misterio que rodea a ese todo verde, que la contundencia de la historia social del club destrona a adjetivos como racista, elitista y misógino, formas –aunque en la actualidad algo atenuadas- fueron el sello áurico que encierra la comunidad social, que conforman la membresía.

El hoyo 12 del Augusta National, uno de los más famosos del mundo.

Los desencuentros del Augusta Club con la sociedad civil “normal”, datan desde el momento de su fundación en 1933. Los socios fundadores le dieron vida como hijo de la depresión económica americana que sufría el crack en todos los sectores y los “dueños del país” debían encontrar un refugio físico y social para sus pares millonarios indemnes a la crisis. Esa “sacristía” privada generó una cofradía de elite que, racismo mediante, fue conformando su filosofía y sus maneras de admisión.

Los negros y las mujeres fueron excluidos de formar parte de los miembros socios. Cualquier mujer que quisiera ingresar al club debía tener una invitación anticipada y la misma debía ser aprobada. Hasta 1959 la totalidad de los empleados del predio eran de raza negra y hasta 1983 los caddies –provistos por el club- eran de color.

Clifford Roberts, fue uno de los fundadores del club en 1933. Corredor de bolsa y banquero. Serio, parco, un auténtico gótico americano. Vestía todo el tiempo saco azul y tenia 24 corbatas idénticas de color celeste, la vida es corta decía para preocuparse por la ropa. Su dios era el dinero, durante gran parte de su vida se dedicó a administrar la fortuna del Presidente Eisenhower.

Patentó la frase “mientras yo viva, en Augusta, el golf será un deporte de blancos con caddies negros”. Roberts, que presidió el Club hasta 1976, dejó una impronta muy particular,  «Admitir , dijo en 1971, a un negro solo por ser negro sería practicar la discriminación a la inversa».

Clifford Roberts en el Masters de 1972.

En 1953, el buen Clifford que ya se acodaba al poder, ordenó la construcción de la residencia de Eisenhower dentro del club, el republicano que mientras disfrutaba del verde, administraba la tensión de la guerra fría y la crisis de los misiles, desde su cabaña en el hoyo 10. Su vida sintetiza la filosofía del club.

Augusta tiene su sello, permanece, modifica, solidifica y descarta.

La mañana del 29 de Setiembre de 1977, Clifford fue a la peluquería del club, hizo las bromas de siempre, caminó tranquilo hasta el lago de hoyo 3, y se suicidó de un balazo en la cabeza (igual que sus padres). Junto a su cuerpo dejó una hoja con el resumen de su historia clínica firmado por su médico. Tenía una grave enfermedad. El fundador se había autodescartado.

Martha Burk nació en 1941, en 2002 tenia 61 años y un corolario de muchas luchas. Por aquel tiempo era la Presidenta del  Consejo de Organizaciones de Mujeres de los Estados Unidos cuando decidió que lucharía contra el Augusta Nacional Club para que permita la presencia de mujeres entre sus socias, una utopía por aquellos tiempos que presumía visibilizar una batalla pírrica.

Todo comenzó con una carta que Burk envió al Club, y en forma diplomática los exhortaba, en función de “ir transitando un nuevo milenio” a revisar algunas políticas internas”. El cierre de la carta, que la dirigió a la persona de William “Hootie” Johnson por entonces presidente del club –uno de los dueños del Bank ok American- decía en su párrafo de cierre que le instamos a que revise sus políticas y prácticas a este respecto y abra su membresía a las mujeres ahora, para que esto no sea un problema cuando se realice el torneo el próximo año».

La altanería del Augusta Nacional Club, se refleja en la escuetísima respuesta a la misiva de Burk, que tras saludarla con extrema frialdad, solo se permite expresar que «La esencia de un club privado es la privacidad». Lógicamente que la corporación a cargo de la junta directiva incidió en esa respuesta y describe la postura cultural de la entidad, pero resulta paradójico que esta situación enfrente a Burk con Johnson, ya que el ejecutivo, filosóficamente por actos de vida, tiene más puentes de contactos con la militante feminista que disidencias.

Johnson fue administrador del Benedict College,  históricamente negro, en 1975 asumió como copresidente del comité que desarrolló un plan para eliminar la segregación racial de las universidades en Carolina del Sur. Encabezó una lucha para la incorporación de Afroamericanos en el sector público del gobierno federal. Dentro de las entidades bancarias fue el creador de líneas de créditos blandos que beneficiaban a negros e inmigrantes. Solo la misteriosa atmósfera del exclusivo club hacían mutar la personalidad de muchos de sus directivos, aprobando y defendiendo obsecuentemente el racismo y la misoginia.

William “Hootie” Johnson premiando con la Chaqueta Verde a Tiger Woods.

El 20 de agosto de 2012, Augusta National admitió a sus dos primeras mujeres miembros: Condolezza Rice –ex Secretaria de Estado de Bush  y la millonaria  Darla Moore .  La lucha de Martha Burk terminó en triunfo y la férrea tradición del Club mas restrictivo del mundo caía para siempre, aplastadas por un colectivo social que ya no sería detenido por nada y cambiaba la fisonomía del lugar, que dejaba de ser un enclave pacifico para hombres poderosos.

No se puede expulsar la oscuridad a patadas de ningún sitio, dice Natalia Gómez del Pozuelo, simplemente abrir las ventanas y la luz entra sola. En medio de tanta rígida solemnidad y fetidez social, el Club Augusta Nacional se lleva un mérito altamente sigificativo, le niega a través de los últimos 18 años en forma terminante y sostenida la membresía a Donald Trump. El club tiene 300 socios. En sus comienzos adinerados del estado de Georgia, más tarde magnates nacionales y con la llegada de Eisenhower un puñado de políticos destacados. A Trump desde siempre lo consideran un gangster. Un opulento y gris magnate, que ni con el título de presidente logró convencer a los miembros directivos, lo consideran un caprichoso invasor global.

El presidente Trump ha recibido malas noticias sobre su posible membresía en Augusta National.

Con mujeres en forma activa y las negativas constantes a Trump, las viejas formas del Augusta Nacional se resquebrajan bajo esta tendencia y colorea de una manera distinta el futuro social del Club y el mismísimo Estado de Georgia, que empieza a salir de su letargo.

En Georgia, (parece un contrasentido) nació el luchador más ilustre Martin Luther King, eterno enemigo del segregacionismo, que en medio de su pelea dijo: que nadie se nos montara encima si nosotros no doblamos la espalda.

Gráfico: Al Toque

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