Deporte motor
Ricardo “Tero” Vidal: “He sido buen ganador, pero sobre todo buen perdedor”
Dos veces campeón del TC 4000 Cordobés, dirigente, empresario y uno de los grandes impulsores del automovilismo regional. En una nueva edición de Referentes, Ricardo Vidal repasó su historia, recordó los años de gloria, habló del legado familiar y explicó por qué sigue apostando por los pilotos de Río Cuarto.
Hay personas que dejan una huella por los títulos que consiguen. Otras, por la manera en la que viven el deporte. Ricardo «Tero» Vidal reúne ambas condiciones.
Su nombre quedó grabado en la historia del automovilismo cordobés por los campeonatos obtenidos en el TC 4000, pero también por el compromiso que mantuvo con la actividad desde distintos lugares: como piloto, dirigente, empresario y permanente impulsor de los talentos de Río Cuarto.
En una nueva edición de Referentes, Vidal abrió las puertas de su historia y recorrió un camino que comenzó entre hierros y motores, continuó con dos campeonatos inolvidables y hoy sigue ligado al deporte desde el acompañamiento y la gestión.
«Venimos de una infancia donde todo estuvo relacionado a los hierros y los fierros, que me llevaban a una pasión inevitable hacia los motores, más allá de que tengo otras pasiones», recordó sobre sus primeros años.
Aunque debutó oficialmente en el TC 4000 en 2004 y comenzó de manera estable en 2005, la pasión venía de mucho antes. El karting fue el primer contacto con la velocidad y la figura de Roberto Oliva terminó de marcar el camino.
«Lo mío nace por gusto y desde chico por el karting. Seguí muchos años a Roberto Oliva, nosotros éramos el grupo que lo acompañaba y lo asistía. Él fue quien me inspiró para empezar a competir», contó.
El inicio de su carrera tuvo un condimento muy particular. Mientras realizaba un tratamiento para dejar de fumar apareció la posibilidad de alquilar una Chevy. Aquella decisión cambió su vida.
«Cuando probé una vez, no bajé más. De hecho, en noviembre del año pasado había dicho que dejaba, pero las ganas siguen intactas porque me armé otro auto», confesó entre sonrisas.
Los comienzos tampoco estuvieron exentos de dificultades. Apenas en la segunda carrera destruyó el auto, pero encontró el respaldo de un grupo de amigos que sería clave para continuar.
«A ese auto lo destruí en la segunda carrera. El grupo ‘Río Cuarto Sport Team’ me ayudó a reconstruirlo. Bajé siete kilos en 21 días y dormía dos horas por noche para llegar a presentar el auto en la fecha siguiente», recordó.
Antes de alcanzar la gloria llegaron los golpes deportivos. Fue subcampeón en dos oportunidades y esas frustraciones terminaron moldeando su manera de entender la competencia.
«Valoro siempre el esfuerzo del grupo y soy un poco el que levanta el ánimo. He sido buen ganador, pero sobre todo buen perdedor», aseguró.
Aquellos subcampeonatos fueron la antesala de los títulos logrados en 2011 y 2012, aunque el primero siempre ocupará un lugar especial en su memoria.
«Disfruté mucho el primer título por el hecho de ser tan buscado y ansiado, sobre todo por lo que me pasó en 2010, cuando se me rompió el disco de embrague en la largada y sufrí mucho», explicó.
Con el paso del tiempo dejó de ser únicamente piloto para asumir otro desafío: conducir el Automóvil Club Río Cuarto. Allí encontró una responsabilidad muy distinta a la de correr.
«En el automovilismo las decisiones son centésimas de segundo; en el rol dirigencial todo es más consensuado y pensado», comparó.
Entre las obras que más orgullo le generan destacó la construcción del podio «Romel Viglianco», un reconocimiento que consideraba necesario para una figura emblemática del automovilismo local. «No me atribuyo ningún mérito personal. Fue el trabajo de un grupo que hoy sigue estando y del que continúo siendo parte», aclaró.

Sobre el presente del autódromo se mostró optimista y convencido de que atraviesa uno de sus mejores momentos.
«Hoy me parece que el Autódromo vuelve a estar en su mejor momento, con un apoyo provincial y municipal muy grande y una Comisión que hace bien las cosas. En noviembre va a estar con el traje y la corbata puesta por la llegada del TC«, sostuvo.
Fuera de las pistas, Vidal también continúa el legado familiar al frente de Carrocerías El Tero, empresa fundada por su padre, Oscar Severiano Vidal.
«Me parezco en casi todo a mi padre. Él hizo realidad todo y me trasladó pasiones. En la empresa todavía persisten los valores que creó: el respeto y la palabra son innegociables», afirmó.
Esa misma filosofía es la que lo lleva, desde hace años, a respaldar a pilotos riocuartenses cuando las posibilidades económicas amenazan con frenar sus carreras.
«Cada día es más difícil acompañar a alguien por una cuestión presupuestaria, pero considero que hay que darle la posibilidad para que ese sueño no quede trunco. Mientras pueda, siempre voy a tratar de involucrarme y acompañar», señaló.
Finalmente, el «Tero» habló del lugar que ocupa la familia en su vida y de cómo la paternidad transformó su manera de ver las cosas.
«Tengo dos hijos y con ellos encontré el amor pleno. Aprendí un rol nuevo», concluyó.
A sus más de dos décadas como protagonista del automovilismo, Ricardo «Tero» Vidal sigue transmitiendo la misma pasión que lo llevó a subirse por primera vez a un auto de carreras. Una pasión que hoy ya no se mide solamente en campeonatos, sino también en el legado que deja dentro y fuera de las pistas.
La entrevista completa
Producción Al Toque
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