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Cuando el deporte es revolución no hay bloqueo que lo derrote

*Por Marcelino Gasseuy

Marcelino Gasseuy

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Quiero comenzar este artículo compartiendo esta brillante descripción que realizó Roger Waters: “Si le interesa mi casa y no me la puede comprar, es porque no se la quiero vender, ni tampoco se la quiero alquilar o arrendar. Entonces usted me encierra en mi casa, y no me deja salir para ir al supermercado, ni a la farmacia, ni al banco, y tampoco deja que me vendan los repuestos del carro o la moto, y aunado a esto me cancelan las cuentas y tarjetas de crédito y ahorro. Al cabo de un tiempo mis familiares se van a desesperar, algunos escaparán por la ventana y usted desde afuera empezará a vociferar que soy un inepto para conducir las riendas de mi casa y que soy un dictador, que hago sufrir a mi familia y entonces van a comenzar a decir que el gobierno de mi casa está en crisis y que los vecinos tendrán permiso para Intervenir y echarme con el propósito de atender la crisis humanitaria de mi familia. Eso sí. Nunca usted dirá que lo que le interesa es quedarse con mi casa. Y que por eso fue que usted me puso a mí en esta situación tan crítica ante mi familia”.

El mítico músico de Pink Floyd explica con sencillez lo que es estar sometido al bloqueo y lo que este puede generar. Eso es lo que le sucede a Cuba desde 1962 tras la decisión de J.F. Kennedy de imponer el bloqueo total sobre la isla. Aunque Washington sostenga que es un embargo, desde entonces, y de manera ilegal, Cuba es sometida a un bloqueo económico, comercial y financiero por parte de Estados Unidos.

Es considerado un acto de guerra y es reconocido como un “crimen internacional de genocidio” según la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 9 de diciembre de 1948. Y a pesar de que hace 30 años la comunidad internacional vota de manera casi unánime en la ONU para rechazar esta medida unilateral, solo persiste por el poder de veto de Estados Unidos como uno de los cinco países miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

El bloqueo es un conjunto de medidas de coacción y agresión económica para aislar, asfixiar e inmovilizar a Cuba. Esto se traduce en cortar, cerrar e incomunicar a la isla con el exterior para lograr su rendición. Esta situación queda reflejada en medio del Covid-19. Las movilizaciones populares desarrolladas a mediados de julio son el producto de las enormes penurias sociales agravadas a partir de la pandemia. El bloqueo empeora enormemente la situación, impidiéndole a Cuba el acceso a insumos básicos para la alimentación y producción de medicamentos, así como al petróleo, provocando el desabastecimiento. Esta situación desesperante hizo que el pueblo se movilizara. Pero también lo hicieron los contrarrevolucionarios impulsados por Estados Unidos para generar la desestabilización.

A pesar de que hace 60 años Estados Unidos busca ocasionar daños físicos, parciales o totales a la población cubana para debilitar su decisión de ser soberanos y continuar por la vía socialista, Cuba no solo que no se ha rendido, sino que ha alcanzado objetivos que muy pocos países lograron: erradicar la pobreza extrema y el hambre, enseñanza primaria universal, promover la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer y reducir la mortalidad de los niños menores de cinco años. En el marco de estas políticas aparece un elemento esencial: la actividad física y el deporte.

El deporte antes de la revolución, tenía dos caras claramente diferenciadas. Por un lado, no era más que una alegre diversión para unos, con clubes lujosos, casinos o hipódromos para sus apuestas y a su disposición. Por el otro, era la boca por donde se desparramaba la miseria y se palpaba la lucha pobre de los otros. El boxeo, tan tradicional en Cuba desde siempre, se erigía naturalmente como el mejor medio para escapar de la indigencia. El béisbol servía como deporte rey para encauzar a las masas y hacerles olvidar sus problemas, a la par que engordaba el bolsillo de muchos.

Fidel Castro fue un amante de los deportes. Y conduciendo a Cuba vio su importancia social.

El Gobierno Cubano considera el deporte como la promoción de salud y calidad de vida. El 14 de abril de 1959 – a tan solo 4 meses de la Revolución – en uno de sus primeros discursos Fidel Castro expresó: “Cuando cada muchacho encuentre en la ciudad, en el pueblo, en el barrio, un lugar apropiado para desarrollar sus condiciones físicas y dedicarse por entero a la práctica del deporte de su preferencia, habremos visto satisfecho el deseo de todos lo que hemos hecho esta revolución”. Los revolucionarios sabían que su fomento iba a ser una de las panaceas para restaurar la salud física y mental de una población sacudida por la desnutrición, el analfabetismo y las enfermedades.

Uno de los principales problemas a resolver era el profesionalismo que imperaba en el país, urgía la eliminación del mismo para poder cumplimentar toda la filosofía acerca del deporte amateur. Es así que se crea en el propio año 1959 la Dirección General de Deportes (DGD) y el 23 de febrero de 1961 nació el Instituto Nacional de Deportes Educación Física y Recreación (INDER) con sus direcciones provinciales y municipales. Comenzaba la transformación del deporte cubano. El INDER ha fomentado la construcción de nuevas instalaciones deportivas a lo largo y ancho de todo el país, brindando la posibilidad a millones de cubanos de practicar masivamente cualquier modalidad deportiva, ya sea de forma recreativa o como actividad de alto rendimiento. Es el organismo encargado de dirigir, ejecutar y controlar la política del Estado y el Gobierno de la República de Cuba en cuanto a los programas deportivos y está considerado entre los cinco organismos docentes del país, junto con los Ministerios de Educación, Educación Superior, Salud Pública y Cultura.

La estructura del sistema deportivo está conformado por las siguientes unidades organizativas: los Combinados Deportivos (son las instituciones de base del Sistema Deportivo Cubano), las Escuelas de Iniciación Deportiva (constituyen el primer eslabón de la cadena del deporte de alto rendimiento) y las Escuelas Superiores de Formación de Atletas de Alto Rendimiento (son unidades de concentración nacional de atletas).

Nuestro pueblo será pronto el primer país de América Latina, el primer país de todo el continente, en la participación del pueblo en la educación física y en las actividades deportivas. Sin Revolución no se habría podido soñar siquiera con desarrollar en nuestra patria un gran movimiento deportivo”, expresó Fidel Castro el 19 de noviembre de 1961 en la Plenaria Nacional de los Consejos Voluntarios Deportivos en el Coliseo de la Ciudad Deportiva. A tan solo siete meses de creado el INDER, con convicción Fidel ya vaticinaba lo que sucedería.

Alberto Juantorena junto a Fidel.

Los Juegos Olímpicos Montreal 1976 fueron la vidriera al mundo en la que Cuba mostró los resultados de su política deportiva. En Canadá el país caribeño superó por primera vez la decena metales con un total de trece y tuvo al atleta Alberto Juantorena como una de sus principales estrellas al marcar un hito en la historia del deporte. El cubano fue la primera persona en lograr la medalla de oro en 400 y 800 metros. Es la conquista de medallas las que permite dar visibilidad. Pero la verdadera transformación se dio en la sociedad cubana.

De 1959 a 1975, es decir, en sólo dieciséis años, las cifras son del todo elocuentes. Los practicantes pasaron de 20.000 a más de 3.500.000. En ese momento Cuba tenía nueve millones de habitantes y un tercio de su población practicaba alguna disciplina deportiva. En el mismo período el presupuesto estatal dedicado a la educación física y el deporte se multiplicó por 35, mientras que, si el número de estudiantes para profesores de educación física antes de la revolución no pasaba de los 500, en ese momento superó los 5.000. Son los datos los que indican que lo de Montreal 1976 no fue casualidad.

Tras las ausencias en Los Ángeles 1984 y Seúl 1988, Cuba tendría un regreso extraordinario en Barcelona 1992. En Catalunya realizó la mejor actuación de su historia. Con 31 medallas – 14 de ellas de oro – terminó en el quinto lugar del medallero. El atleta Javier Sotomayor fue el deportista del certamen y se transformó en el símbolo del deporte cubano. Surgido de la Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético ostenta el récord mundial de salto en alto con la plusmarca 2,45 metros.

Javier Sotomayor es uno de los grandes atletas que dio Cuba.

Son muchos los atletas que han sorprendido al planeta con sus destrezas y triunfos. Tokio 2020 fue testigo de la resurrección cubana en boxeo con cuatro medallas de oro. Pero Cuba lleva décadas dominando en esta disciplina. Los boxeadores de la isla caribeña han sumado 77 preseas al medallero. Sin dudas el máximo exponente es Teófilo Stevenson, considerado como el mejor boxeador cubano de todos los tiempos al lograr medallas de oro en Munich 1972, Montreal 1976 y Moscú 1980. “Yo no cambiaría mi pedazo de Cuba ni por todo el dinero que me pudieran ofrecer”, dijo Stevenson cuando Don King le ofreció 5 millones de dólares para boxear con Muhammad Alí.

Sin embargo, los éxitos del deporte cubano van mucho más allá del boxeo. El judo es el segundo deporte en que más éxitos Olímpicos han cosechado y 36 medallas avalan su dominio en el tatami. En el ranking de deportes más laureados siguen la lucha con 26 preseas y la esgrima con 16.

Teófilo Stevenson junto a Fidel.

En la lista de deportes cubanos destacados no podemos olvidarnos del béisbol, su deporte nacional. Es la nación con más oros: tres. Y tampoco debemos omitir a ‘Las Espectaculares Morenas del Caribe’. La selección femenina de voleibol que encadenó tres oros olímpicos en los Juegos de Barcelona 1992, Atlanta 1996 y Sídney 2000. Entre ellas destaca Regla Torres, la mejor jugadora de voleibol del siglo XX.

El bloqueo por parte de Estados Unidos también ha afectado profundamente al desarrollo del deporte cubano. Entre algunos de los efectos sufridos podemos mencionar: retención de millones de dólares ganados por atletas y equipos cubanos; limitación a atletas estadounidenses de competir en Cuba; negativa a deportistas cubanos a participar en competencias en los Estados Unidos y Puerto Rico; privación de comprar implementos y materiales deportivos producidos por firmas de Norteamérica y robo de talentos, propiciado y estimulado por las políticas de Washington.

Otro de los flagelos que ha sufrido la isla es la deserción por parte de sus deportistas que buscan ser parte del deporte profesional para lograr una mayor rentabilidad. Entre los casos más resonantes se encuentran los boxeadores Erislandy Lara y Guillermo Rigondeaux, quienes intentaron desertar tras los Juegos Panamericanos Río de Janeiro 2007. “No permitamos jamás que los traidores visiten después el país para exhibir los lujos obtenidos con la infamia. El atleta cubano que abandona su delegación es como el soldado que abandona a sus compañeros en medio del combate”, expresó con enojo Fidel Castro en una carta que se publicó en julio de 2008.

La masiva deserción llevó a que a partir de 2013 los deportistas cubanos pueden ser contratados por ligas profesionales y quedarse con todos sus ingresos. La única condición que se les impone es la de participar en los eventos nacionales y representar a Cuba en las competencias internacionales. Esto generó una profunda discusión en el pueblo cubano y en el seno del Congreso del Partido Comunista. Hasta el día de hoy son miles los que se oponen que los deportistas ganen más dinero que médicos y maestros.

El equipo de beisbol cubano es el máximo ganador en Juegos Olímpicos con tres medallas de oro.

A pesar de las dificultades, Cuba continúa cosechando triunfos que elevan su palmarés internacional. Con sus 239 preseas – 84 oros, 71 platas y 84 bronces – es el país hispanohablante más laureado en los Juegos Olímpicos. Se ubica decimosexto del medallero histórico, por encima de Argentina, Brasil y México, las potencias de la región. Antes de 1959 obtuvo 10 medallas – participó en 7 Juegos Olímpicos -. Mientras que luego de la revolución obtuvo 229 medallas en trece participaciones olímpicas. A esto hay que sumarle que es segundo en la tabla histórica de los Juegos Panamericanos con 2.126 medallas y el primero de los Juegos Centroamericanos y del Caribe con 3.320.

Cuba llegó a Tokio 2020 con su tercera delegación más pequeña de los últimos 60 años (69 atletas), sin deportes de conjunto y con pocas opciones en bastiones fundamentales como judo o atletismo. Pero lo hizo con el objetivo de finalizar entre los 20 primeros del medallero. Fue fiel a su historia y concluyó decimocuarto con 15 preseas.  Una vez más le demostraron al planeta que ellos forman parte de los mejores. Como bien lo dijo el histórico atleta cubano Alberto Juantorena: “El mundo ha ignorado nuestros avances en educación, salud y las mejoras de la población cubana. Pero no puede ignorar un podio en un Juego Olímpico”.

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