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El fracaso de la revolución de los ricos

Por Leonardo Gasseuy

Marcelino Gasseuy

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Warren Buffet, multimillonario norteamericano, sexta fortuna mundial en 2021 según Forbes, dijo que hay una guerra de clases, pero es su clase, la clase rica, la que la está haciendo y la está ganando. Sabemos con claridad que existen distintos tipos de revoluciones, que se presentan en diversos formatos. La revolución de los ricos generalmente tiene perversa letalidad y un ejercicio logístico donde el egoísmo y la hiperconcentracion marcan los tiempos. Los clubes ricos de Europa lo han decidido: rompen con la UEFA y desintegran la Champions League para crear su propio gueto: jugar entre ellos y no compartir nada.

José Antonio Marina, filósofo español de 81 años, dijo días atrás que aquellos que soñaran un mundo socialmente mejor luego del coronavirus se verían decepcionados. “Seremos los mismos egoístas de siempre o más, por que en la especie humana la solidaridad siempre es epidérmica, las emociones son efímeras”. Los clubes grandes de Europa decidieron crear su propia burbuja de elitización, aislarse y marcar nuevas leyes de mercado. Seguramente fracasarán en esa estúpida idea de oligopolizar la pasión.

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, es el impulsor de la Superliga Europea.

En una Europa desbastada por la pandemia, que a mediados de este mes supero el millón de muertes, algunos solo piensan en exhibir obscenamente su poder. Este domingo, cuando se moría el fin de semana, el Real Madrid, Barcelona, Atlético, Milan, Arsenal, Chelsea, Inter, Juventus, Liverpool, Manchester City, Manchester United y Tottenham se inscriben como clubes fundadores de esta nueva competición. Invitarán a tres clubes más para llegar a quince. El ganador de ese Torneo elitizado se llevará cerca de 600 millones de euros, mientras que quien gane la actual Champions no alcanzará a juntar 124 millones.

Suscribieron la creación de la Superliga Europea con Florentino Pérez a la cabeza e intentan hacer parir una nueva cofradía de millonarios, simplemente porque ellos facturan más. Sn quienes traccionan las ventas y paradójicamente porque sus números no cierran.  Florentino declaró que lo hacen para salvar el futbol. Pocas veces entre tanto atropello se vio un cinismo tan vil y una línea argumental tan rancia y estúpida.

En un enorme juego de intereses y traiciones las posiciones son claras: el mosaico general que compone la sociología del futbol europeo lo rechaza por completo. La Premier Inglesa, atestada de oligarcas, banqueros y jeques con fortunas de todos los colores – de tan dudosa procedencia como la honorabilidad de los que la tienen – fustiga con la misma dureza que se puede esperar de un británico encolerizado. Gary Neville figura histórica del Manchester United lo tilda de acto criminal y el Daili Mail, la voz de la Premier, exhorta a los seis sinvergüenzas a dar marcha atrás o irse.

En este nuevo escenario asistimos a la consagración de una especie de Club Bilderberg del futbol, un círculo elitista de poderosos que cierran la puerta a los humildes y enajenan la pasión. Es una de las premisas del Bilderberg original, creado por el pulso de David Rockefeller y la monarquía holandesa que, además de circunscribir el poder en pocas manos y acaparar, se propone vaciar de poder a la UEFA.

Cuando en el año 2000 se genera la fusión del Manhattan Chase y el Morgan Group nace el JP Morgan. Es el banco número uno de los EEUU con activos superiores a 2.4 billones de dólares. Uno de sus múltiples objetivos es acaparar la elite del deporte. Con la llegada del Director Ejecutivo Jamie Dimon en 2006, JP Morgan empezó a jugar fuerte ocupando espacios como patrocinador de la MLB, la NBA y la MLS. Son socios estratégicos del US Open y del negocio del turf en los Estados Unidos. Ellos van a financiar la futura Superliga Europea con 4.500 millones de dólares y exigen que las plataformas de Amazon Primes las lancen al mundo. Siguiendo la normativa de sus actas fundacionales Bilderberg elitiza, acapara y arrasa.

La UEFA va a interponer recursos con amenazas de sanciones, los ricos rebeldes se ampararán en sus legítimos derechos de elección. A los pobres le quedan pocas cosas a las que aferrarse y cuando al hincha de un equipo humilde ve borrada su ilusión por el nacimiento de esta idea de estructura vertical y clasista, de absolutismo aristocrático, solo espera como resultado la triste impotencia. Será difícil que concreten este atropello, grotesco y vanidoso en medio del horror pandémico.

Los fanáticos rechazan en Europa la creación de la Superliga.

El día que moría Diego, nos preguntábamos en esta columna, donde residiría su espíritu desposeído de carnalidad. Donde quiera que esté, fiel a su estilo, estará puteando a esos cerebros egoístas que van a terminar fracasando. Los mecenas, esta vez, entenderán que aun todo el dinero del mundo es finito cuando compite con la ilusión.

Cuando Gianni Agnelli, dueño de FIAT y tío de Andrea Agnelli, actual presidente de la Juventus e impulsor rupturista, le preguntaron porque no compraba a Maradona dijo que no era lo suficientemente rico para poder comprarlo ni lo suficientemente pobre para necesitarlo. El millonario no tuvo en cuenta algo esencial y de ahí su fracaso, jamás contempló que, en una guerra de clases, la voluntad de Maradona no tenía precio. Esa vez ganaron los pobres, esta vez lo harán de nuevo.

* Leonardo Gasseuy vive en San Francisco, Córdoba. Es empresario. Apasionado del deporte, la geopolítica y la historia.

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