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El mundial de Trump, el G7 y los mercachifles de rehenes

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Leonardo Gasseuy

Leonardo Gasseuy

El canciller alemán Friedrich Merz se puso de pie,  camino hasta Donald Trump y le regalo una camiseta de futbol con el numero 47. El gesto simbólico, significo mucho para el establishment europeo  que quiere mostrarse halagador, conciliador y dispuestos a complacer. Una muestra mas de la misera posición que Europa tiene en el verdadero tablero que se pulsan los botones del mundo.

 Fue esta semana en una carpa (literal), donde el Grupo de los 7 intenta digitar el mundo. El americano,  adopta la no fingida imagen de gánster. Mira con la superioridad que le confiere liderar una potencia mundial que usa como métodos habituales: el genocidio y la usura (entre miles mas) como armas de dominación.

Trump se debía un encuentro  con los lideres de una Europa desvencijada, que simula a una vieja pacata venida a menos. Merz, el alemán que regalo la camiseta, es un conservador frio y rancio, las cosas de palacio usa como frase  se hacen despacio, intenta imitar a Merkel y hasta el mismo sabe que las diferencias con la Señora son las de cualquier futbolistas amateur gordo con  el mejor Messi.

Donald observa  en silencio. Ojos semicerrados, rostro ultrabronceado, mente indescifrable. Minimiza el encuentro,  con gestos de autosuficiencia y sumo desinterés le demuestra al resto que para el, es solo un protocolo vacuo y yermo. Su  anuncio de un nuevo y definitivo acuerdo de paz con Irán y la promesa de cooperar con Ucrania, suavizaron la relación  con los los europeos. Fue hace unas horas en la reunión anual del G7 que se celebro en Évian-les-Bains, Francia.  Intenta ser un líder global, que genera distopia en cada acto que ejecuta.

El G7 es una cumbre de países ricos, selectiva. No están los también poderosos y muy ricos China, India y Brasil, lo estaba Rusia (cuando era G8) pero fue eyectado a instancia de EEUU por ser  “país invasor”.  Europa necesita de manera imperiosa  reconfigurar su matriz de abastecimiento energético. No pueden quedar a merced de los caprichos bélicos que abren y cierran  el estrecho de Ormuz. Trump, que disfruta la decadente impotencia europea, se regodea diciendo que el nuevo orden económico lo impulsara su país y oriente medio.

Es (o intenta) ser el siniestro titiritero del mundo. Digita con violencia, amenazas y extorción. Galopando en su sola megalomanía o acompañados por aliados inescrupulosos, miembros   de la usura, vendedores de armas y jefes de estados sometidos.  Aprovecho esta cumbre para juntarse con lideres árabes y mostrar sus garras. Llego tarde a una reunión, el protocolo debió esperarlo, mirando al anfitrión Emanuel Macro, en afán de autojustificar su tardanza dijo soy el jefe del mundo, todos rieron. La geopolítica llora.

 Trump en su laberinto. Dicotómico y circular. Mientras tanto, en su país la fiesta comercial de la FIFA sigue transitando su primera semana. Una competencia  de gran vacío emocional. Un mundial que tiene de patrón a un Trump, que trajo a su mundial las cosas que Trump derrama por el mundo. Tiene impreso su sello. El socioclima del torneo destila el olor a ar sus bombardeos, guerras arancelarias, amenazas, fanfarronería, recortes humanitarios y policía inmigratoria. Infantino y la FIFA toda, firmes en su rol de facilitadores, son una ficha mas en el casino caníbal de la timba trumpeana.

Infantino, que le entrego a Trump el premio FIFA de la Paz, en diciembre pasado, es algo mas que un socio comercial. Son los voraces estrategas que van por todo, juntos avalaron a oriente medio como manantial financiero, pergueñan alianzas con televisoras (no afines) para repartir  parte del portfolio completo. Luego del FIFA Gate, que descabezo los gerontes de casi todas las federaciones, prometieron validar los standares éticos de la entidad. 

Infantino y Trump, redirigieron el mapa de mando. Poderes plenipotenciarios al régimen genocida de Arabia Saudita, a la Cadena DAZN, también dueños de  esta copa del mundo, con  grandes aglomeraciones de turististas pero pocos futboleros. En términos reales, a los pobres futboleros que se le extirpo el mundial les cuesta tanto conseguir medios para viajar, como a los ricos que viajaron,  aprender las canciones de cancha.  Todo travestido ,un cronopio incoherente  y deshumanizado como el mundial y el mismo Trump.

 El mundial, que como evento, camina como una carroza mercadoctenia, siempre tiene como salvador al futbol y su sacros protagonistas. En medio de persecuciones y censuras políticas, aparecen Messi, Haaland, Mbappé para revalidar los papeles de sus historia. Por que si hay algo universal  imposible de alienar, es el grito de gol, ese aullido multiforme, que significa lo mismo con la mezquina versión de sus 3 letras o el alarido eterno de ese grito, glorioso para quienes lo festejan, letal para quienes los sufren. Nadie le podrá quitar al gol, ser la única potestad mundial de igualatoria democracia.

Trump sabe que su vida es una ficción. Sabe que perdió la guerra con Iran. Sabe que  a seis meses vista de las elecciones de medio termino  atesora un nivel récord de impopularidad, con un grado de desaprobación entre el electorado cercano al 60%. Sabe que es imposible intentar liderar el mundo solo  con los Sheriffs republicanos.

Un mundial es vivir en una  comunidad imaginada. Menos este de EEUU, donde la pasión fue abordada por el algoritmo y las estadísticas que mas suman, es saber la facturación publicitaria de las “pausas de hidratación”. Es un mundial frívolo que expone lo que es Trump, pero aun en ese mundo mercantil de arrogantes y rehenes, siempre tenemos respuestas que convalidan. ¿Por qué triunfa el capitalismo? Por que tiene la diabólica función de trabajar en el deseo y no sobre la necesidad.

Gráfico: Al Toque

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Fecha. Edición N° Edicion . Registro DNDA N°09649388.