Fútbol
Facundo Gallardo, el pibe que soñó con jugar en Estudiantes y hoy empieza a escribir su historia
En una nueva edición del ciclo de entrevistas mano a mano que se realiza en Kiricocho, el local de indumentaria futbolera ubicado en Sobremonte 982, el protagonista fue una de las gratas apariciones de Asociación Atlética Estudiantes en estos primeros meses de competencia en la máxima categoría del fútbol argentino. A los 20 años, Facundo Gallardo repasó sus inicios, habló de su presente en el “celeste” y compartió sensaciones de un debut que todavía parece reciente.
El fútbol siempre encuentra historias que merecen ser contadas. Algunas nacen en grandes escenarios; otras, mucho antes, en una cancha de pueblo, entre sueños que parecen lejanos y una pelota que empieza a marcar el camino.
En una nueva entrega del ciclo de entrevistas que se desarrolla en Kiricocho, espacio de encuentro para amantes del fútbol en pleno centro de Río Cuarto, el invitado fue Facundo Gallardo, extremo nacido el 13 de enero de 2006 y una de las irrupciones más interesantes de Estudiantes en su histórica temporada en Primera División.
El juvenil, oriundo de Holmberg, tuvo su estreno oficial el pasado 7 de abril en el cruce de 32avos de final de Copa Argentina frente a San Martín de Tucumán. Aquella tarde en cancha de Belgrano de Córdoba, que terminó igualada sin goles y con eliminación por penales, significó mucho más que un resultado: fue el inicio de un sueño largamente esperado.
Desde entonces, sumó minutos ingresando desde el banco ante Barracas Central y Gimnasia de La Plata, además de ser titular frente a Rosario Central e Instituto. En la charla, repasó ese proceso, habló del desafío que atraviesa el plantel y recordó detalles imborrables de sus primeros pasos en la elite.
Del pueblo al salto al profesionalismo
Gallardo comenzó a construir su vínculo con la pelota en Holmberg, su lugar de origen.
“Arranqué a jugar a los 9 años en el club del pueblo. A los 10 me vine para Estudiantes y estuve dos años y medio. Después, en un torneo me vio Talleres y en 2020 me quedé definitivamente en Córdoba. Estuve hasta 2025, aunque en 2022 vine a préstamo a Estudiantes un año, y ahora estoy de nuevo acá”.

Su paso por la estructura “albiazul” fue formativo en muchos aspectos.
“Talleres es un club muy lindo. Me enseñó un montón de cosas y me hizo crecer futbolísticamente y como persona. Aprendí a ser fuerte de la cabeza porque tuve momentos buenos y malos. Ahí te enseñan el profesionalismo en todo sentido: teníamos psicólogo, nutricionista, hasta cómo hablar ante la prensa”.
Y si bien gran parte de su crecimiento se dio lejos de casa, nunca perdió el vínculo con sus raíces ni con el club del que era hincha.
“De chico venía con mi abuelo a la cancha a ver a Estudiantes y siempre decíamos ‘imaginate cuando estés jugando acá’. Son cosas que quedan guardadas. Después, cuando me fui a Talleres, capaz pensás en otro camino, pero por cómo se dio todo, también fue un sueño jugar en el club del que soy hincha”.
El día que todo cambió
El debut oficial llegó casi sin tiempo para procesarlo. “Es un sueño. Me pasó todo muy rápido y no me dio tiempo a pensarlo demasiado. Se te pasan muchas cosas por la cabeza: todo el sacrificio, la dedicación, el sufrimiento de la familia. Que se haya dado así fue algo muy lindo”.
La convocatoria tuvo una llamada inmediata.
“Llamé a mi papá. Él estaba trabajando y yo salía de entrenar. Le avisé y después esperé a llegar a casa para contárselo al resto de la familia en persona. Fue muy lindo”.
La previa, claro, estuvo cargada de ansiedad. “Al principio estaba tranquilo, el problema fue la noche anterior. Me costó comer, se me había cerrado el estómago por los nervios. Se notaba que era un día distinto. Sentía que podía entrar y terminé jugando bastante tiempo. Sentí que lo hice bien”.
Semanas después llegó otro paso clave: la firma de su contrato profesional. “Es algo que todo jugador busca. Pasás a formar parte del profesionalismo y se te vienen a la cabeza todas las cosas que hiciste para llegar. Es un orgullo enorme, sobre todo por poder darle una alegría a mi familia”.
El fútbol de Primera, contado desde adentro
Gallardo también habló de las diferencias que encontró al dar el salto desde Reserva.
“Se nota mucho en los tiempos. Tenés que pensar muchísimo más rápido y estar concentrado en cada pelota. También hay más espacios para jugar. En Reserva es más roce, más choque. La diferencia existe, aunque físicamente no es tanta”.
A la hora de describirse, elige la simpleza.
“Me cuesta describirme. Siempre preferí que hablen los demás. Pero creo que la velocidad, la potencia y el uno contra uno son cosas que me definen”.
Un cruce inolvidable con Di María
Entre las perlitas que ya le regaló este arranque en Primera, hay una que difícilmente olvide.
En uno de sus primeros partidos le tocó compartir cancha con Ángel Di María.

“No lo podía creer. Después lo hablábamos con mi papá y no éramos conscientes de lo que había pasado. En una jugada me hacen foul, me levanto y cuando miro lo tenía enfrente. Me preguntó si estaba bien. No sabía qué responderle, le dije que sí y me dio la mano. Me quedó esa imagen para siempre”.
La admiración se completó con una observación de futbolista.
“Es un jugador distinto. Se nota en los controles. Cuando le llegaba la pelota, la acomodaba y ya quedaba todo listo para él”.
El presente de Estudiantes y la fe intacta
Más allá del plano personal, Gallardo también analizó el presente del “Celeste” en una temporada tan exigente como histórica.
“El balance es algo inesperado y muy lindo para la ciudad. Que un equipo de Río Cuarto esté en Primera es enorme. Después, que no se hayan dado algunos resultados puede pasar, porque el cambio es muy grande y cuesta adaptarse. Igual, desde donde me toca, trato de hacer todo lo posible para ayudar”.
Y puertas adentro, asegura que la ilusión sigue viva.
“La esperanza es lo último que se pierde. Estamos trabajando mucho para que esto salga adelante. Tengo mucha fe y mucha confianza en el equipo para sacar este momento adelante”.
La familia, el sostén de todo
Si hay algo que aparece de forma constante en su relato, es el rol de su entorno.
“Mi familia es lo más importante. Fue la que me sostuvo en los peores momentos, desde lo moral y también desde lo económico”.
La distancia llegó temprano. “Cuando me llamaron de Talleres yo tenía 11 años y mi mamá no quiso. Finalmente me fui a los 13. Fue despegarme de casa, ir a una pensión, vivir solo”.
Aunque la adaptación fue rápida, reconoce que no fue sencillo. “Había fines de semana en los que no me tocaba jugar, o iba al banco y no entraba. Ahí era difícil, porque estaba lejos y no podía verlos. De eso se trata también este camino”.
A los 20 años, Facundo Gallardo recién empieza a transitar un sueño que imaginó de chico en las tribunas junto a su abuelo. Hoy, ya desde adentro, intenta dejar su huella en la máxima categoría. Y aunque el recorrido recién comienza, todo indica que su historia todavía tiene muchos capítulos por escribir.
Mirá la entrevista completa
Fotos: Al Toque / gentileza Facundo Gallardo
Redacción Al Toque
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