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La cruel oligarquía, el FC Sheriff y los saqueadores modernos

Por Leonardo Gasseuy

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La novela romántica, con las leyes universales del genero rosa, tiene la versatilidad de edificar la introducción, el nudo y el desenlace de la obra con un colorido de ficción, que al llegar a su final el contenido pueda mutar de lágrimas a risa y, pese a las espinas impostadas en el recorrido, la felicidad reine cuando llegue el epilogo.

Hoy el mundo del fútbol, desde las plumas más avezadas hasta un simple obrero bengalí, habla del FC Sheriff, el equipo sin país oficial, la cenicienta del Grupo D de la Champions.  El que le ganó al Shakhtar Donetsk en la primera jornada y esta semana al Real Madrid en el Santiago Bernabéu.

La novela como tal, tiene si se quiere que tenga, un trasfondo de final soñado, un ensueño tan diferente a la fría letra de la geopolítica, donde los guiones no se prefiguran, son la fiel realidad contextual de lo que se vive y donde los protagonistas políticos son tan reales que esa realidad supera cualquier ficción. El equipo Moldavo o Transnitrio que ganó en Madrid no es un romántico personaje que subió a la marquesina y cacheteo a Florentino, es un lógico correlato de una larga planificación para estatal corrupta y abusiva.

Cuando en 1991 Mijail Gorbachov decide renovar la KGB, Vikctor Gushan como otros espías soviéticos pasaron a retiro y como la mayoría de sus colegas el know how aprendido al servicio de la Lubianka, lejos de sumirlos en la depresión de los desempleados, les abrió las puertas a grandes negocios. “Solo aprovechamos nuestra posición” dijo Gushan que se fue a Moldavia, literalmente sin saber que hacer de su vida.

Vikctor Gushan, dueño de Sheriff FC (Gráfico www.elindependiente.com)

Cuando Gushan –fue un buen mediocampista profesional de CSK -llega a Moldavia coincide con la desmovilización del 14° Ejercito Soviético que estaba en la zona. Cuantioso fue el botín que los oportunistas encontraron en los cuarteles abandonados. Cigarrillos, combustible e incluso armamento y municiones de los depósitos, estas  fueron las primeras migas que el enorme pastel postsoviético le dejaba servido a Gushan. En poco tiempo tejió lazos con Ígor Smirnov el Presidente Moldavo de entonces, a quien le comenzó a vender muy caro el gas que conseguía gratis de Rusia. Esa caja negra, cuantiosa y corrupta pario al Holding Sheriff, la cenicienta que llegó al Bernabéu y le ganó al Real.

Moldavia tuvo el triste designio de estar geográficamente entre Rusia y la Unión Europa, la alquimia gris de buscar un todo y ser víctima fraccionada de la casi nada misma. La historia de este siglo definió a presidentes Pro rusos o Europeístas, un pendular constante de chapucerías y descontrol, donde la corrupción y el estabilismo han jugado su partido. En ese contexto nace Sheriff como empresa.

Con el aval protector de Smirnov, los ex espías se instalaron en la región de Transnitria y se apoderaron de la economía. Tomaron como propio el mercado de la energía, la construcción, el alcohol, el tabaco, las gasolineras, las empresas de telecomunicaciones, los supermercados, los gimnasios y mucho más. Ejecutaron las leyes de la opresión y la ocupación.

Transnitria declaró su independencia en 1990.

El holding entendió que el futbol generaría herramientas de solidificación y apuntaron solo al instrument. Ganaron 19 de los últimos 21 campeonatos en Moldavia, con una obscena disposición material en uno de los países más pobres de Europa. Montaron un circo impostado – un salario medio bruto es de 321 euros –  y marcan la cruel dicotomía de ostentar en el mismo momento que miles de jóvenes moldavos huyen despavoridos del país, dejando un futuro embargado.

La novela rusa genera magistralmente paralelismos. La Casa Eterna de Yuri Slezkine (Moscú, 1956) es una historia del proyecto soviético tal como lo vivieron quienes lo llevaron a cabo. La casa se construyó para las élites bolcheviques, cuya entrega rayaba en el fanatismo; eran abnegados, inquebrantables. Los verdaderos dueños del Estado. Uno de ellos, Yákov Sverdlov, ordenó la ejecución del Zar Nicolás II y su familia.

La Casa, según la obra de Slezkine, nació para forjar una nueva conciencia que superase las antinomias entre subjetivo y objetivo, cuerpo y espíritu, familia y partido, se diseñó para facilitar la transparencia entre lo individual y lo colectivo y como triste corolario fue el verdadero lugar donde empezaron a nacer las oligarquías modernas que han infectado el este de Europa.

El Sheriff FC hizo historia al derrotar al Real Madrid en el Santiago Bernabéu.

Moldavia y sus propios separatistas replican esa novela. Amparados en el estabilismo saquean naciones enteras, institucionalizan el contrabando y cuando es necesario utilizan la escenografía del fútbol para maquillar el vandalismo estatal, total  el himno de la Champions oculta el murmullo que pasa a gritos de tantos descontentos.

Vicktor Gushan y su popular FC Sheriff viven momentos de gloria, la historia y formas de su gestación son parte de la involución del colectivo. Mancur Olson dice que antes de Putin los oligarcas rusos eran bandidos nómades y ahora están controlados, claro que el control actual disparó males tan o más trágicos en la madre Rusia y la región.

Todo es una dicotomía como nos dice José Carlos Valverde. “Nunca olvides que el Diablo, es el mejor amigo que la iglesia jamás haya tenido. Él es el culpable de la falsa doctrina de la divinidad y del castigo; del cielo y del infierno”. En fin. El Sheriff, el fútbol, los ricos y los pobres. Todo lo mismo, nada cambia, ni el dolor, que siempre camina para el mismo lado, por más Champions League que juegue.

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