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Soñadores con éxito

El fútbol regional: ¿una puerta hacia un cambio de vida? Por Martina Miani.

Delfina Vettore

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Corre el 2020 y, con pandemia y todo, alrededor de cuarenta futbolistas de Río Cuarto y región se encuentran fuera del país viviendo de lo que aman. Diferentes lugares, distintos clubes, la misma pasión: el fútbol.

Los – diversos – caminos hacia el cambio de vida

Quizás alguna vez te preguntaste cómo hacen o hicieron los jugadores del fútbol de la Liga Regional de Río Cuarto para “pegarla” e irse. La respuesta es simple: para nadie fue fácil. “Tengo treinta y cuatro años. Dejé Estudiantes después de siete temporadas y me vine a jugar a Venezuela. Siempre tuve dos sueños: jugar en el exterior y competir en una copa internacional, en este caso la Libertadores que es la más importante para los latinoamericanos. Los estoy cumpliendo, pero me gustaría hacerlo al lado de mi esposa y mi hija. No pudieron venir conmigo por la pandemia, estamos alejados y no veo la hora de estar con ellas”, cuenta el defensor Nicolás Foglia, que dejó el “León” de Río Cuarto para aprovechar la oportunidad de su vida, aunque lejos de sus seres más queridos.

Javier Martínez es un riocuartense de 23 años. Actualmente se encuentra el Gallipoli Football de Italia, y a lo largo de su carrera debió cruzarse con algunos altibajos. Se acuerda particularmente de un comentario que lo marcó para siempre: “Apenas llegué me hicieron una entrevista y publicaron que estaba en un club importante de la quinta división. Uno de los lectores comentó que estar en la quinta de acá es lo mismo que jugar en Charras. Deberían saber que acá jugando en quinta o sexta división podés vivir tranquilamente, como si jugaras en la segunda de Argentina. Te permite ahorrar y crecer. Uno siempre soñó con vivir de esto, y todo el esfuerzo que hacemos es reconocido. Son esas cosas que la gente no se da cuenta”. 

Nicolás Foglia.

Pero ¿todos soñaban desde chicos con esto? Lo más común es escuchar “estoy cumpliendo mi sueño” o “todo el esfuerzo valió la pena porque siempre quise hacer esto”. Pero no en todos los casos es así. Tomás Prado nació en Alcira Gigena. Ahora tiene 24 años y está en Grecia. Nunca soñó con dedicarse completamente al fútbol, pero los caminos de la vida lo llevaron a ello. “Vivía en Río Cuarto porque estudiaba ahí, y viajaba todas las noches a entrenar con Lutgardis Riveros. Siempre el estudio fue mi prioridad, el fútbol me apasiona pero lo tenía como complemento”. Fue así hasta que tuvo la oportunidad de jugar lo que en aquel entonces se llamaba Federal B con Atenas: “Con la carrera en el bolsillo y el titulo en mano decidí probar la vida de futbolista”. Tomás tenía nacionalidad española, no con fines deportivos sino por “cuestiones de descendencia”. Recibió ofertas de múltiples clubes durante mucho tiempo, pero no aceptó hasta tener concluida su formación académica. En la segunda mitad del 2019 finalmente decidió experimentar la vida de un futbolista full time. Estuvo tres semanas en Italia y de ahí sin escalas hasta Grecia. Actualmente está en el Panserraikos de Serres, junto al riocuartense Juan Ignacio Mattea y algunos argentinos más. Formaron un lindo y unido grupo, en el que mantienen las costumbres de nuestro país. Por ahora, dice Prado, que la vida de futbolista lo tiene muy contento, pero aclara “si no fuera por el Coronavirus”. Y sí, así es, ellos tampoco se salvaron del millón de cambios que introdujo la pandemia en la vida de todos y todas, en cualquier parte del mundo.

La pandemia como detonante para volver – o no – a casa

El coronavirus afectó la vida de los habitantes de cualquier parte del mundo. Es común pensar y, de hecho, existen reflexiones del tipo: “qué difícil estar encerrados y encima lejos de casa”, “¿Cómo estarán en tal o cual parte del mundo?” “¿La pandemia hará que quienes emigraron vuelvan a sus hogares?”. Sobre ello, dos respuestas: sí y no – o no y sí, como cada cual prefiera-. 

Bautista Marchini, que admite que “quedarse en Suiza o en cualquier parte de Europa no eran opciones, tenía que volver a la Argentina” y así fue. Después de meses y tras haber firmado un reciente contrato profesional volvió a Río Cuarto. Aunque en enero regresará a Suiza para comenzar la pretemporada y seguirá su vida normal – si la pandemia lo permite -. 

Pero también hay quienes – y son la mayoría – le dicen NO al regreso a su país natal. Dante Isla se encuentra en Gales y admite que, aunque nunca le dieron la posibilidad de regresar a Argentina, él nunca lo consideró: “Estoy cómodo afuera, vuelvo solo en las vacaciones”. En la misma línea lo sigue Juan Mattea, recordando que nunca pensó en venir durante la pandemia, porque seguía motivado y con esperanza de que se reanude el torneo después del verano y, para su suerte, fue lo que pasó. Pero ahora que volvió a frenarse todo y se encuentran sumergidos otra vez en incertidumbre, admite “ahora me está picando un poco el bicho de la extrañitis porque no sabemos qué va a pasar. Estoy pensándolo”.

Juan Ignacio Mattea.

Historias que se recuerdan con risas

Se ríe Juan Ignacio Mattea mientras recuerda la anécdota de la furgoneta. Antes del Panserraikos de Grecia pasó el Mons Calpe de Gibraltar. Estando allí se midieron en un amistoso con un equipo de la segunda división suiza en Marbella. Desde el club les dieron, a todos los extranjeros, una furgoneta -la protagonista de esta anécdota- para llegar al partido, ya que no debían recorrer grandes distancias. Sin desestimar a las pobres furgonetas, no sé por qué tienen tanta mala fama, pero en este recuerdo tampoco se salvan. A mitad de camino, el vehículo encargado de transportar a los extranjeros comienza a fallar. Faltando diez minutos para la llegada, se siente un abundante olor a humo que invade las narices de los transportados. No funcionó más. La furgoneta se detuvo a unos pocos kilómetros del lugar del cotejo. Y en esos lugares, las alternativas en una situación así son las mismas que en Argentina: hicieron dedo. Unos cuantos jugadores del Mons Calpe debieron recurrir a su último recurso para llegar a tiempo a su partido. Tuvieron suerte: los levantó otra furgoneta. Suplicando que esta no falle y esperanzados de llegar a tiempo – entre risas y algunos nervios – los futbolistas se subieron en la parte de atrás, haciéndose lugar entre champas de césped. A pesar de las circunstancias, Mattea recuerda: “Subimos todos chochos y fuimos cantando hasta llegar. Nos dijeron que estábamos locos”. Por el otro lado llegaron los suizos, con ese estilo y elegancia que parecen no perder nunca, después de una increíble pretemporada en un hotel exclusivo. “Los mirábamos y nos daba risa pensar en todo lo que nos había pasado a nosotros para llegar”. Finalmente, la historia de la furgoneta tiene un final feliz para Juan Ignacio y sus compañeros: ganaron 6 a 1 y todo fue carnaval. “Quedó para la historia, chochos nosotros”, finalizó el riocuartense.

La otra anécdota gira en torno a nuestro compañero preferido en todo lo que hagamos: el mate. Costumbre que no deja olvidar nuestras raíces, que cuesta soltar y se hace imposible de reemplazar. Y es que, tomarse un matecito estando lejos de casa es como volver un ratito al hogar. Bautista Marchini lleva a su compañero a cada entrenamiento y a cada partido, y recuerda – risueño – una anécdota de su primer tiempo en Suiza: “Todo el mundo me miraba raro porque andaba con el mate por todos lados. El técnico no sabía lo que era. Cuando jugué mi primer amistoso lo llevé para tomar antes del partido, no anduve muy bien y cuando salí me pidió que nunca más tomara mate, sin saber qué es. Dos semanas después, jugamos la primera fecha del campeonato, obviamente fui con el mate y él se molestó conmigo. Resulta que en el partido hice dos goles, así que después me pidió disculpas, me dijo que debía llevarlo siempre. Ahora todos saben qué es y ya se acostumbraron”.

Tomás Prado.

Fútbol en el exterior: ¿la misma pasión?

Hay situaciones diversas en la importancia y la pasión con que se vive el fútbol en cada lugar. El valor de este deporte en la Argentina es algo difícil de dimensionar. Tiene capacidad de hacer emocionar hasta a la persona más fría y hacer gritar al más introvertido. Tiene capacidad de eso y mucho más. Nicolás Foglia cuenta que en Venezuela no se vive igual que acá, pero reflexiona que “quizás está desvalorizado por la situación que vive el país en todos los otros aspectos”. En la misma línea piensa Javier Martínez sobre Italia, su país actual: “La pasión que se tiene en Argentina no está en ningún lado, pero acá tenes la seguridad de que podés vivir de esto”, aunque se evidencian en los relatos las amplias diferencias económicas entre ambas naciones. Bautista Marchini -riocuartense de 23 años- por su lado agrega que el fútbol suizo no se vive con la misma adrenalina que el argentino: “los hinchas son mucho más pasivos, están todos sentaditos y a la cancha no concurre gran cantidad de público”. 

Por otra parte Tomás Prado y Juan Ignacio Mattea aseguran que, en Grecia, este deporte y el estilo de vida es prácticamente igual que en nuestro país. Con las obvias diferencias culturales, “la sociedad es muy parecida y el fútbol también es muy importante. Los hinchas son muy apasionados y seguidores”.

Los pequeños soñadores de las fotos – y sus colegas, amigos o compañeros – se convirtieron, luego de un extenso camino, en lo que siempre quisieron ser. 

Cambios de rumbo, de compañías, de clubes y de objetivos.

La pasión futbolera intacta.

* Por Martina Miani. Alumna de la carrera Ciencias de la Comunicación de la UNRC. Reportaje final en el marco de la cátedra Periodismo y Comunicación Impresa (segundo año). Noviembre 2020.

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