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La Guardia Suiza y la corrupción

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La Guardia Suiza y la corrupción.

Mariano Saravia

Periodista y especialista en Relaciones Internacionales.

Van a ser 11 guerreros los suizos. Más allá de chispazos de talento de Johan Mozambi, si se recupera de su lesión en la rodilla, Rubén Vargas, si es que juega, o Granit Xhaka, el capitán. Pero lo que garantiza Suiza es el orden, la disciplina, el esfuerzo colectivo. Y así ha sido desde siempre. Algunas historias pueden ayudar a entender cómo juega Suiza.

A fines del siglo XV, los soldados suizos gozaban de una reputación inigualable en toda Europa debido a su extrema disciplina, ferocidad y fidelidad inquebrantable. El 22 de enero den 1506, 150 de esos soldados, cruzaron las murallas de Roma por la Porta del Popolo para ponerse bajo el servicio directo del Papa Julio II, conocido como “El Papa Guerrero”. En aquellos tiempos, el Estado de la Iglesia tenía amplios territorios en lo que hoy es Italia y permanentes conflictos políticos y militares con sus vecinos. Por eso, el Papa necesitaba un cuerpo de élite leal para su custodia personal. Julio II bendijo a los soldados suizos y formalizó el acuerdo que daría vida al ejército profesional más pequeño y antiguo del mundo: la Guardia Suiza.

Pasó el tiempo, y a principios de 1527, el emperador Carlos V (Carlos I de España) invadió el Estado de la Iglesia. El 6 de mayo, sus tropas asaltaron Roma y 147 guardias suizos murieron luchando ferozmente contra miles de invasores en las mismísimas escalinatas de la Basílica de San Pedro. Con esta acción, la Guardia Suiza salvó al Papa, que en ese momento era Clemente VII, y que pudo escapar a través de un pasadizo secreto (el Passetto) hacia el Castillo Sant’ Angelo. Por eso, cada 6 de mayo los nuevos soldados de la Guardia Suiza realizan su solemne juramento de fidelidad en el Vaticano.

Paradójicamente, por esa primera mitad del siglo XVI, se produjo la Reforma Protestante en distintos lugares de Europa, con personajes históricos de la talla de Martín Lutero, Juan Calvino y otros. Pero en Suiza, fue muy importante la acción de Ulrico Zuinglio, al punto tal que, en la actualidad, son más los protestantes que los católicos en Suiza. Sin embargo, para ser parte de la Guardia Suiza, además de ser suizo y parte del Ejército Suizo, hay que ser católico.

Parece normal hablar de Suiza en los siglos XV y XVI, cuando la mayoría de los estados europeos ni siquiera existían, pero es que la Confederación Helvética hunde sus raíces a fines del siglo XIII, en 1291, con la unión de distintos cantones que antes estaban dominados por señores feudales que rendían fidelidad o al Sacro Imperio Romano Germánico o a los Habsburgo. De hecho, la bandera de Suiza surge en esos tiempos remotos de la consolidación de la confederación. En 1339 tuvieron que enfrentar a una alianza de nobles vecinos que estaban entre celosos y temerosos de esta confederación que estaba surgiendo. En la Batalla de Laupen, los soldados confederados suizos cosieron una cruz de tela blanca en sus mallas rojas para identificarse en el campo de batalla frente al enemigo. Este símbolo militar medieval tiene su origen en la antigua insignia del Cantón de Schwyz, que también daría el nombre al país. Por supuesto, el símbolo de la cruz también está vinculado al cristianismo. Y una cosa más, junto con la del Vaticano, son las únicas dos banderas cuadradas del mundo.

Después de las derrotas napoleónicas y la Restauración de 1815, Suiza adoptó oficialmente esta bandera, que luego inspiró a la de la Cruz Roja, solo que invirtiendo los colores. También por esos años, Suiza adoptó su ahora histórica política de neutralidad. Después de una vida de guerras, dos siglos de paz le redituaron a Suiza la prosperidad que hoy tiene. Se evitó varias guerras del siglo XIX y las dos ignominias europeas del siglo XX: la Primera y la Segunda guerras mundiales. Pero su prosperidad no solo se debe a la neutralidad, sino a otros motivos.

Si nos remitimos a la idea de Suiza, se nos presentarán los paisajes alpinos paradisíacos, el chocolate y los relojes. Nada de eso, suficiente como para garantizar una de las rentas per cápita más altas del mundo. Entonces, hay que mirar más para el lado oscuro de Suiza, el del sector financiero, verdadera explicación de tanta riqueza. Y aquí lo que se pone en tela de juicio son los otros preconceptos que giran en el mundo alrededor de Suiza: la pulcritud, la prolijidad, la limpieza, incluso la honestidad. Acá, entender exige un esfuerzo mayor de conocimiento y reflexión.

Por supuesto que cuando vas a Suiza verás la limpieza de sus calles, la puntualidad de sus trenes y la belleza de sus paisajes. Pero lo que no se ve y es fundamental, es la porquería de sus catacumbas financieras, sus cloacas de dinero sucio, amparada por el secreto bancario. Es fácil despotricar contra la corrupción de los políticos o empresarios del llamado “Tercer Mundo”, pero en realidad, el país más corrupto del mundo es Suiza. Está bien recordar la bestialidad de los nazis alemanes durante el Holocausto, pero también sería bueno recordar que todo el oro nazi que le robaban a los cuerpos de las víctimas judías fue a parar a los bancos suizos.

Y en la actualidad, es necesario saber adónde va lo producido de la corrupción, esos miles y miles de millones de dólares que no pueden guardarse en bolsos. Los principales mercados ilegales en el mundo son el tráfico de personas, el tráfico de drogas, el tráfico de armas y el tráfico de bienes culturales. ¿Adónde van esos miles y miles de millones de dólares? En gran parte, a los bancos suizos. Entonces, ¿qué es corrupción, quiénes son los corruptos, qué es lo pulcro y qué es lo sucio?

Lo que no se discute es el orden en este país plurinacional, donde conviven hablantes de alemán, francés, italiano y romanche, un idioma latino pariente lejano del véneto. Pueblos tan distintos que entendieron que, por conveniencia, les viene bien estar juntos en el estado más antiguo de Europa. En orden, claro.

Y ese orden seguramente se reflejará en el partido contra Argentina, seguramente serán 11 guerreros tenaces y ordenados, como aquellos de la Guardia Suiza.

Gráfico: Al Toque

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