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Club Chacabuco: cuna del tenis de mesa local

Luego de la designación de Verónica Blanco para ir a los Juegos Paralímpicos de Tokio, nos adentramos en la disciplina a nivel local. El club ubicado en el Barrio Mójica funciona como centro de la actividad, aunque actualmente permanece con las puertas cerradas.

Bruno Aricó

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El club Chacabuco, dispuesto para un torneo de tenis de mesa.

Una de las tantas historias de clubes de barrio en la ciudad es la que rescatamos en el día de hoy.

El Club Chacabuco se ubica en el Barrio Mójica, en calle Estado de Israel al 1234, y en la ciudad es una de los principales escenarios de la práctica de tenis de mesa. La actividad se desarrolla desde hace más de 30 años.

Esta disciplina está en los primeros planos a nivel local esta semana con el anuncio de la invitación de Verónica Blanco para formar parte del equipo nacional de tenis de mesa adaptado que participará en los próximos Juegos Paralímpicos de Tokio.

Actualmente, el club Chacabuco permanece cerrado y con la actividad de tenis de mesa frenada. Sin embargo, el impulsor de la disciplina en la entidad, Alejandro Gregorat, dialogó con Al Toque Deportes.

La pandemia asestó a Chacabuco como a todos los pequeños clubes de barrio en nuestra ciudad -así también en el país-. En este caso, la práctica de tenis de mesa que nucleaba alrededor de 40 personas no se realiza de manera ininterrumpida desde antes de marzo del año pasado.

Gregorat amplía sobre los últimos meses de la disciplina en el club, las consecuencias de la pandemia y lo que significa que una representante local como Blanco viaje a un evento olímpico.

Alejandro Gregorat, uno de los impulsores de la práctica de tenis de mesa en el club Chacabuco.

– ¿Cómo funciona la práctica de tenis de mesa en el club Chacabuco?

– En realidad, funcionamos como si fuéramos una subcomisión de tenis de mesa dentro del club, más allá que es un lugar histórico en donde siempre se jugó. La actividad siempre fue autogestionada por los propios jugadores, que tuvimos que hacer de técnicos, dirigente e impulsores de la actividad. Mi rol no es uno formal, pero muchos me identifican como el impulsor de la disciplina. En el Club Chacabuco también soy vocal de la comisión directiva.

– ¿Cómo trabajaron desde el comienzo de la pandemia con el taller?

– El club ha sido muy respetuoso de las medidas sanitarias que tomaron las autoridades, que sobre todo fue encerrarse. Creo que empezamos en febrero y en marzo se cerró. El club está federado a FECOTEME, Federación Cordobesa de Tenis de Mesa, que creó un protocolo que se elevó a la Agencia Córdoba Deportes y el COE Central lo aprobó. En septiembre del año pasado pudimos volver a jugar. Distanciamiento, higiene, ventilación cruzada, juego por burbujas. Así lo hicimos un tiempo, no fue fácil porque el que mantiene abierto un club de barrio como este es el cantinero. Y cuando la cantina estuvo cerrada el club también. No le representaba un ingreso, porque el club también tiene tómbola y otras actividades que nunca se volvieron a trabajar con afluencia de público. No era fácil abrir el club más allá de que tuviéramos las autorizaciones. Volvimos y nos iba bien, ahora se volvió a cortar. Actualmente estamos sin jugar, con todo lo que eso significa: impotencia, tristeza y esos sentimientos que no son buenos.

– ¿Con qué convocatoria contaban en el día a día?

El número y las edades son variables. Pero 30 o 40 personas practicaban la actividad en el club. En 2019, nos sobraban un par de mesas, e iniciamos una escuela para niños en el club San Martín, con la idea de tener recambio y que los chicos ya tengan el conocimiento de la técnica. Estábamos muy entusiasmados. También participamos del circuito provincial, nosotros éramos sede y nos tocaba en agosto. Todo eso quedó en el limbo.

– ¿Qué es lo que viene, entonces, para el tenis de mesa en el club?

– Qué decir, es toda una incógnita. Nosotros nos seguimos comunicando por las redes sociales, y siempre hay algunos que muestran interés y que estamos entusiasmados para volver a jugar, por supuesto con todos los protocolos. Algunos quieren volver y otros no. En aquella ventana que se abrió, no regresaron todos los que estaban jugando. El salón es para 200 personas y jugábamos 6. No volvió mucha gente, de a poco empezaron y cuando volvió a tener color la cuestión, vino la segunda ola. Hay realidades económicas y sociales que todavía no están a la luz, y no sabemos cómo puede reaccionar todo.

– ¿Qué reflexión podés hacer de la designación de Verónica Blanco para participar de los Juegos Paralímpicos de Tokio?

– Es una oportunidad extraordinaria para ella, es algo que me imagino le genera muchísima felicidad, como a todos. Conseguir una invitación para un evento máximo al que pueda aspirar un deportista amateur es algo que va a recordar toda la vida. Más allá de los resultados en sí, la experiencia es maravillosa y le deseamos que le vaya todo lo bien que se merece.



Fotos: Vertical Producciones
Redacción Al Toque

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