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Es el género, date cuenta estúpido, es la especie

Marcelino Gasseuy

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Cuando terminó la reunión del Sacro Colegio Cardenalicio los miembros habían coincidido en la elaboración de un documento con las conclusiones y cruzaron las sombrías galerías pontificias para llegar a los aposentos privados del Santo Padre. Cuando el Papa leyó el resumen de las reformas propuestas solo dijo: “no es el Vaticano lo que debe reformarse, son las bases de las conductas del hombre las que necesitan ser distintas, dejemos de pisotear al ser humano”.

Rodrigo Borgia fue Alejandro VI, el Papa número 242, no modificó nada. Su pontificado fue una constante de intrigas, política barata y distribución nepotista de recursos, en nombre de una farsa llamada Santa Iglesia Católica, pero al menos había avizorado que como tal, la especie humana, en el marco de la convivencia, caminaba sin rumbo. Era agosto de 1492, a meses del comienzo del saqueo del nuevo mundo.

“Hola a todos, me llamo Josh Cavallo, soy futbolista y soy gay”. Con esas palabras, entre lágrimas y un rostro que sintetizaba un marcado alivio, el futbolista australiano que juega en la Liga de Primera de ese país anunciaba en estos días su homosexualidad. Fue el primer futbolista profesional en reconocerlo públicamente.

El australiano Joshua Cavallo es el primer jugador profesional en declarar públicamente que es gay.

Un gran paso ante una sociedad y una comunidad que lo considera “mártir”, cuando nuestro sociograma colectivo, para seguir evolucionando, exige aceptación de la sincera, mas naturalidad y menos lágrimas. Las redes sociales de aquellos que marcan tendencias explotaron en unánime apoyo. “Orgullosos de ti, por tu fortaleza y valentía. Nunca caminarás solo” escribió la cuenta oficial del Liverpool. Esperamos hechos, no palabras.

El 15 de octubre, solo 15 días atrás, en las entrañas de la propia Premier Inglesa, donde reina el Liverpool que le promete a Cavallo no dejarlo caminar solo, un futbolista profesional por medio de una carta anónima al diario The Sun dijo que “Soy homosexual y estoy orgulloso de serlo, adopto hacerlo en forma anónima porque si digo que soy gay, seré crucificado”. Parte de su lucha fue contactarse con la sobrina de Justin Fashanu, el ex jugador del Norwich que en 1990 declaró ser gay y vivió un tormento que terminó en suicidio ocho años después.

La semana del anuncio anónimo del jugador inglés, que tiene sonido a suplica, coincidió con el formal desembarco de la monarquía árabe al Newcastle. Gary Hoffman, el Presidente de la Premier, no se manifestó acerca de la aterradora confesión del jugador. Es lógico, es banquero y su agenda prioriza la letra chica de la llegada saudí y permitir que el futbol británico sea el instrumento de blanqueo de asesinos y usureros.

Justin Fashanu, ex jugador del Norwich de Inglaterra, que sufrió un tormento por ser gay.

El mundo del deporte, históricamente por la kinesia que exige el resultado, es eléctrico y demanda inmediatez, por eso no puede caer en la necedad de no conocer de “tiempos” y postergar indefinidamente la realidad que nos circunda, rodea y exige.

Si las mayores críticas que tiene el VAR en su implementación, como forma de arbitrar justicia es el tiempo que le quita al juego en el futbol, como podemos validar el contrasentido que significa que el deporte, no “apure los tiempos”, cuando un colectivo homogéneo y consistente como la masa de deportistas debe mendigar que se convalide definitivamente la cuestión de género. El colectivo LGBT no necesita que el deporte – menos en forma individual y fragmentada – se solidarice vanamente luego de alguna declaración.

El deporte fue insulso y laxo con la incorporación de la mujer a las verdaderas plataformas de competición, los negros fueron limosneando espacios y aun hoy siguen sufriendo discriminaciones. En Europa parece controlado el racismo en el futbol. Son solo atenuaciones para evitar duras sanciones. Es momento de que el deporte le presente al género, las alternativas que un mundo de avanzada merece, no como paso con los negros que deambulaban queriendo ser invisibles para evitar tanto agravio, el deporte debe ser un lugar como cualquier otro.

Megan Rapinoe, la gran jugadora de futbol de EEUU, la que se arrodilla, protestando cuando suena el himno nacional un poco para solidarizarse con Kaepernick – otro que es un bastion de resistencia y conquista social – destaca desde siempre que la fórmula es sencilla: odiarse menos y amarse más.

Megan Rapinoe es una de las deportistas que levanta las banderas de la lucha LGTB

“Exponer mi sexualidad había sido la mejor decisión que podía tomar y creía que incluso había mejorado mi forma de jugar”. Fue la autora de un“no pienso ir a la puta Casa Blanca” si ganaba el Mundial de 2019 – cosa que el equipo logró-, hizo enfurecer a Trump y no abandono su lucha. Plantó los mojones para que se iguale, respete y se evite tanto pisoteo.

Las palabras del Papa Alejandro IV de cambiar al hombre y sus conductas chocan con una historia que avala la negritud de las instituciones. “Su” Vaticano sigue cerrado, obscenamente rico y complaciente ante tantos abusos. Rapinoe, que fue tomando la bandera para que los Cavallo y tantos otros “accedan” al derecho de “humanizarse”, dice que la FIFA es vieja, masculina y rancia. Estupidizarnos es entender que la solución a esto pasa por algunas de las dos opciones, porque a decir de Eduardo Galeano “al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”.

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