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Hoy, solo hoy, pedimos permiso Mr. Glazer

Por Leonardo Gasseuy *

Marcelino Gasseuy

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A las 16:30 del domingo pasado debían jugar en Old Trafford Manchester United y Liverpool. Dos horas antes del partido los hinchas del United, se entrometieron en las entrañas del estadio y gritaron que se fueran los Glazer, la familia norteamericana que es dueña mayoritaria de los red, que tomó al club como un negocio, se lo sacó a la gente y lo inscribió como un activo más del holding.

El partido no se jugó. Generaciones de jóvenes aficionados mostraron su bronca. Está claro que con sus gritos no van a modificar la superestructura que gira en torno al club, pero su manifestación postergó el partido y con eso la segura coronación del City que había ganado el sábado. El resultado del grito manifestante es inocuo. La megacorporación será siendo la que es y Guardiola y sus muchachos serán los campeones de La Premier. Pero lo hinchas aprovecharon la ocasión para acusar a los americanos de desalmar el club y cambiar numero por pasión.

El clan Glazer maneja los destinos del Manchester United.

Malcolm Glazer nació en Nueva York en 1928. Perdió a su padre a los 15 años y comenzó a vender relojes puerta a puerta. Por su carisma y enigmática figura se ganó el apodo de el duende y, como todo ultramagnate, encontró la beta de su fortuna cuando acordó con el ejército norteamericano para reparar y vender los relojes para los pilotos de la Base de la Fuerza Aérea de Sampson.

Colgado del estado y con una infinita red de contactos solidificó una fortuna. Fue socio de George W. Bush en la petrolera Zapata Corporation, compró el National Bank of Savannah y el emporio Harley Davidson. En 2003 adquirió el Manchester United. Siempre consideró al fútbol como algo indiferente. Pagó 1.500 millones de euros por el 90 por ciento del paquete. En la actualidad sus hijos manejan las riendas del club. Malcolm murió en 2014. Jamás piso Old Trafford.

Cuando se libran y ganan grandes batallas, invariablemente las victorias son pírricas. Para ganarle a la violencia de los hooligans y dar nacimiento a un producto exclusivo y elitista como la Premier League fue necesario retocar leyes financieras, abrir la economía del fútbol y permitir la llegada sin escrúpulos de oligarcas, banqueros, jeques y testaferros de todos los continentes.

Trastocado el orden conservador comenzó a mandar la plata. El show se hizo de primer nivel, pero lo alejo de la gente. La estúpida violencia indo-inglesa de antaño se apagó con la plata de la corrupción rusa, el petróleo inagotable y los timberos americanos que, a decir de David Goldlatt “mataron al club, el único lugar de la sociedad donde nos tratamos de nosotros y no de yo”.

Alex Ferguson, gloria viviente del Manchester United, es el responsable de la llegada de los Glazer al club.

“Ustedes pueden comprar nuestro club, pero no podrán comprar nuestro corazón ni nuestra alma” decía una de las pancartas en contra de los Glazer.  Los hinchas del United llevan dos semanas expresando su repulsa a los hermanos Avram y Joel, escenario regado de combustible por los triunfos del City y su casi segura final de Champions.

El inicio de la revuelta coincidió con el anuncio del ingreso del club en la Superliga que concibieron Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, y el banco JP Morgan. Por eso decidieron hicieron fuertes con el arma más potente que tiene un colectivo decepcionado: la manifestación, la presencia y el grito crudo. Algo olvidado por la pandemia y el modelo Premier que hace de Twitter la fría voz de todos y de nadie.

Este movimiento servirá seguramente para que el gobierno conservador de Boris Johnson intente redefinir una nueva ley de propiedad de los clubes bajo la fórmula de 50+1, que  supondría importar a Inglaterra la regulación alemana, que garantiza la distribución de la mayoría de las acciones entre los socios para evitar que entidades culturales, de raigambres comunitarias, queden en manos de estos inescrupulosos. Inglaterra comenzó a entender por las cosas vistas en Old Traford que el brillo de tanto mecenazgo agrieta y desnaturaliza.

Alex Ferguson es parte de la historia viva del Manchester United, tanto para lo bueno como para lo malo.  Los caballos de carrera unieron a Sir Alex y al Irlandés John Magnier, multimillonario midas del turf y dueño del Stud Coolmore. Mientras Ferguson lideraba a los red convenció al criador que comprara cada vez más acciones en el United y obtuviera poder –alguna vez se dijo que el Club más importante del mundo se manejaba desde una caballeriza – todo era éxito en el césped de la premier y en la arena del hipódromo. Hasta que a la vida de ambos llegó un fuera de serie que generó la ruptura.

El caballo Rock of Gibraltar pasó a ser la figura del Stud. El irlandés con mucho poder en el Manchester le regaló “de palabra” el 50 % del animal a Ferguson. Se cansaron de ganar carreras y cobrar premios.  Cuando al cabo de los años el semental pasó a valer 300 millones de Euros –cobraban 100 mil por servicios de preñez – el irlandés desconoció el acuerdo verbal, se rompió la relación, litigaron por el pura sangre en tribunales y Ferguson, despechado, promovió la llegada de Malcolm Glazer que se quedó con las acciones de su ex amigo. Nacería un nuevo Manchester United. Nada volvería a ser igual.

Los Glazer son odiados en Manchester. A ellos le da lo mismo Los Bucaneros de Tampa Bay que el United. Un Super Bowl que la Champions League. La tormenta de la fallida Superliga Europea se llevó puesto a Ed Woodward, CEO del club y hombre de confianza de la familia. La gente empezó a jugar su partido y se hizo sentir en serio.

La línea es delgada. Los que manifestaron en Manchester pudieron hacer desmanes y ser reprimidos avivando los fantasmas de los hooligans, por suerte no paso, la Familia Glazer deberá entender que enajenar la pasión es tan cruel como despojar al mundo de ilusiones. A fin de cuenta, no les interesa. A las hostilidades en su contra las toman como algo natural. Pero deberán tomar en cuenta que el dinero no puede comprar amigos, pero con él puedes conseguir una nueva clase de enemigos.

* Leonardo Gasseuy vive en San Francisco, Córdoba. Es empresario. Apasionado del deporte, la geopolítica y la historia.

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