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No le alcanzó

Novak Djokovic fue deportado de Australia luego de 12 días de una novela interminable entre las autoridades del país oceánico, el gobierno del Estado de Victoria y el equipo de defensa legal del n° 1 -no vacunado- del tenis masculino. El nueve veces campeón no disputará el Australian Open. Crónica de un final anunciado.

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Novak Djokovic no podrá jugar el Australian Open 2022.

Escribo estas líneas desde mi propio aislamiento por dar positivo de Covid-19. Con dos dosis de vacuna aplicadas y a la espera de una tercera, perdí el invicto contra el virus que ataca a la humanidad desde hace más de dos años.

En la cola para hisoparse en la estación del Andino de Río Cuarto, escuché muchos lamentos de positivos. También escuché una señora reclamar por los días de aislamiento que no quería cumplir, al grito de: “no tengo ninguna vacuna, pero no quiero estar encerrada muchos días”.

Un pensamiento que se puede escuchar en la cotidianidad de un centro de testeos en Río Cuarto, pero que también dominó la escena del tenis mundial desde hace 12 días. Sí, hace 12 días que en el mundo del tenis no se habla de otra cosa que de vacunas, exenciones médicas y ministros de inmigración.

No vale la pena entrar en detalles que ya se repasaron una y mil veces durante este inicio de año agitado para Novak Djokovic y el tenis. El n° 1 del ranking mundial masculino se vio envuelto en un escándalo tras arribar a suelo australiano para disputar el Australian Open, primer Grand Slam del año.

En términos simples, esto fue lo que pasó: Novak Djokovic no está vacunado contra el Covid-19. Claro, no tiene obligación de hacerlo, pero sí para pisar suelo australiano, país que tuvo las restricciones más duras del mundo desde que comenzó la pandemia. Hace unos meses, el gobierno del Estado de Victoria -donde se disputa el torneo, en Melbourne precisamente-, anunció que los tenistas deberán estar vacunados para participar del Abierto de Australia. Sin embargo, a comienzos de este 2022, se le otorgó a Djokovic una “exención médica” para que pudiera jugar.

Djokovic fue campeón en la última edición de 2021, donde sumó su noveno título en el Australian Open (2008, 2011, 2012, 2013, 2015, 2016, 2019, 2020).

Este fue el primer y más grave error de todo el embrollo. Dándole la chance de una exención médica a Djokovic -por encima, inclusive, de tenistas vacunados con Sputnik V que directamente fueron rechazados-, el gobierno australiano falló a todos sus ideales junto a Tennis Australia, por un objetivo claro: el negocio que significaba tener a Djokovic en el Australian Open.

En 2021, el primer Grand Slam del año perdió más de 100 millones de dólares debido al aforo reducido a la mitad y todas las restricciones que hubo que imponer para llevar adelante el torneo de igual manera. Este año, sin la figura del nueve veces campeón y con la chance de superar el récord como máximo campeón de GS de la historia, no iban a permitir tal pérdida de nuevo.

Djokovic posteó una foto anunciando su viaje a Australia el 4 de enero. A su llegada, fue demorado en el aeropuerto de Melbourne, luego detenido en un hotel para refugiados durante un par de días mientras se procesaba su apelación hasta que fue liberado por las autoridades dado que fue aprobada su visa. Esto debido a que el serbio declaró haber tenido Covid-19 el 16 de diciembre de 2021, por lo que cumpliría el requisito de la “exención médica” por tener anticuerpos.

Ya liberado -por primera vez-, Djokovic entrenó en Melbourne Park con el argentino Federico Coria, hermano del «Mago».

Pero comenzaron a surgir las letras chicas. El tiempo límite para presentar los papeles para la exención era el 10 de diciembre, por lo que Djokovic no podría haber incluido su positivo de Covid del día 16. A esto se le sumó una serie de eventos a los que el serbio asistió en su país luego de dar positivo, en los que se lo vio sin barbijo. Finalmente, en un comunicado, el n° 1 del mundo admitió que no conocía de su resultado en esos eventos, excepto en una entrevista brindada al diario L’Equipe en el que “intentó mantener la distancia y el barbijo puesto, menos en la sesión de fotos”.

Las actitudes irresponsables de Djokovic no fueron de ayuda para su situación. El ministro de inmigraciones de Australia, Alex Hawke, todavía podía usar sus poderes para deportar al serbio mientras éste se entrenaba en el Rod Laver Arena a la espera de defender su título en el Australian Open. La organización siguió su curso y sorteó el cuadro con Djokovic en la cabecera. Pero una vez más, el serbio fue detenido a la espera de un nuevo juicio. Hawke se valió de esos poderes para cancelar el visado de Djokovic por motivos de “orden público y sanitario”.

Djokovic quedó en el ojo de la tormenta luego de que se conocieran sus actividades públicas tras dar Covid positivo.

Esta madrugada, el tribunal de justicia revocó la visa de Djokovic por decisión unánime y lo deportó de Australia con acción inmediata. La novela de 12 días llegó a su fin. El serbio tomó el primer vuelo a Dubai y abandonó suelo australiano, no podrá defender su título, ni buscar el 10° en Melbourne Park, ni el récord de los 21 Grand Slams.

Lo cierto de este culebrón es que se podría haber resuelto de manera simple: si Djokovic se hubiese vacunado, como el 99% de sus colegas tenistas. Por otro lado, la disputa política y el negocio dejaron mal parados al gobierno australiano y la organización del Australian Open, reconocidos por su pulcritud a nivel mundial. Convenía traer a Djokovic para no perder millones, pero eso provocó una reacción negativa de la comunidad que aguantó las restricciones más largas del mundo desde que comenzó la pandemia -y con razón-. Como hay elecciones en mayo, pensaron que funcionaría el circo de traer a Djokovic para detenerlo en el aeropuerto. El problema es que esto se alargó, y se alargó, y se estiró casi indefinidamente.

El serbio no podrá buscar el récord de los 21 Grand Slams en este Australian Open.

En el medio, Djokovic, que no hizo las cosas fuera de lo que le indicaron desde Tennis Australia y el gobierno australiano para jugar aun sin estar vacunado. Extrañamente, pocos colegas lo defendieron y sorpresivamente muchos lo atacaron -Stefanos Tsitsipas directamente y Rafael Nadal de forma más sutil-. ¿Se lo buscó? Sí. ¿Se merecía tantas idas y vueltas? Probablemente no. ¿Podría haber sido todo más fácil? Sí, vacunándose.

Ahora el n° 1 del mundo deberá enfrentar lo que para él será un circuito bastante hostil. Muchos países actuarán como Australia en su política de vacunación, y no será sencillo para el serbio disputar cualquier torneo que le plazca si mantiene su decisión de no vacunarse. A continuación, el descargo del serbio en el que declara su «decepción» ante la decisión del tribunal de justicia:

Por otro lado, el mensaje antivacunas enmascarado en un liberalismo barato que brindó su familia desde Serbia durante todos estos días termina siendo peligroso para la comunidad deportiva y la sociedad en general, en una voz de tanto alcance como la del mejor tenista del mundo.

Lo cierto es que, desde esta noche en territorio argentino, comenzará la edición 2022 del Australian Open. Todos los fanáticos esperamos que por las siguientes dos semanas por fin se hable de una sola cosa, la única de la que todos queremos que se hable: de tenis.

Por Bruno Aricó, integrante de la Cooperativa de trabajo Al Toque Ltda.

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