Fútbol

Siravegna, entre Estudiantes, Aimar y una vida atravesada por el fútbol

Jugador, entrenador, coordinador y actualmente subsecretario de Deportes de Río Cuarto, Rodrigo Siravegna construyó su recorrido siempre cerca de una cancha. Su historia está marcada por Estudiantes, por el esfuerzo para ganarse un lugar y por una amistad de toda la vida con Pablo Aimar. A los 46 años, repasa su camino, sus decisiones, aquello que aprendió del fútbol y una mirada que hoy busca poner al deporte al servicio de los demás.

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Siravegna, entre Estudiantes, Aimar y una vida atravesada por el fútbol.

Rodrigo Siravegna nació el 6 de febrero de 1980 y desde muy chico estuvo ligado al fútbol. Su recorrido comenzó en Estudiantes, pasó por el Colegio San Buenaventura y Renato Cesarini, hasta regresar al club de sus amores durante la adolescencia. Después vendrían Quilmes, Cipolletti de Río Negro, Atlético San Basilio y Guillermo Renny de Wenceslao Escalante. Una carrera que disfrutó intensamente, aunque terminó antes de lo que muchos podrían imaginar.

En una visita a Al Toque Deportes, el ex delantero y actual subsecretario de Deportes Río Cuarto repasa su camino, sus decisiones, aquello que aprendió del fútbol y una mirada que hoy busca poner al deporte al servicio de los demás.

“Me considero alguien que dejó el legado de ser de Estudiantes”, resume Siravegna al hablar de su vínculo con la institución. Esa pertenencia se construyó desde las inferiores y también desde momentos difíciles.

«Soy alguien que pasó por las inferiores del club y al que le pasó lo mismo que pasan los chicos de ahora, al ser de Río Cuarto no siento cierta valoración por los nuestros. En 1997 salimos campeones de la Liga local, tenía 17 años, jugué muy bien y a pesar de ese buen rendimiento no estuve en la lista del Argentino A en esa temporada. Llegué a mi casa llorando, obviamente, mi papá en ese momento me dijo que así es el fútbol y así es Estudiantes. El propio Pablo (Aimar) me lo ha dicho en una charla entre amigos, que si él seguía en Río Cuarto no sé si hubiera tenido tanto lugar en la Primera. Históricamente el jugador del club no se valora”.

Su historia como futbolista estuvo atravesada por el esfuerzo. Después de regresar de Quilmes, era el quinto delantero de Estudiantes y tuvo que ganarse su lugar a fuerza de entrenamientos y perseverancia. Esa característica, asegura, también marcó su vida fuera de las canchas.

“Fui un luchador. Nunca la tuve fácil, pero siempre la luché”, afirma. Durante 15 años trabajó como repositor externo mientras se formaba como profesor de Educación Física y transitaba distintas experiencias laborales. Hoy, desde la Subsecretaría de Deportes de Río Cuarto, intenta utilizar todo ese recorrido para acercarse a las necesidades de los deportistas.

En todos los roles. Siravegna fue jugador, entrenador y coordinador en Estudiantes.

“El fútbol me ayudó un montón para cumplir la función que asumí ahora”, explica. Su mirada está especialmente puesta en el deporte como herramienta de inclusión y contención. “El deporte es la herramienta fundamental para que un chico no ande por la calle, que tenga su lugar en un club de barrio”, sostiene.

Una carrera corta, pero disfrutada

Siravegna comenzó a jugar en Primera con apenas 15 años y decidió retirarse a los 29. Fue después de formar parte del equipo que logró el ascenso al Argentino A. En aquel plantel compartía la particular situación de trabajar y jugar al mismo tiempo con Bottino y Juan Palandri.

El presidente de Estudiantes de aquel momento, Iván Rozzi, les planteó la necesidad de profesionalizarse. Siravegna tomó otra decisión: priorizar su trabajo.

El punto final llegó poco después, casi de manera anecdótica. Había arreglado para jugar en Jorge Newbery de Villa Mercedes, viajó un domingo para disputar el partido y al llegar se encontró con que el encuentro había sido suspendido por lluvia. Regresó a Río Cuarto después de haberse perdido un almuerzo familiar importante.

“Ahí dije basta. Sentí que ya había cumplido. Aparte, no me iba a llamar el Bayern Múnich con 29 años”, cuenta entre risas.

No hay nostalgia en su relato. “Disfruté mucho mi etapa como jugador de fútbol”, dice, aunque asegura que hoy no extraña jugar. Su padre, además de haberlo dirigido, fue quien le enseñó una de las principales lecciones que conserva: disfrutar el fútbol y dejar atrás lo sucedido una vez terminado el partido.

Aimar, una amistad que nació en la infancia

En la historia de Siravegna hay un nombre inevitable: Pablo Aimar. Pero antes que el futbolista de la Selección Argentina, antes que el campeón del mundo y antes que el entrenador, está el amigo de la infancia.

“Yo adoro a Pablo, no sé cómo describir la amistad”, confiesa. Crecieron juntos, iban juntos a todos lados y construyeron un vínculo que trascendió el fútbol. Hoy son padrinos cruzados: Aimar es padrino de su hijo y Siravegna lo es de la hija menor del exmediocampista.

La relación, sin embargo, también tuvo sus distancias. Siravegna reconoce que le duele no haber compartido tanto durante la adolescencia. “Me emociona cada vez que lo digo, me angustia. Pero es la vida”, admite.

Con los años, el vínculo volvió a encontrar nuevos puntos de encuentro alrededor del fútbol. Cuando Aimar comenzó a pensar en la posibilidad de ser entrenador, lo habló con Siravegna, quien por entonces trabajaba en las inferiores de Estudiantes.

“Cuando Pablo quiere largarse de técnico lo habló conmigo, en ese momento yo estaba en inferiores de Estudiantes y lo empujé a que agarre. Mi consejo fue que después de ser jugador es la sensación más cercana a vivirlo dentro de una cancha. Así empieza Pablo, dando los entrenamientos a una Sub 15 de Estudiantes, yo le armaba las prácticas y él dirigía. Cuando lo vi en acción realmente fue sorprendente, una pedagogía, un conocimiento, un respeto, una sabiduría. Un gran técnico desde ese primer día”.

En la historia de Siravegna hay un nombre inevitable: Pablo Aimar. Pero antes que el futbolista de la Selección Argentina, antes que el campeón del mundo y antes que el entrenador, está el amigo de la infancia.

Hoy siguen hablando y discutiendo de fútbol. Siravegna aclara que las conversaciones se dan desde la amistad, sin importar que uno haya llegado a la Selección Argentina y el otro observe desde afuera. Y hasta imagina un futuro compartido.

“Con el paso de los años nos imagino en Estudiantes, como está el Tío Sevila en estos últimos años, sentados en una silla y observando cómo juegan los chicos. Me veo formando o ayudando desde algún lado al club cuando sea grande, y a Pablo también”.

Los equipos, los compañeros y una cuenta pendiente

A la hora de elegir los mejores recuerdos futbolísticos, Siravegna vuelve al equipo del 2001, aquel que consiguió el ascenso al Argentino A y que al año siguiente estuvo muy cerca de repetir la hazaña. También recuerda especialmente al Atlético San Basilio de 2005.

Entre sus compañeros aparecen dos nombres: Ariel “Gringo” Dolso y Omar José “Pepe” Bogni. Del primero destaca su capacidad para estar siempre en el lugar indicado; del segundo, su calidad futbolística.

“Bogni podría haber jugado en una Primera División”, afirma, retomando aquella sensación de que muchos futbolistas surgidos en el ámbito local no siempre tuvieron las oportunidades que merecían.

Si tuviera que elegir una cancha, se queda con dos: Municipal y Acción Juvenil de General Deheza. Y justamente allí aparece una de sus cuentas pendientes.

“Algo pendiente: jugar en Acción Juvenil”.

No pudo hacerlo. Su padre sí. De aquellos años conserva una camiseta que recibió como regalo y que llegó a utilizar durante dos años para entrenar.

“El fútbol me ayudó un montón para cumplir la función que asumí ahora”, dice el subsecretario de Deportes Río Cuarto.

Quizás sea una buena síntesis de su historia: un hombre que nunca terminó de alejarse del fútbol. Lo vivió como jugador, lo enseñó como entrenador, lo acompañó desde la coordinación y hoy lo piensa desde la gestión pública. Siempre con Estudiantes como punto de referencia y con una amistad con Pablo Aimar que nació mucho antes de que el fútbol les diera reconocimiento.

A los 46 años, Siravegna sigue mirando hacia una cancha. Esta vez, desde otro lugar.

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Fotos: Al Toque | Marcelo López Tobares | José Reynoso
Redacción Al Toque

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