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El ataque a Monica Seles: El día más oscuro de la historia del tenis

Hace 28 años, la mejor tenista del mundo fue apuñalada ante 6.000 personas en mitad de un partido en Hamburgo. El atacante era un fanático de Steffi Graf, alemana quien fue desbancada del trono del tour por la nacida en Yugoslavia. Los hechos que cambiaron al deporte “blanco” para siempre.

Bruno Aricó

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Monica Seles en el momento de su ataque en Hamburgo 1993.

ANTES

16 de marzo de 1991. Este fue el último día -al menos, hasta sus jóvenes 21 años- en el que Steffi Graf sería la número uno del mundo. A la mañana siguiente, el ranking del tour femenino de tenis mundial anunciaría a Monica Seles como la poseedora del trono.

En la casa de su tía, a Günter Parche se le removieron las tripas. Era sábado por la tarde y la primavera recién comenzaba a asomar en el viejo continente. Günter se encerró en su habitación, plagada de pósters de la mejor tenista alemana de todos los tiempos. Graf ocupaba la cima del ranking mundial desde hacía más de tres años.

Desempleado, 36 años, oriundo de Heringen, un pequeño pueblo dentro del distrito de Turingia, en el corazón del territorio alemán. La vida entera de Günter era Graf. Ver todos sus partidos, seguir cada torneo en el que participara, grabarlos en videotapes, festejar sus triunfos y llorar sus derrotas. Inclusive, la policía encontró tiempo después que enviaba cartas anónimas a la tenista con mensajes del estilo: “Caminaría en el fuego por ella”.

Mientras tanto, una pequeña de 17 años era quizás la adolescente más feliz del mundo. Seles, nacida en la localidad de Novi Sad, territorio yugoslavo, en diciembre de 1973, estaba rompiendo todas las estructuras conocidas del tenis femenino.

Con tan solo 16 años, ganó su primer título de Grand Slam. Fue en 1990 en Roland Garros, venciendo en la final a Steffi Graf. Este logro, sumado al Australian Open 1991 y otros nueve títulos en el circuito hasta ese momento -incluido el WTA Finals ante Gabriela Sabatini-, le dieron la cima del mundo en marzo del 91.

Monica Seles, con tan solo 16 años, ganó su primer título de Grand Slam en Roland Garros 1990.

Monica Seles era cosa seria. Muy seria. Era el albor de una carrera que nadie esperó, pero que sin embargo allí se encontraba. La joven dispuesta a romper con el reinado de la alemana en el circuito. ¿Nacía una rivalidad? Competitiva quizás. Günter pensó diferente.

AHORA

30 de abril de 1993. Abierto de Hamburgo, Alemania. Cuartos de Final. Monica Seles tiene 19 años, 8 títulos de Grand Slams y 32 en total. Es la número uno del mundo de manera ininterrumpida desde septiembre de 1991. Ya no es la promesa del tenis mundial, sino el presente. Y claro, el futuro.

La búlgara Magdalena Maleeva es su rival en esta instancia. Graf viene por el otro lado del cuadro en su tierra natal, con la posibilidad de enfrentar a Seles en la gran final. El encuentro transcurre sin complicaciones para la yugoslava, quien se había llevado el primer set por 6-4 y se acomoda en el segundo parcial con un 4-3.

La televisión transmitía desde años atrás partidos del circuito femenino, sobre todo de las grandes estrellas. En el cambio de lado, la imagen se queda congelada con estadísticas del partido. Hasta que un grito de Seles alerta a todo el estadio.


El video del ataque a Monica Seles.

La primera imagen que se ve es a un hombre vestido de camisa azul y blanca a cuadros, siendo tomado del cuello por otras personas en la tribuna. La secuencia continúa con Seles levantándose de su asiento, caminando unos pasos y desplomándose al suelo. Nadie entendía qué había sucedido.

Lo relata la propia yugoslava -en el presente, nacionalizada estadounidense-, en su autobiografía que publicó años más tarde: “Estábamos en mitad de un descanso. Recuerdo estar allí sentada, con la toalla, pensando una sola cosa: ‘Solo dos juegos más’. Entonces me incliné para beber un poco de agua, tenía la boca seca. ‘Me bebo esto rápido y a cerrar el partido’. De repente, justo en el momento en el que mis labios tocaron el agua, sentí un terrible dolor en la espalda”.

El hombre de la camisa a cuadros es Günter Parche, desempleado alemán de 38 años quien acaba de apuñalar en su espalda a la mejor tenista del mundo con un cuchillo de cocina, ante 6.000 personas presentes. El largo del filo era de 23 centímetros. Logró hundir más de 4 centímetros en el cuerpo de Seles.

Parche es tomado por guardias de seguridad y parte del público luego de atacar a Seles.

Lo siguiente es la atención médica para la yugoslava, desvanecida sobre el polvo de ladrillo de Hamburgo. Su rival, escéptica del otro lado de la escena, no puede creer lo que ve y comienza a llorar. Dos guardias de traje reducen al agresor entre el público y se lo llevan fuera de la cancha.

Minutos después, ingresa la camilla y Monica Seles es retirada del estadio. La búlgara se lleva el encuentro, detalle menor en lo que uno puede creer dentro de la situación. La organización del torneo no piensa igual. El tenis acaba de cambiar para siempre.

DESPUÉS

“Es curioso cómo una cosa tan pequeña puede tener un impacto tan grande en tu vida. Los doctores me dijeron que, si no me hubiera inclinado en ese preciso instante, hubiera tenido grandes posibilidades de haberme quedado paralizada”, asegurará en su relato Seles. Un microsegundo, un acto diferente, y la vida de la mejor tenista del mundo hubiese cambiado para siempre.

Seles, retirada en camilla de la cancha central en Hamburgo.

De todas formas, cambiará. Y mucho. Luego del ataque, Seles será internada en un hospital de Hamburgo por varios días. El torneo seguirá su curso normal, y el trofeo se lo llevará Steffi Graf. La campeona visitará a Seles en el hospital la mañana del día de la final. El mundo conocerá quién atacó a la yugoslava.

Günter declarará que apuñaló a Seles “para enseñarle una lección”. Es decir, en su mente, darle un escarmiento por haberle arrebatado el reinado a Graf. “Quería desesperadamente que Steffi volviera al número 1 del mundo”, testificará ante las autoridades Parche luego de una evaluación psiquiátrica.

El alemán será encontrado culpable, pero no irá a prisión. Tan solo estará seis meses detenido. Finalmente, el Tribunal de Primera Instancia de Hamburgo lo sentenciará a dos años de cárcel en libertad condicional y un tratamiento psiquiátrico obligatorio, luego de haberle realizado testeos y no haber encontrado ningún antecedente penal en su legajo. Günter dirá en la corte que “de ninguna manera quiso matar a Seles”.

Seles y Graf, previo a disputar la final de Roland Garros 1992 que terminaría con triunfo de la yugoslava.

Seles sobrevivirá sin problemas al intento de homicidio, pero no su carrera tenística. Meses después del ataque, habrá una reunión de las mejores 20 jugadoras del mundo en Roma para decidir si el ranking de la yugoslava será congelado o no, debido a que su inactividad fue provocada por un atentado.

Todas sus colegas votarán en contra del congelamiento del ranking excepto una, Gabriela Sabatini. La Asociación Femenina de Tenis (WTA) tampoco actuará en favor de la nacida en Novi Sad. El gesto de la argentina será reconocido y agradecido por Seles en diversas entrevistas en el futuro. Graff ganará Roland Garros y Wimbledon en 1993 y recuperará la cima del trono el mismo año del ataque. Seles no volverá a jugar hasta 1995.

Sabatini y Seles mantienen una cercana relación luego de sus retiros del circuito.

Su regreso será tortuoso, difícil, agotador. Seles comenzará a convivir con los fantasmas de su mente, aquellos que se instalaron desde el momento en el que sintió la puntada en la espalda esa tarde en Hamburgo. La yugoslava no concebirá la idea de que el circuito le dará la espalda y que todo transcurrirá como si nada hubiese sucedido.


“La oscuridad se había instalado en mi cabeza y allí se iba a quedar durante un tiempo. No importaba cuántas veces lo pensara, no era capaz de encontrar el lado positivo de todo eso. ¿Podría volver a jugar de nuevo? Genial. Solo que igual ya no quería volver a hacerlo”

Monica seles – autobiografía

Desde el Abierto de Toronto 1995 hasta el Australian Open 2003, día de su último partido oficial como tenista, Monica Seles ganará 21 títulos y 1 solo Grand Slam más (Australian Open 1996), contra los 32 que acumulaba al momento de su ataque. El primer período comenzó paradójicamente un 30 de abril, pero de 1989, cuando ganó su primer título en Houston. Hasta el atentado pasaron cuatro años, la mitad de lo que durará el resto de su carrera.

ANTES

Los caminos de Monica y Günter nunca deberían haberse cruzado. El mundo del deporte se privó de lo que podría haber sido un hito en la historia del tenis, una generación marcada por una rivalidad que podría haberse tornado inigualable. Y un talento nato, desarrollado desde los 8 años hasta los 19 sin fisuras, con ocho títulos Majors en el bolsillo y un porvenir asombroso. El negocio del tenis también hizo su parte a posterior para arruinar su carrera. Seles quedó como una figura congelada en el tiempo, en el último punto para irse al descanso 6-4 4-3 ante Maleeva por los Cuartos de Final del Abierto de Hamburgo de 1993. Nunca más volvimos a ver a la mejor jugadora del mundo a partir de ese momento. Lo que le siguió fue, sin dudas, el capítulo más oscuro de la historia del tenis moderno.

Por Bruno Aricó

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